viernes, 12 de diciembre de 2014

Mayor éxito del ALBA-TCP: el humanismo que lo inspiró



  Miguel José Maury Guerrero
  Toda obra humana es perfectible, algo que nadie discute, en tanto todo aquello que el hombre hace tendrá logros y defectos, por lo cual de acuerdo con sus resultados se considerará positiva o negativa, exitosa o deficiente.
  También, en correspondencia con la subjetividad, cada empeño del hombre tendrá diversas miradas, posiciones e intereses de las personas, críticos o alabadores; amigos o enemigos.
  Es lo que hoy acontece con la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos, (ALBA-TCP), el mecanismo que este 14 de diciembre  cumplirá 10 años de existencia. 
  Creado en 2004 por los presidentes Fidel Castro, de Cuba, y Hugo Chávez, de Venezuela, y concretado en La Habana un poco más tarde, el proyecto, que inicialmente se llamó Alternativa Bolivariana para las Américas, llega a su aniversario con muchas opiniones de alabanza y millones de latinoamericanos agradecidos por los beneficios que recibieron a partir de su fundación.
   Pero no faltan los detractores ni los enemigos que dudan de sus logros e impactos.
  Analistas de varios confines, académicos y medios de prensa están divididos en sus opiniones en cuanto al alcance y valía del ALBA-TCP.
  Luego de silenciar convenientemente sus éxitos en lo social y político, sus detractores consideran deficiente el desempeño económico de este mecanismo integracionista que exhibe  innegables beneficios para millones de personas.
  La pobreza constituye el arma de destrucción masiva más poderosa que existe en el mundo, dijo en septiembre de 2004 el entonces presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, ante la 59 Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU).
  El  ALBA-TCP desde su fundación reconoce que esa miseria representa un flagelo que afecta a millones de seres en el mundo e impide a regiones enteras alcanzar las condiciones elementales para una vida digna; representa un freno para el desarrollo de las naciones, y es una de las mayores causas de desestabilización, al negar derechos humanos elementales como salud, alimentación, educación y vivienda.    
  Organismos internacionales como la CEPAL, la ONU y el Banco Mundial, entre otros,  reconocieron que el ALBA-TCP, haciendo honor a sus postulados, ha sido exitoso en el combate a la pobreza.
  Por ejemplo, Bolivia en 2006 y Nicaragua en 2007, lograron rebajar ese indicador en un 20 por ciento.
  Esas naciones tenían un rango de pobreza del 60 al 70 por ciento y actualmente exhiben índices del 40 al 50 por ciento, dijo a la AIN el doctor José Ángel Pérez, especialista del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM).
   De la pobreza se han sacado a 10 millones de personas en las naciones del ALBA-TCP;  todo esto en 10 años y en medio de la crisis más aguda que ha sacudido al capitalismo a nivel internacional en todos los tiempos, precisó el experto.
   Según datos de organismos internacionales, las naciones integrantes del ALBA-TCP disminuyeron la pobreza extrema de manera significativa en solo unos cinco años, otro indicador muy significativo.
  Venezuela redujo la iniquidad considerablemente, pues cuando Chávez llegó al poder el llamado índice “gini” de ese país suramericano era del 0.50 y actualmente lo tiene en el 0.37.
  En todos estos casos, amén de políticas y medidas nacionales, los resultados se los deben a los proyectos de colaboración y complementariedad del ALBA-TCP.
  El Producto Interno Bruto de sus naciones miembros, en su conjunto, pasó de 364,5 millones de dólares en 2005, cuando entró en vigor el mecanismo,  a 479,9 millones de dólares en 2012, algo que, en términos económicos, resulta muy alentador.
  Los indicadores y resultados tangibles, que en lo social demuestran el éxito del ALBA-TCP en estos 10 años, son muchos pero lo verdaderamente significativo del proyecto reside en la nobleza que inspiró a los presidentes Fidel y Chávez para crearlo.
  Según rememoró en cierta ocasión el mandatario suramericano, fue un hermoso amanecer de Isla Margarita, en Venezuela, en ocasión de la III Cumbre de Jefes de Estado y Gobierno de la Asociación de Estados del Caribe, en 2001, que iluminó e inspiró a ambos líderes y consolidó en ellos la idea de crear el ALBA. 
  Más allá de lo que entonces significaban las siglas de su nombre, dirigidas a contraponerlo al tenebroso ALCA que propugnaba el presidente norteamericano George W. Bush, encaminado al sojuzgamiento del continente, el ALBA nacía con una esencia humanista como ningún otro intento integracionista anterior de la región.

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