martes, 10 de septiembre de 2019


Lecciones de Juan Almeida que impactan todavía
Aída Quintero Dip

  En ocasión del X aniversario de la desaparición física del Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque (17 febrero 1927- 11 septiembre 2009) muchos evocan su dimensión humana y revolucionaria, un legado imperecedero para las generaciones de cubanos.
  El periodista Orlando Guevara Núñez, como muchos orientales y santiagueros, tuvo la  oportunidad de estar en disímiles  reuniones y otro tipo de eventos que contaron con su presencia mientras fue Delegado del Buró Político del Comité Central del Partido en la otrora provincia de Oriente.
  Para esa fecha, relata, yo era integrante de la Comisión de Orientación Revolucionaria (COR) del Comité Provincial del Partido y a partir de 1980, comenzó mi actividad como profesional de la prensa, época en que Almeida  dejó muchas huellas, más que por la  jerarquía y  autoridad  de su cargo, por  el sello de su actuar sencillo, directo, emanado de su personalidad.
  La primera vez en que estuve cerca de él, recuerda, fue días después de concluir una Asamblea Provincial del Partido; cumplía  mi guardia en la sede provincial y él llegó hasta donde yo  estaba, me escudriñó con la mirada e indagó si era yo el que habló  en la Asamblea sobre  el tema de la religión, al decirle que sí, me dijo: “quedó bien”.
  Al breve diálogo le siguió un apretón de manos y mi impresión sobre la sencillez y naturalidad de uno de los héroes más destacados de la Revolución.
  Resulta que yo atendía esa actividad en el Partido, pero no era delegado a la Asamblea y el día antes me dieron la tarea de escribir una intervención sobre el tema, que al final incluyó leerla en la sesión plenaria, cuenta Guevara Núñez.
  Ya como periodista, participé en una asamblea, presidida por él, con combatientes del Ejército Juvenil de Trabajo, en el municipio de Tercer Frente donde un compañero, al hacer uso de la palabra, anunció que iba a leer una poesía dedicada a Almeida; la reacción del Comandante de la Revolución fue inmediata, oponiéndose a tal homenaje.
  Él sabía que la pretensión del compañero era franca, sin sombra alguna de adulonería,  nacida del  sentimiento y respeto, pero su modestia se impuso.
  Un tiempo después, asistí a un acto conmemorativo de la creación  del III Frente Oriental Dr. Mario Muñoz Monroy, celebrado  en Cruce de los Baños, y allí estaba él, su jefe fundador.
  Una pionera recitó una poesía dedicada a él, recuerdo que un fragmento  inicial decía: No voy a esperar que mueras para dedicarte cantos; cuando concluyó, él se limitó a tomarla entre sus brazos y besarla con la ternura que solo cabe en las almas grandes, entonces comprendí que el amor infantil se impuso a su modestia.
  Orlando expresa que en ocasión del aniversario 40 del asalto al Moncada quiso hacerle una entrevista, no estaba seguro de que se la concediera, por sus múltiples obligaciones, pero su dubitación fue errónea, accedió y contestó un cuestionario dirigido no a los temas generales del proceso revolucionario, sino a aspectos que revelaran otras dimensiones del héroe.
  No soslayó ninguna pregunta, ni siquiera una de carácter muy personal, cuando inquirí si la Lupe inmortalizada en su canción era Virgen o mujer y me respondió: “Mujer por la que sentí gran cariño, sentimientos que me inspiraron la canción, y un mensaje también para la mujer mexicana”.
  Otro aspecto  revelador de su modestia fue la respuesta a la pregunta de qué había sentido cuando el 7 de diciembre de 1959, en La Habana, Raúl había dicho que él, Almeida, era el combatiente que más se parecía a Maceo. “Ruborizarme por la comparación inmerecida, me dijo, y por la muestra de confianza tan grande que tuvo en mí, en año tan joven de la Revolución”.
  Como se conoce Almeida legó el ¡Aquí no se rinde nadie...! que borró del diccionario de los combatientes del Granma la palabra rendición, por lo que en la entrevista de Guevara, no podía faltar ese episodio.
 ¿Le gustaría que la presente y las futuras generaciones conocieran ese grito de guerra suyo hasta donde los puntos suspensivos se confabulan para troncharlo… o hasta donde usted lo dijo? indagó.
  En este caso, su modestia y grandeza necesitaron pocas palabras para la respuesta: “Si llegan a pensar en ese grito, que cada cual se lo imagine como lo quise expresar”.
  Otro episodio del cual pude apreciar el trato respetuoso de Almeida, subraya, ocurrió cuando la Editorial Pablo, de la Unión de Periodistas de Cuba, me encargó la tarea de sintetizar, en 40 cuartillas, el surgimiento y desarrollo del III Frente  con el propósito de publicar un libro de pequeño formato.
  Cumplí la tarea en el tiempo previsto y, según me informaron, él mismo revisaría el original; al poco tiempo supe que el material había sido aprobado, con algunas correcciones.
  Lo impactante para mí fue recibir luego una llamada telefónica desde su despacho, preguntándome si la Editorial me había mostrado esos cambios antes de proceder a la edición, lo cual él consideraba un requisito; después me di cuenta de que estaba mirando más lejos, es decir, hacia la ética profesional.
  En mi hogar hay un recuerdo muy especial para Almeida; resulta que cuando se liberó Jiguaní, el 19 de diciembre de 1958, y él entró al pueblo, cargó con cariño a una niña de nueve años, Juanita, quien a los 14 era militante de la Unión de Jóvenes Comunistas y es militante del Partido, la conozco bien y sé de su sentimiento hacia el Comandante, pues llevamos 52 años de matrimonio, dice finalmente Orlando.

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