viernes, 27 de marzo de 2015

Somos una sola raza, la humana




Gloriadelys Wright Hernández
  “Yo soy café con leche clase B”, así se clasificaba Mavy cuando su color de piel negra suscitaba al debate entre sus amigos del preuniversitario;  “¿java'o yo, tú ves bien? Mírame, tremendo mulato”, decía Carlos mientras otros se burlaban por el amarillo opaco que cubre su cuerpo; sin embargo, no solo eran ellos los aludidos.
    En el mismo grupo, Jorge, de tez blanca y pelo negro, exigía que le llamaran trigueño porque “Colora´o”, como le apodaban, alejaba a las chicas y lo excluía de los equipos deportivos, mientras que Raúl, mestizo y con ojos verdes, contaba siempre que su carné de identidad tenía un error en la casilla Piel.
    Lo cierto es que el tema racial en la vida de muchas personas resulta motivo de controversia o polémica,  aunque decirles racistas evocaría a una querella mayor, pero no es el objetivo.
    En Cuba, la diversidad está presente en todos los lugares, no obstante, frases burlonas y actitudes degradantes viajan de generación a generación; miradas lascivas a veces se proyectan contra lo diferente y apatías sin motivos se arraigan en familias para completar la ecuación.
    Por estos, y por muchos otros hechos que la historia relata, como la matanza de Sharpeville, en Sudáfrica, cuando en 1960 un grupo de negros fue asesinado brutalmente al protestar contra el apartheid, se declaró el 21 de marzo como el Día Internacional para la Eliminación de la Discriminación Racial.
    Al respecto, el destacado líder de ese país  y defensor de los derechos humanos, Nelson Mandela,   expresó: "He luchado contra la dominación de los blancos y contra la dominación de los negros. He deseado una democracia ideal y una sociedad libre en que todas las personas vivan en armonía y con iguales oportunidades. Es un ideal con el cual quiero vivir y lograr".
    Y vivió lo suficiente para ver la coexistencia pacífica entre los ciudadanos de esa nación africana.
    Pero recordemos que mucho antes, en el llamado viejo continente, la búsqueda y predominio de la raza aria, “la perfecta”, conllevó al exterminio de alrededor de 12 millones de personas, en su mayoría judíos, prácticamente un país completo.
    A raíz de la fecha, la Organización de las Naciones Unidas envió un mensaje, en el que uno de sus párrafos señala:
     “Hemos sido testigos del final del colonialismo, el desmantelamiento del apartheid y el surgimiento de un movimiento mundial en favor de la igualdad. Sin embargo, como demuestran la historia y la realidad actual, la discriminación racial sigue representando un verdadero peligro”.
    En la misiva, la ONU  instó a las naciones a ratificar la Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial, pues “la paz duradera solo puede basarse en la premisa de que todas las personas son iguales en derechos y dignidad, independientemente de su origen étnico, género, religión o condición social o de otra índole”.
     Este año el mundo celebra el Decenio de los Afrodescendientes, y aunque en Cuba un estudio del Centro Nacional de Genética Médica reveló que el 72 por ciento de los genes de la población cubana actual proviene de ancestros europeos, aquí “el que no tiene de congo tiene de carabalí”, como aseveró el reconocido etnólogo Don Fernando Ortiz.
     A pesar de que los imaginarios sociales y estereotipos son difíciles de cambiar, ser negro, mestizo o blanco en la mayor de las Antillas no diferencia los derechos y obligaciones de cada persona,  porque lo esencial, como dijera el líder histórico de la Revolución Fidel Castro, es que “somos una sola raza, la humana”.

