martes, 14 de agosto de 2012

Mis héroes del deporte


Aída Quintero Dip
Cada una de las 14 medallas conquistadas por Cuba en las Olimpiadas de Londres 2012 tiene su encanto, su valor, su impronta. Todas me emocionaron, latían al compás de la hazaña,  matizada por la dedicación  y  el talento del atleta.
Ahora siento un gran vacío, la TV de  mi casa no me regala los más espectaculares saltos, las mejores carreras o peleas. La cita estival es historia y las miradas se enfocan hacia la  preparación para corregir y perfeccionar en pos de Río de Janeiro 2016.
Mi mayor elogio para quienes subieron al podio de premiaciones  y  los que brillaron aun sin ganar medallas, rozando con la gloria de los campeones. Me queda el sabor amargo de los que estuvieron por debajo de lo esperado.
Recuerdo al tirador Leuris Pupo escribiendo una página inédita  con la primera medalla de oro en tiro olímpico para Cuba, y a la yudoca Idalys Ortiz  vestida también de dorado, tras  hacer valer su clase y vencer en la división de más de 78 kilogramos.
Disfruté el triunfo de nuestro abanderado Mijaín López,  el gran gladiador, que junto a Filiberto Azcuy son los únicos luchadores cubanos con dos títulos en citas estivales.
Experimenté orgullo por los boxeadores Roniel Iglesias,  a quien su  barrio pinareño y la familia habían vaticinado que celebrarían en grande el oro olímpico de su coterráneo, y Robeisy Ramírez,  de apenas 18 años, del cual me  impresionó  la gallardía con que defendió  la quina medalla de oro para la Patria.
A mí -particularmente- me conmovió la plata con sabor a oro de Yarisley Silva, en el  salto con pértiga de 4,75 metros; por su ecuanimidad, su valentía, en una competencia en la que dejó atrás a estelares como la rusa Yelena Isinbayeva, la mejor de la historia en la especialidad.
También el bronce de Leonel Suárez, ejemplo de consistencia y sacrificio, con problemas de salud y falta de entrenamiento que no lo amilanaron, más bien   cimentaron su estirpe de guerrero, al reeditar la actuación de Beijing en la difícil prueba del decatlón.
Me deleité por la plata en el pecho de Yanet Bermoy que ratificó la condición de subcampeona,  y de su homólogo en el masculino  Asley González, de especial alegría para el judo masculino carente de finalista olímpico desde hace 32 años.
La pesa igualmente hizo su aporte. La presea bronceada con sabor a oro en la división de los 77 kilogramos fue al cuello de Iván Cambar, corajudo, corajudo, a pesar de operaciones sufridas, lo que da mayor realce a su resultado. El taekwandó también puso su granito de arena con el bronce del santiaguero Robelis Despaigne.
Con la convincente actuación del luchador Liván López y el bronce que brilló en su pecho, sumó la presea 14 para la representación cubana  en Londres 2012 y  Cuba concluyó en el lugar 16 en el medallero, a la cabeza de América Latina y el Caribe. 
Mis respetos para el nadador Hanser García en la séptima posición, en la prueba reina de la natación, los 100 metros estilo libre; los clavadistas José Antonio Guerra y Jeinkler Aguirre, en el quinto puesto frente a las mejores duplas del mundo, en la plataforma sincronizada a 10 metros.
También para dos atletas que lo dieron todo: la ciclista Lisandro Guerra, cubana mejor ubicada  en la historia de la velocidad  de los Juegos Olímpicos,  y la luchadora Katherina Videaux, primera mujer de nuestro archipiélago  en ganar un combate  en una cita estival.
Cada medalla tuvo su brillo especial, cada actuación suscitó la admiración del pueblo y llenó de felicidad a este Verde Caimán que reverencia a sus héroes del deporte.

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