Jorge Legañoa Alonso
La Habana, 17 mar (ACN) El presidente Hugo Chávez y el Comandante en Jefe Fidel Castro tenían fama de hablar en público y también privado por largo rato, incluso bromeaban sobre quién tenía el record de horas al dar un discurso.
No se sabe muy a las claras cuál de los dos posee el récord de la intervención pública más larga; lo cierto es que a estas alturas ese detalle no es tan importante, porque ambos lograron confraternizar tanto que Chávez incluso dice que le tiró piedras a Fidel para que se callara.
Comandantes les regala otra de esas incontables anécdotas de ambos amigos.
Yo le tiré piedras a Fidel
Por Hugo Chávez Frías
¿Tú sabes ese cuento? Yo le tiré piedras a Fidel, duro, ¿verdad?, porque no quería dejar de hablar.
El sol se ocultaba. El presidente Fernando Henrique de Brasil y yo teníamos que ir a Boa Vista en helicóptero. Y Fidel habla que habla.
Estaba dando una clase de la soya y de la vaca mecánica, aquella que Brasil le mandó una vez a Cuba, que no sé cuántos litros de soya producía. Bueno, él estaba dando una clase, una señora clase.
Pero es que el tiempo no daba, y yo empiezo a tirarle piedritas. ¡Paqui!, le pegaba. Hasta que le pegué en un tobillo y le dolió, porque dejó de hablar. Estaba cumpliendo años Fidel ese día, setenta y cinco años. Fue un 13 de agosto.
viernes, 17 de marzo de 2017
miércoles, 15 de marzo de 2017
Historia y juramento vibran en Mangos de Baraguá
Aída Quintero Dip
Servicio Especial de la ACN
Mangos de Baraguá
trasciende y enaltece su gloria y su honra cada día, íntimamente relacionado
con un hecho político trascendental en la historia de Cuba, es mucho más que un
entrañable pedazo de suelo patrio.
Constituye la
expresión de un símbolo y del arraigado sentimiento patriótico del pueblo que
juró no ponerse nunca de rodillas, tras las huellas de Antonio Maceo Grajales,
quien supo erguirse y adoptar una posición que salvó moralmente a la
Revolución.
La voz del Titán de
Bronce, el insigne hijo de esta tierra que habló el 15 de marzo de 1878 por
todos los cubanos dignos, se ha multiplicado de siglo en siglo para mantener la
intransigencia revolucionaria enarbolada como bandera aquel día en que nació su
viril protesta.
Al entrevistarse el
Mayor General del Ejército Libertador con el general español Arsenio Martínez
Campos, máxima autoridad colonial en la Isla, le manifestó su inconformidad con
deponer las armas sin alcanzar la independencia y la erradicación de la
esclavitud, dos sagrados objetivos por
los que tanto se había luchado.
Gracias a ese
episodio valiente, oportuno y firme se consolidó el pensamiento revolucionario
cubano y reafirmó la decisión y el compromiso de volver al campo de batalla
para conquistar la libertad con el filo del machete.
Han pasado 139 años
de la Protesta de Baraguá, “lo más glorioso de la historia de Cuba”, como la
calificó José Martí, y su herencia tiene plena vigencia como única respuesta
posible ante el bochornoso Pacto del Zanjón.
No queremos paz sin
independencia, fue la sabia advertencia de Antonio Maceo que dejó un legado
imperecedero para las nuevas generaciones de cómo hay que defenderse para ser
verdaderamente dueños de su destino.
Una lección de
utilidad y validez para quienes se someten, socavan su soberanía, vulneran los
principios y claudican ante las presiones del imperio.
Por eso Mangos de
Baraguá volvió a ser protagonista en la historia el 19 de febrero del 2000,
cuando, en el mismo escenario escogido en el siglo XIX por Maceo y sus huestes mambisas,
miles de compatriotas exigieron la devolución al seno de su familia de un niño
secuestrado en las entrañas del monstruo.
Entonces volvió a
vibrar el clamor soberano en un lugar convertido en parte decisiva de la
Batalla de Ideas, que se hizo juramento para todos los tiempos como arma
invencible, contra la que no pueden las armas nucleares, tecnológicas, militares o científicas.
Allí los cubanos
prometieron defender, bajo cualquier circunstancia, su derecho a la paz, el
respeto a la soberanía y a sus intereses más sagrados, y por su cumplimiento
han obrado con inteligencia y sin tregua.