martes, 24 de marzo de 2015

La luz interior de José Cuevas

Aída Quintero Dip
  El santiaguero José Cuevas Veranes tiene la virtud de poseer una luz interior que subyuga desde las primeras palabras.
  Es grande el hechizo que ejerce ante sus semejantes este hombre con el don de la sabiduría innata, de gusto por el diálogo profundo, pensamiento diáfano, afable y  alegre, a pesar de ser ciego.
  Amar, crear, trabajar, afán por estar siempre al servicio de los demás y ese sexto sentido para ver con los ojos del alma, constituyen bastones que guían sus pasos por la vida.
   Casi adolescente alfabetizó en Baracoa, donde llevó la luz del saber a los campesinos, una de las tareas que guarda con gran cariño, quizás por su intacta vocación de maestro, de los formados en la antigua Escuela Normal de Santiago de Cuba, donde conoció a Frank País y a Pepito Tey.
   Delegado al IV Congreso del Partido Comunista de Cuba y a la Asamblea Provincial del Poder Popular durante 11 años, y una apasionada capacidad para defender la Revolución en cualquier tribuna, son trazos de la rica trayectoria de este cubano íntegro.
   “Desde el 28 de septiembre de 1969, cuando Fidel llamó a formar los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), estoy en vigilia permanente cuidando la Patria como la niña de mis ojos”, confiesa, quien fue miembro del secretariado provincial en Santiago de Cuba.
  “Soy de procedencia campesina, muy humilde. Nací en 1940 en Minas de Ponupo, La Maya, y considero los CDR mi primera escuela revolucionaria, la que forjó mi espíritu combativo.
  “A esa organización le debo conocer bien a las personas, saber la hora exacta para tratar asuntos y encomendar misiones, en un contacto siempre espontáneo, sincero, dice; tal vez por eso abundan los saludos a su paso y Cuevas conoce por la voz  a aquellos que le profesan tanto respeto.
   Ahora su tiempo lo dedica a la Asociación Nacional del Ciego (ANCI), de la que integra su ejecutivo nacional hace 18 años y está desde 1978 al frente de la organización en la oriental provincia, Vanguardia Nacional por 22 años consecutivos.
  Solidez en los resultados indican esos datos, cuánto empeño requiere mantenerlos, él y su equipo de trabajo lo saben bien.
   “Los logros son evidentes; en el crecimiento este es el territorio con más miembros, unos cuatro mil; creamos 107 comités de apoyo en el campo y en la ciudad, tenemos una faena notable en la rehabilitación del ciego, empeño que más ennoblece nuestra obra, recalca, y lo más importante:  somos una gran familia.
   “En la labor diferenciada hacemos énfasis en los jóvenes, las mujeres y personas de la tercera edad, pues necesitan mucho respaldo y valerse por sí mismas, en ese sentido hay frutos”.
  Se advierte que Cuevas está enamorado del trabajo con los ciegos y débiles visuales, se ha encariñado tanto con esa misión que, además de su orgullo, siente el compromiso de contribuir a formar el relevo.
  Como premio a su entrega ostenta varias condecoraciones, ha viajado a Hungría, Alemania, España y a las extintas Checoslovaquia y Yuloslavia; y estuvo en un Congreso de la Unión del Ciego Latinoamericano, en Panamá.
  Este hombre no repara en su discapacidad, es sorprendente; vive a plenitud cada instante, escribe poemas, cuentos, y ha ganado  premios en testimonio en encuentros de escritores de la ANCI.
  Le gusta la cocina y comentan quienes lo conocen bien que es bueno en ese giro, lo reafirman sus recetas apetitosas que han obtenido lauros en foros de ciencia y técnica.
  Ha estado varias veces en actos cerca de Fidel, pero recuerda con emoción cuando el líder histórico de la Revolución inauguró la escuela para niños ciegos y débiles visuales Antonio Fernández León, de Boniato; y Cuevas le confesó entonces: “Comandante usted me inspira para estar entero".
  “Me gusta actualizarme, tengo un radio de pilas al lado, oigo televisión, me leen los periódicos, analizo materiales mediante el Sistema Braille, soy autodidacta y modestamente sé de política, economía, cultura”, precisa  sin alarde de erudición.
  “En la asociación empleo mis potencialidades en un empeño útil y humano. A ella llegué humildemente, a raíz de mi estado, después de cinco operaciones y quedar ciego por glaucoma”, dice quien es ejemplo de aquellos que no creen en la adversidad.
   A José Cuevas Veranes los éxitos de la ANCI y sus dos hijos y dos nietos le renuevan por minutos la vitalidad de esa luz interior que le distingue, en una nación donde ser ciego no es soledad ni abandono.
 

jueves, 19 de marzo de 2015

Ante crisis de valores: demostrar validez de principios éticos



María Elena Balán Sainz
  ¿Por qué no rescatar las mejores costumbres, los hábitos correctos en la mesa, el respeto a las personas adultas y a los  de mayor jerarquía en el trabajo, en los centros educacionales, en la comunidad?
  Constituyen, sin dudas, retos imprescindibles si queremos demostrar la validez de principios éticos ante la crisis de valores.
  Cuba forma parte de un mundo globalizado que no está exento de un buen número de  lastres, pero no por ello se debe aceptar con resignación las indisciplinas, transgresiones del orden, la descortesía, la vulgaridad. Al contrario, se requiere acondicionar pilares estructurales de la sociedad como la educación, la cultura y la economía.
  Antes era muy común escuchar al referirse a una persona: “Es de buena familia” y no porque tuviera recursos ni confort, sino porque daba gusto escucharla, departir con ella, tenerla como amiga, tal era el enriquecimiento espiritual que transmitía.
  La escuela tiene su rol, es cierto, pero resulta imprescindible la otra contraparte, la del hogar, a las cuales deberá sumarse el mensaje de los medios de comunicación, con sistematicidad y llamando a las cosas por su nombre.
  Cada día habrá que realizar acciones educativas para ir salvando a la sociedad de ese marasmo y no pensemos que caerán en saco roto, porque algún que otro oído receptor las irá asimilando.
   Dirigirnos con los recursos disponibles, bien sea cara a cara, mediante la presión social de la comunidad, o con trabajos periodísticos a quienes mantienen actitudes individualistas, de descortesía y poco respeto hacia los demás, y no interiorizan la trascendencia de sus hechos.
  Con las familias habrá que ejercer influencia para que den mejores ejemplos a los descendientes y se abstengan de tomar posturas ofensivas cuando algún vecino les prevenga o les pida por favor bajar la música y no  tirar a la calle los desperdicios de comida y basura.
  El “sálvese quien pueda” instituido en algunos segmentos de la sociedad en los últimos años debe dar paso a la cortesía, la cordialidad, el respeto hacia los demás, bien sea al tomar un ómnibus o en la cola para comprar papa, tan recurrente por estos días en la capital del país, y donde generalmente se burlan turnos, sin respetar el derecho de quienes están al lado.
  Esos individuos transgresores de los buenos hábitos se mezclan en el mar de personas que caminan por las calles, entre aquellas cuidadosas de mantener el lugar en la fila para adquirir un artículo, o echar la latica o la jaba en el contenedor de basura.
  Pueden los buenos ejemplos lograr en alguna medida, aunque sea mínima, ir suturando esas grietas e influir en el rescate de las buenas costumbres.
 No vale asumir posturas de resignación, todo lo contrario, si queremos lograr una mejor convivencia debemos ante crisis de valores, demostrar validez de principios éticos.