También han sido
consecuentes con el juramento de luchar contra las agresiones y amenazas a la seguridad del país, y los actos de terrorismo, el bloqueo y la
guerra económica, los planes de subversión, el diversionismo ideológico y la
desestabilización interna.
Como resultado de lo jurado ante la gloria
inmortal de Maceo, desde el mismo sitio de donde partió, el 22 de octubre de
1895, la invasión de Oriente a Occidente, se ha profundizado en una sólida
conciencia revolucionaria.
El juramento de
Baraguá es mucho más que deber y compromiso con el presente y el futuro, es
documento de alta prioridad y vigencia, por su valor estratégico y como texto
de perenne consulta, en correspondencia con la coyuntura actual que viven los cubanos.
Este 15 de
marzo de 2017 hay más razón, más motivaciones y voluntad de luchar cohesionados
los veteranos y los pinos nuevos para que Cuba sea un eterno Baraguá.
viernes, 3 de marzo de 2017
Martín Corona, maestro del periodismo en Granma
Yasel Toledo Garnache
El protagonista a quien van dedicados estos párrafos llegó al periodismo hace 40 años y, poco a poco, se convirtió en uno de los mejores profesionales de la provincia de Granma y de todo el país, maestro de las técnicas periodísticas y la precisión.
Nació entre lomas en la comunidad de El Plátano, intrincado paraje de la Sierra Maestra en el municipio de Pilón, cuna también de Guillermo García Frías, Comandante de la Revolución y Héroe de la República de Cuba.
Martín Aurelio Corona Jerez tiene fama de exigente, y lo es, como un aspirante permanente a la perfección. Revisa cada frase escrita con detenimiento, y tal vez por eso sus textos suelen ser impecables, frutos del talento y el esmero, una enseñanza para quienes comenzamos ante las páginas en blanco y también aspiramos a la superación infinita.
El reciente premio Rubén Castillo Ramos, el más importante otorgado por la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) en esta provincia, constituye un reconocimiento muy merecido a quien tiene una lista enorme de éxitos profesionales, como la medalla Aniversario 50 de la UPEC, la distinción Félix Elmuza, el premio provincial de historia José Maceo Verdecia y el nacional Pablo de la Torriente Brau.
Después de conocer la noticia del nuevo galardón, acepta
felicitaciones, “estrechones” de manos y besos de algunas compañeras, dice bromas que hacen reír a todos, y se sienta frente a la computadora, como cada día desde hace mucho.
Luego, recuerda momentos de su infancia y manifiesta que todo se lo debe a la Revolución. "Ella me salvó y estoy agradecido por eso", expresa con seguridad quien trabajó desde pequeño y fue inscrito a los 11 años de edad, después de salir de las montañas para becarse y estudiar.
Aclara que él jamás concederá entrevistas, porque los periodistas no son noticia ni deben serlo jamás, quizás esa es parte de otra de sus clases. Añade que los campesinos, los deportistas, los médicos… tienen las historias más sobresalientes.
“Mis opiniones están en mis textos, quienes me leen las conocen, agrega y sigue en lo suyo”. Teclea ideas en un documento de Word, termina la información de un hecho de la jornada y la envía al editor.
Corona Jerez, Hijo Ilustre de Pilón, su municipio natal, ha sido maestro de varias generaciones de periodistas en la provincia, a quienes enseñó y todavía lo hace, con su dedicación casi excesiva, motor para su labor sin descanso.
Los jóvenes y los de más experiencia lo reconocemos como el mejor periodista de la provincia en los temas de Historia y uno de los más conocedores del país, autor de un libro de testimonios de campesinos que ayudaron a los expedicionarios del yate Granma. Ha trabajado en prensa escrita, radial y televisiva.
Desde 1988 se desempeña en la Agencia Cubana de Noticias y como colaborador de Radio Habana Cuba, ha publicado en los periódicos La Demajagua, Granma y Juventud Rebelde, y en las revistas Ventana Sur, Bohemia, Verde Olivo y Habanera.
Martín Corona Jerez, el niño de El Plátano, el adolescente becado, el joven soñador, el hombre exigente y amante del béisbol, el profesional multipremiado, sigue en el periodismo y ojalá esté siempre para bien de la profesión.
Tal vez, cuando usted lea estas líneas él permanezca escribiendo en la redacción de la ACN en Granma o en una cobertura. Algunos buscaremos siempre sus textos para leer y aprender.
Cuando yo terminaba estas líneas, se paró de la silla de al lado, conversamos algo y salió con calma. Quizás en busca de otros protagonistas de noticias.
El protagonista a quien van dedicados estos párrafos llegó al periodismo hace 40 años y, poco a poco, se convirtió en uno de los mejores profesionales de la provincia de Granma y de todo el país, maestro de las técnicas periodísticas y la precisión.
Nació entre lomas en la comunidad de El Plátano, intrincado paraje de la Sierra Maestra en el municipio de Pilón, cuna también de Guillermo García Frías, Comandante de la Revolución y Héroe de la República de Cuba.
Martín Aurelio Corona Jerez tiene fama de exigente, y lo es, como un aspirante permanente a la perfección. Revisa cada frase escrita con detenimiento, y tal vez por eso sus textos suelen ser impecables, frutos del talento y el esmero, una enseñanza para quienes comenzamos ante las páginas en blanco y también aspiramos a la superación infinita.
El reciente premio Rubén Castillo Ramos, el más importante otorgado por la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) en esta provincia, constituye un reconocimiento muy merecido a quien tiene una lista enorme de éxitos profesionales, como la medalla Aniversario 50 de la UPEC, la distinción Félix Elmuza, el premio provincial de historia José Maceo Verdecia y el nacional Pablo de la Torriente Brau.
Después de conocer la noticia del nuevo galardón, acepta
felicitaciones, “estrechones” de manos y besos de algunas compañeras, dice bromas que hacen reír a todos, y se sienta frente a la computadora, como cada día desde hace mucho.
Luego, recuerda momentos de su infancia y manifiesta que todo se lo debe a la Revolución. "Ella me salvó y estoy agradecido por eso", expresa con seguridad quien trabajó desde pequeño y fue inscrito a los 11 años de edad, después de salir de las montañas para becarse y estudiar.
Aclara que él jamás concederá entrevistas, porque los periodistas no son noticia ni deben serlo jamás, quizás esa es parte de otra de sus clases. Añade que los campesinos, los deportistas, los médicos… tienen las historias más sobresalientes.
“Mis opiniones están en mis textos, quienes me leen las conocen, agrega y sigue en lo suyo”. Teclea ideas en un documento de Word, termina la información de un hecho de la jornada y la envía al editor.
Corona Jerez, Hijo Ilustre de Pilón, su municipio natal, ha sido maestro de varias generaciones de periodistas en la provincia, a quienes enseñó y todavía lo hace, con su dedicación casi excesiva, motor para su labor sin descanso.
Los jóvenes y los de más experiencia lo reconocemos como el mejor periodista de la provincia en los temas de Historia y uno de los más conocedores del país, autor de un libro de testimonios de campesinos que ayudaron a los expedicionarios del yate Granma. Ha trabajado en prensa escrita, radial y televisiva.
Desde 1988 se desempeña en la Agencia Cubana de Noticias y como colaborador de Radio Habana Cuba, ha publicado en los periódicos La Demajagua, Granma y Juventud Rebelde, y en las revistas Ventana Sur, Bohemia, Verde Olivo y Habanera.
Martín Corona Jerez, el niño de El Plátano, el adolescente becado, el joven soñador, el hombre exigente y amante del béisbol, el profesional multipremiado, sigue en el periodismo y ojalá esté siempre para bien de la profesión.
Tal vez, cuando usted lea estas líneas él permanezca escribiendo en la redacción de la ACN en Granma o en una cobertura. Algunos buscaremos siempre sus textos para leer y aprender.
Cuando yo terminaba estas líneas, se paró de la silla de al lado, conversamos algo y salió con calma. Quizás en busca de otros protagonistas de noticias.
Él día que Chávez quiso lanzar a Fidel al agua
Jorge Legañoa Alonso
La Habana, 3 mar (ACN) En esta nueva entrega de la serie de
anécdotas: Comandantes; escritas por el presidente Hugo Chávez Frías y
recopiladas en el libro Cuentos del Arañero, el líder bolivariano nos revela
detalles del día que tuvo deseos de lanzar a Fidel al agua.