viernes, 13 de marzo de 2015

Un legado de Martí que los periodistas no pueden olvidar



Miguel José Maury Guerrero
   En las frías noches de marzo de 1892, en la protección que le ofrecía  su cuarto, en la ciudad de Nueva York, el Héroe Nacional Cubano José Martí  apenas tenía tiempo de reparar en algo fuera de sus febriles preparativos de  la guerra, que proyectaba para lograr la libertad de su lejana Cuba.
   Entre las ideas y  pasos que merecían su total atención, figuraba la creación de un periódico.
   Las constantes y crecientes preocupaciones que bullían en su mente, acerca de  la situación y el futuro de su tierra natal, le hicieron desembocar en un nombre: “Patria”, así llamaría finalmente a la nueva publicación, que vio la luz por primera vez el 14 de marzo del mencionado año.
  Ese libelo de cuatro páginas a igual número de columnas, de 52 por 36 centímetros, que circulaba principalmente por el correo postal, era costeado por los tabaqueros cubanos asentados en las floridanas localidades de Tampa y Cayo Hueso, así como también por intelectuales de la nación antillana y puertorriqueños residentes en Nueva York.
  El modesto empeño fue el instrumento que permitió al Apóstol la consolidación después del Partido Revolucionario Cubano (PRC), que estaba por fundar, y fue la voz de la emigración de este país en Estados Unidos.
  Casi un mes posterior al nacimiento de la publicación, Martí proclamó formalmente la constitución del PRC, su proyecto cimero para la preparación  de la contienda que gestaba, a la cual calificaría como la Guerra Necesaria.
   El Martí de inicios de la última década del siglo XIX en la  mencionada ciudad norteña era identificado como un periodista e intelectual, y él mismo se autodefinía así en tanto esa fue  su más constante y conocida actividad,  su labor profesional.
   En referencia a ello, el intelectual cubano y estudioso de sus escritos, Pedro Henríquez Ureña,  señaló que la obra del prócer de la independencia “es periodismo, pero periodismo elevado a un nivel artístico como jamás se ha visto en español, ni probablemente en ningún otro idioma”.
   Hasta su última edición, aparecida el 31 de diciembre de 1898, las cuatro páginas de los 522 números de “Patria” bastaron a Martí para dar a conocer  las bases del PRC, y realizar una certera labor de propaganda a favor de la causa cubana y de influencia por la unidad, en la persecución del objetivo supremo de la independencia de su país.
   Con ese legado histórico, el presente convoca a los informadores y medios de prensa cubanos a ampliar el sentido de su utilidad necesaria.
  Cuba se afana en la actualización de su modelo económico, a tono con tiempos, realidades, necesidades y perspectivas actuales, en un camino largo  y lleno de los obstáculos que imponen la puesta en práctica de las nuevas ideas y cometidos.
   En todo ese esfuerzo, que lidera el Partido Comunista de Cuba y participan  organismos e instituciones ligados a la labor económica, los periodistas y los medios de comunicación tienen un papel esencial que desempeñar.
   Las deficiencias y dificultades conforman un inmenso mar en el cual el único derecho que los profesionales de la prensa tienen, es aprender a bogar sin permitirse el lujo de ahogarse.
   Con el ejemplo de la obra cumbre martiana representada en “Patria”,  deben erigirse en una de las vías de la nación para que sus hijos comprendan cabalmente ideas y proyectos; motivos de los tropiezos, formas válidas para enmendarlos y lo fundamental: actitudes y caminos a seguir para no perder el rumbo. 
   A ese empeño convocó Martí a finales del siglo XIX con su periodismo, visión y patriotismo excepcionales; lo ha hecho el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros; y lo hace  Cuba, como nación que sabe su derecho a existir con la libertad y justicia conquistadas.
   Para honrar la fecha de aparición de “Patria”, desde los primeros años de la década de 1990 el 14 de marzo se celebra como Día de la Prensa Cubana.
   La efeméride deviene ocasión para  postular que la convocatoria a poner su  profesión enteramente al servicio de la patria es el útil, patriótico y noble legado de Martí, que los periodistas cubanos no tienen derecho a olvidar.