Este cuento, como
el resto de los que el arañero de Sabaneta dedicó a Fidel, evoca a un hombre interrogador insaciable que no se
queda con ninguna duda y trata de ir más allá de la respuesta que se le pueda
dar porque como muchos han subrayado, Fidel es Fidel.
¡El colmo de los
colmos!
Por Hugo Chávez
Frías
El próximo domingo
es trece. Bueno, será un Aló Presidente especial, dedicado a tu cumpleaños,
Fidel, ochenta años. Hay que recordar que Fidel, precisamente aquí en el estado
Bolívar, cumplió setenta y cinco. ¡Ah!, esa vez me tenía loco a preguntas.
Él empezó a
preguntar y a preguntar, y yo te mandé a llamar a ti (gobernador Francisco
Rangel), y después tú mandaste a llamar a un técnico, porque él quería saber.
Bueno, primero el
tendido eléctrico, que lo inauguramos el día siguiente. Él estuvo preguntando
cuánto valía un kilovatio, en cuánto salió construir cada torre, en cuánto
salía el kilómetro de cable, cuántos cables eran, la tensión de los cables,
cuántas torres, bueno, y a cuánto le vendíamos a Brasil el kilovatio por hora.
Ahí le respondimos
casi todas las preguntas. Pero cuando íbamos en el lago, navegando en la canoa,
me dijo: “Chávez, ¿qué velocidad tú crees que trae el agua allá en la
cascada?”. Me dieron ganas de empujarlo al agua. ¿Qué voy yo a saber?
“Calcula, echa un
cálculo allí de cuando viene cayendo el agua, no es muy difícil, tú haces así y
más o menos calculas. Calcula tú”, me dijo: “Debe venir como a 300 kilómetros
por hora y cuando está llegando abajo 350”, respondí.
Pero después me
dice: “¿Y qué profundidad tendrá este lago?”. “Tendrá como 15 metros”, yo
inventando. “¿Y la temperatura del agua?”.
“Bueno, no sé,
chico, será como 20 grados”. Entonces, mete el dedo en el agua y dice: “No, 17,5
grados”. ¡El colmo de los colmos! ¡El preguntador sin fin!
jueves, 2 de marzo de 2017
A la Tierra del Sol Naciente a darlo todo
Evelyn Corbillón Díaz
La suerte está
echada. Cuba llegará a Japón con algo más que las ansias de retornar al podio
del Clásico Mundial de Béisbol, la más importante competencia de selecciones a
nivel global, que en la primera edición saboreó con su segundo puesto, luego de
la discusión del título ante el conjunto nipón.
Lo hará consciente
de las implicaciones de una buena actuación en la llamada Tierra del Sol
Naciente, no solo para el prestigio internacional, sino como muestra de que en
la Mayor de las Antillas resurge el pasatiempo nacional, de que el evento
cubano da pasos acertados en el fogueo de sus protagonistas y la afición puede
hablar de nuevo orgullosa de su equipo.
Cuando el siete de
marzo venidero en el estadio Tokio Dome se escuche la voz de play ball, el
elenco antillano comenzará otra vez a hacer historia, por la simple razón de
medirse a otros que lucen muy grandes para el tamaño del torneo de las bolas y
los strikes en un pequeño archipiélago situado en el Mar Caribe, bloqueado y
vilipendiado hasta la saciedad.
El timonel Carlos
Martí, con su certera conducción de los Alazanes de Granma hacia la corona de
la LVI Serie Nacional, el cuarto escaño en la LIX Serie del Caribe y la
experiencia de más de cuatro décadas al servicio de la pelota cubana, se ganó
el respeto y admiración de cuantos aman el deporte dentro y fuera de nuestras
fronteras.
Ahora, junto a su
cuerpo técnico asumirá un duro reto en su carrera, pero lo respalda el
compromiso con sus discípulos y los más de 11 millones de cubanos expectantes,
ávidos de ver en la grama el coraje distintivo de los nacidos en esta región
del mundo y que no los dejará “tirar la toalla” hasta el último out.
Figuras jóvenes
deberán nutrirse de la experiencia de aquellos con mayor cantidad de
comparecencias en citas del orbe, como es el caso de los integrantes de la
nómina participantes en algunas de las ediciones precedentes del Clásico, con
destaque para Frederich Cepeda y Alfredo Despaigne, amplios conocedores de las
mañas del béisbol japonés.
Rivales poderosos y
otros con deseos de crecerse en la cuarta entrega, enfrentará la escuadra
cubana, aunque solo su presencia en la segunda ronda resultaría más que
meritoria, en la cual se verán las caras las dos mejores novenas de los grupos
A y B.
Superar los
resultados de las lides de 2009 y 2013, quizás no figure en las mentes
estrategas de la delegación caribeña por la sabida fuerza de la gran mayoría de
los asistentes; no obstante, los aficionados sí albergan esas esperanzas por
remotas que puedan parecer y más allá de vaticinios adversos.
jueves, 16 de febrero de 2017
Motivos de lealtad
Aída Quintero Dip
La historia de Cuba ofrece ejemplos elocuentes de lealtad a las convicciones, a los principios que son muy útiles hoy para la defensa de la Patria y la formación de las nuevas generaciones, crecidas bajo el influjo de un ancestral patriotismo.
Tan apreciable arsenal forma parte de la obra colectiva que alimenta la espiritualidad del pueblo, ese pueblo diferente en cada etapa de desarrollo, pero eternamente el mismo que ha demostrado cuán difícil será traicionar la gloria vivida.
Así en la memoria popular sobresalen acciones en el acontecer nacional como la del Cacique Hatuey, quien en la hoguera, donde lo pusieron los colonialistas españoles por su rebeldía, rechazó hacerse cristiano e ir al cielo, como le pidió el sacerdote, para no encontrarse allá con los esclavizadores de los suyos.
Carlos Manuel de Céspedes, quien dio el primer grito de independencia en La Demajagua, para darle libertad a sus esclavos, es considerado con justeza el Padre de la Patria, porque refutó dejar la lucha para salvar a su querido hijo Oscar, que había caído prisionero de las tropas enemigas, alegando que todos los cubanos eran sus hijos.
El digno camagüeyano Ignacio Agramante, al escuchar a un conspirador independentista quejosamente preguntar cómo íbamos a liberar a Cuba, siendo muy superior el poderío militar de los colonialistas españoles, sin vacilar, exclamó: “¡Con la vergüenza de los cubanos!”
Esa misma vergüenza y amor patrio multiplicado llevó a los valerosos bayameses a iluminar el cielo de la Isla, al quemar su amada ciudad, el 12 de enero de 1869, antes de rendirla a los pies del enemigo.
Mariana Grajales, nacida en la indómita tierra de Santiago de Cuba, mientras sus hijos Antonio y José daban un paso al frente para sumarse a la revolución, se dirigió al más pequeño de su prole y le indicó empinarse para que también respondiera al llamado del deber.
El guajiro matancero Secundino Alfonso, ordenanza del Brigadier Pedro Betancourt, al ver caer del caballo a su jefe, le cedió el machete y su propio caballo y lo protegió, hasta morir disparando contra el enemigo.
Otro ejemplo que vale la pena rememorar en la historia de Cuba es el de la madre de Calixto García Iñiguez, cuando supo con angustia que este había caído prisionero en manos de los peninsulares, dijo:
“¡Este no es mi hijo!”, pero al saber que se había dado un tiro, que no logró matarlo, expresó: "¡Ese sí es mi hijo!".
José Martí, siendo apenas un adolescente, cargado de cadenas y grilletes, le escribió a su madre, rogándole que, en vez de llorar, pensara que entre las espinas nacen las flores. De cara al Sol supo el Héroe caer en combate tras sembrar poderosas ideas que hoy son fuentes de inspiración en su Patria.
Pervive en la memoria un pasaje mucho más contemporáneo relacionado con Juan Almeida Bosque, con la frase que él pronunciara durante el combate frente a fuerzas de la tiranía de Fulgencio Batista en Alegría de Pío, al sur oriental, después del desembarco del Yate Granma, en diciembre de 1956, bautizo de fuego del futuro Ejército Rebelde con Fidel Castro a la cabeza.
En aquel instante de zozobra ante los inconvenientes afrontados por la corajuda expedición retumbó en los oídos de sus compañeros y de la manigua: ¡Aquí no se rinde nadie...!, como una lección para todos los tiempos.
Son apenas pasajes de la rica historia y del acervo patriótico que inspiran a la lealtad y alimentan el alma de la nación cubana.