sábado, 7 de marzo de 2015

Chávez, el llanero millonario



Jorge Legañoa Alonso
Hugo Chávez Frías fue un millonario jurado, “forrado” en amor, mas no en dólares, como quisieron hacernos creer sus enemigos. Fue el millonario  enriquecido con los afectos y quereres de los seres humanos que en Venezuela y el mundo lo siguieron, rieron y lloraron.
Aún hoy, dos años después de su muerte aquel cinco de marzo pasadas las cuatro de la tarde, millones continúan viviendo a través de su pensamiento y legado bolivariano, que dejó una huella en el corazón de muchos.
Chávez hizo de las cifras empeño y sacrificio: millones fueron alfabetizados con el método “Yo sí puedo”; millones recuperaron la visión gracias a la “Misión Milagro”; millones son las consultas y medicamentos accedidos mediante “Barrio Adentro”, otras cantidades de personas recibieron alimentos, asistencia, ayuda y educación superior.
Y es que detrás de cada número, el “arañero de Sabaneta”, como él mismo se definía, veía corazones que regresaban a la esperanza, después de décadas de miseria y desprotección de los gobiernos de la  IV República.
Desde su alma profunda y noble de los llanos venezolanos, el Comandante-Presidente de los pobres, entregó su vida por las causas más justas y nobles, no solo de su país, sino también de América Latina.
Telúrica y sublime fue su acción política y humana, digna solo de los grandes patriotas  que luchan por las causas más nobles de la humanidad, junto con sus pueblos, y ser hacedores de una obra de justicia.
Incansable, Chávez fue el hombre de los millones de abrazos; los daba, recibía, y compartía el jolgorio y la tristeza de mujeres, niños y ancianos.
Cada día, por donde pasaba como un huracán, hacía sentir su presencia, como aquel poema de Alberto Arévalo Torrealba, “Por aquí pasó”. Y tal como lo recitaba, hoy el pueblo  canta al Bolívar del siglo XXI:
“Por aquí pasó compadre, / hacia aquellos montes lejos. / Por aquí, vestido de humo, / mi general que iba ardiendo, / fue un silbo de tierra libre / entre su manta y sus sueños. Por aquí pasó compadre, / hacia aquellos montes lejos”.
Ahora se escucha en el mundo: “¡Por aquí pasó, Chávez, compadre, hacia aquellos montes lejos! / Artista labrando pueblos, / Hombre retoñando patrias / Picando glorias, ¡tropero!…”
Orgulloso de su llano querido, de la Barinas natal de sus amores, gritaba a los cuatro vientos su esencia sencilla, “pata en el suelo” como nació y orgulloso de serlo. Su nave zarpó de esta vida dejando una ruta que el pueblo corea con fuerza: ¡Chávez vive, la lucha sigue!
En Cuba vivimos al Hugo amigo, el mejor de todos, el incondicional con esta Isla, con Fidel, a quien nunca se le vio reír tanto como cuando compartían sueños.
En una carta hermosa de hace algunos años, el líder de la Revolución bolivariana, al final, luego de su firma y un ¡Hasta la victoria, siempre! de esos que calan, escribió de su puño y letra:
“Hace poco, en medio de circunstancias muy difíciles, llegué a La Habana como a la media noche, procedente de Caracas. Y de inmediato, el mensaje de Fidel: ‘Díganle a Chávez que yo estaba en Venezuela y acabo de llegar a Cuba’. Así somos…”
Y es que así son esos dos  hombres: dos “diablos”, como el líder venezolano los calificaba.
Su humildad y humanidad –a prueba de balas– hizo que un pueblo millonario lo siguiera desde aquel “por ahora” del levantamiento militar del 4 de febrero de 1992.
Un ser excepcional. Siempre con su tacita de café cerca y su mano por encima del hombro de cualquier necesitado. Como aquella tarde, que caminando por los alrededores de Miraflores, en busca de espacios para construir nuevas viviendas, se encontró con un joven de la calle, alcohólico, y allí se paró a escuchar de su vida y a tratar de convencerlo de que se dejara ayudar.
Chávez está en cada obra justa que emprendió o soñó, con la fuerza de millones, está en cada persona que salió de la pobreza durante sus 14 años de gobierno. Chávez son millones de manos que rezaron para que “Diosito me lo sane”.
Aun cuando no está más entre nosotros, con su voz de Comandante, la pelea del pueblo bolivariano no termina, continúa todos los días, porque Chávez enseñó a su gente a ser Chávez.
Porque se fue invicto, Hugo Chávez seguirá siendo para todos el llanero millonario, el de las cientos de bromas, el que cantaba mal, pero bonito, porque lo hacía con el corazón, el cuentero de pura cepa que sembró el chavismo en multitudes de almas.