La historia de Cuba ofrece ejemplos elocuentes de lealtad a las convicciones, a los principios que son muy útiles hoy para la defensa de la Patria y la formación de las nuevas generaciones, crecidas bajo el influjo de un ancestral patriotismo.
Tan apreciable arsenal forma parte de la obra colectiva que alimenta la espiritualidad del pueblo, ese pueblo diferente en cada etapa de desarrollo, pero eternamente el mismo que ha demostrado cuán difícil será traicionar la gloria vivida.
Así en la memoria popular sobresalen acciones en el acontecer nacional como la del Cacique Hatuey, quien en la hoguera, donde lo pusieron los colonialistas españoles por su rebeldía, rechazó hacerse cristiano e ir al cielo, como le pidió el sacerdote, para no encontrarse allá con los esclavizadores de los suyos.
Carlos Manuel de Céspedes, quien dio el primer grito de independencia en La Demajagua, para darle libertad a sus esclavos, es considerado con justeza el Padre de la Patria, porque refutó dejar la lucha para salvar a su querido hijo Oscar, que había caído prisionero de las tropas enemigas, alegando que todos los cubanos eran sus hijos.
El digno camagüeyano Ignacio Agramante, al escuchar a un conspirador independentista quejosamente preguntar cómo íbamos a liberar a Cuba, siendo muy superior el poderío militar de los colonialistas españoles, sin vacilar, exclamó: “¡Con la vergüenza de los cubanos!”
Esa misma vergüenza y amor patrio multiplicado llevó a los valerosos bayameses a iluminar el cielo de la Isla, al quemar su amada ciudad, el 12 de enero de 1869, antes de rendirla a los pies del enemigo.
Mariana Grajales, nacida en la indómita tierra de Santiago de Cuba, mientras sus hijos Antonio y José daban un paso al frente para sumarse a la revolución, se dirigió al más pequeño de su prole y le indicó empinarse para que también respondiera al llamado del deber.
El guajiro matancero Secundino Alfonso, ordenanza del Brigadier Pedro Betancourt, al ver caer del caballo a su jefe, le cedió el machete y su propio caballo y lo protegió, hasta morir disparando contra el enemigo.
Otro ejemplo que vale la pena rememorar en la historia de Cuba es el de la madre de Calixto García Iñiguez, cuando supo con angustia que este había caído prisionero en manos de los peninsulares, dijo:
“¡Este no es mi hijo!”, pero al saber que se había dado un tiro, que no logró matarlo, expresó: "¡Ese sí es mi hijo!".
José Martí, siendo apenas un adolescente, cargado de cadenas y grilletes, le escribió a su madre, rogándole que, en vez de llorar, pensara que entre las espinas nacen las flores. De cara al Sol supo el Héroe caer en combate tras sembrar poderosas ideas que hoy son fuentes de inspiración en su Patria.
Pervive en la memoria un pasaje mucho más contemporáneo relacionado con Juan Almeida Bosque, con la frase que él pronunciara durante el combate frente a fuerzas de la tiranía de Fulgencio Batista en Alegría de Pío, al sur oriental, después del desembarco del Yate Granma, en diciembre de 1956, bautizo de fuego del futuro Ejército Rebelde con Fidel Castro a la cabeza.
En aquel instante de zozobra ante los inconvenientes afrontados por la corajuda expedición retumbó en los oídos de sus compañeros y de la manigua: ¡Aquí no se rinde nadie...!, como una lección para todos los tiempos.
Son apenas pasajes de la rica historia y del acervo patriótico que inspiran a la lealtad y alimentan el alma de la nación cubana.
viernes, 10 de febrero de 2017
Meida, entrega total a la Revolución

Aída Quintero Dip
Acto de verdadera
justicia es sacar a la luz historias de vida que permanecen en el anonimato,
como la de Meida Pineda Cueto, una mujer de la Revolución, como ella misma se
define, que vive en Santiago de Cuba e irradia tanto ejemplo y valores que
sería un sacrilegio no revelarla.
En la sencillez de
su existencia, que pareciera no tiene mucho que expresar a los demás, radica
seguramente su grandeza.
A los 13 años Meida
cocinaba y lavaba la ropa de los rebeldes que enfrentaban a la tiranía de Fulgencio Batista allá por
los montes de La Panchita, en Vega del Jobo, Baracoa, de la provincia de
Guantánamo, donde nació hace 72 años.
Recuerda que cuando
los “barbudos” iban a atacar algún sitio tenían que preparar comida a veces
para unos 80 hombres, ella ayudaba a su madrina, Blanca Leyva, en cuya casa la
acogieron, pues su familia era humilde y la miseria no alcanzaba para
alimentarla junto a sus 11 hermanos.
“Era costumbre del
lugar y de la época lavar en el río donde apenas podíamos tender la ropa, pues si los aviones enemigos
las detectaban era muy peligroso, ahí mismo empezaba el bombardeo”, rememora.
Aquellos tiempos
fueron duros, y ella se elevó sobre sus propios pies para desafiarlos, prefiere
olvidarlos pero sabe lo importante de que las nuevas generaciones conozcan bien
la historia para defenderla mejor.
“Cuando triunfó la
Revolución, con 14 años, me sentí la persona más feliz de la tierra, esa
primera sensación de libertad fue tremenda, después de estar en medio de una
guerra, sentir bien cerca las metrallas y la posibilidad de morir, si no de
hambre, de los ataques de la aviación.
“Me consideran una
colaboradora del Ejército Rebelde por mi respaldo concreto en los días de lucha
insurreccional, qué mayor orgullo puede
una cubana sentir en su vida”, dice sonriente, emocionada.
“En 1960 me
trasladé para Santiago de Cuba, donde fui empleada doméstica, cuidaba tres niños en una casa por solo ocho
pesos mensuales, pero empecé a ser otra cuando me incorporé al trabajo estatal
en el comercio y la gastronomía con
tanta devoción y entrega que fui elegida Vanguardia en varias ocasiones”.
Apenas lograda la
victoria de 1959, en aquellos años fundacionales, lo mismo se movilizó para el
corte de caña, la recogida de café y de algodón, o la defensa de la Patria,
cuando la participación de cada cual era vital para el progreso de la
incipiente Revolución, rodeada de peligros por todas partes.
“Me integré al
proceso por completo, milité en la Unión de Jóvenes Comunistas, entonces
Jóvenes Rebeldes, fui de las primeras en las Milicias Nacionales
Revolucionarias y reguladora del tránsito como auxiliar del Ministerio del
Interior, por lo que me escogieron para trabajar en la Primera Conferencia
Tricontinental, en 1966, en La Habana”, refiere.
Se califica ella
misma y lo confirman quienes la conocen bien como una mujer muy colaboradora,
servicial, que siente placer con prestar ayuda a todo el que la necesite;
amante de la justicia, no extraña saberla juez lego en el municipio de Santiago
de Cuba por más de 20 años.
Prestó servicios
cuando el ataque al aeropuerto santiaguero Antonio Maceo, como preludio de la
invasión mercenaria por Playa Girón, y cuando en 1963 el ciclón Flora azotó el
oriente cubano, pues ante cualquier contingencia ella siempre da el paso al frente.
“Lo único que he
hecho en mi vida es trabajar, ese es mi único premio, mi gran trofeo”, confiesa
esta baracoesa que ha echado raíces en Santiago de Cuba, una tierra que
aprendió a querer como suya.
Ahora jubilada, esta
mujer nunca temió a las faenas duras ni a las largas jornadas, como
dependienta, cajera, recaudadora,
administradora, entrega que ayudaron a forjar en ella un
carácter fuerte pero también un corazón bondadoso que derrocha simpatía en su
barriada del Centro Urbano Abel Santamaría.
Habla con orgullo de
lo que denomina “mis cuatro joyas”: sus hijas Eva María y Yelisa, y sus nietas
Carolina y Meilín Reina, quienes le dan una vitalidad increíble para seguir
adelante.
“Las amo
intensamente, siempre les enseñé a disfrutar lo que tienen y a no sufrir por lo
que les falta, esa postura les ayuda a vivir una existencia plena, buscar y hallar la parte positiva de cada
situación y fomentar valores en sus descendientes.
“Me sacrifiqué
mucho, no lo niego, para que ellas fueran personas de bien, quedé viuda cuando
eran pequeñas, me esforcé para que se prepararan, me dieron el mejor regalo,
ambas son licenciadas, una en Educación y la otra en Contabilidad, y excelentes
trabajadoras”.
Ahí está el otro
gran premio que enaltece la vida de Meida Pineda Cueto.
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