miércoles, 13 de noviembre de 2013

La novia eterna




Por : Susana Gómez Bugallo  y Yuniel Labacena Romero
        Juventud Rebelde
Todo se le nubló y dejó de respirar cuando le informaron lo ocurrido con su esposo. Entonces Adriana se quedó sola consigo misma para decidir lo que quería hacer, y se dio cuenta de que, además de querer acompañarlo, él necesitaba de su comprensión
Fue dando brincos desde que colgó el teléfono hasta la celda. Era la primera vez que se escuchaban después de tres años. Por fin podía tener la confirmación de que «¡Adriana existía!», y junto a ello saber cómo estaba su familia.
La historia nos la contó hace algunos meses Adriana Pérez, la hermosa mujer que lleva 15 años a la espera de su «hombre».
Cuando le informaron lo ocurrido con su esposo todo se le nubló, dejó de respirar. Entonces se quedó sola consigo misma para decidir lo que quería hacer, y se dio cuenta de que, además de querer acompañarlo, él necesitaba de su comprensión y llegó a esa conclusión «por las bases sólidas que tenía su matrimonio de diez años.
«La primera vez que oí a Gerardo después de tres años hablamos con mucha ecuanimidad, sin que ninguno llorara. Era el mismo hombre que había dejado de escuchar años atrás», cuenta ella y resulta difícil de creer, porque ese tiempo sin saber de alguien que dejó de dar señales sin aviso pudiera ser una razón para olvidarlo.
Pero estos años no lograron apagar en Adriana unos ojos llenos de amor y esperanza. La esposa de Gerardo Hernández, uno de esos hombres sencillos devenidos héroes, sabe dar lecciones si se trata de resistencia, verdad y lealtad.
«Comencé a desencadenar todos los recursos que no sabía que tenía para llegar al final. Esa siempre ha sido mi meta. Llegar lo más saludable posible y con un matrimonio sólido. Él me dice que llevar 26 años en las condiciones que lo hemos hecho, ya es un mérito.
«Gerardo me comenta que muchos no llegan a la mitad pudiendo resolver sus problemas todos los días. Y aunque algunos crean que hemos durado porque no convivimos, nuestro éxito está en tener la comunicación necesaria.
«Ha hecho que esto no sea una fase de estancamiento, de costumbre, de rutina. Siempre está en la motivación para cambiar. Tiene un gran por ciento de éxito en esta relación por sus valores, sus cualidades, su nivel de entrega, no solo a lo que ha hecho, sino a mí.
«A pesar de la incertidumbre, de no saber cuándo regresará, vivo orgullosa de haberlo elegido y sobrepasar los momentos más difíciles. Lo quiero con todos sus valores aunque no idealizo a mi hombre».

Humor que hace vivir

«Gerardo tiene cierto sentido del humor que sabe utilizar con mucho respeto y críticamente. Es optimista, no solo por esta situación, sino desde antes, lo que le ha servido para llegar hasta aquí.
«Aprovecha ese humor y no falta un momento para enlazarlo con la cotidianidad. Eso te hace más llevadera la situación matrimonial. Ayuda saber que hay un hombre que está ahí para cuando lo necesites».
Y ese sentido del humor la acompaña siempre, aunque muchas veces, Gerardo dice que ella «mata su musa» y no lo deja «acabar de madurar». Solo que él no la ha visto reír a carcajadas en la soledad de la noche leyendo sus ocurrencias.
«Me da pena por la gente que me escuche riendo sola. Pero es que siempre está al tanto de todo. Yo digo: ¿cómo sabe que esto está ocurriendo?
«Lo admiro muchísimo como patriota por su rigor, disciplina, fidelidad con todo. Lo admiro por todas las cosas buenas que ha sabido mantener», expresa, y pensamos en que ese cariño mutuo es el secreto para trascender al tiempo.
«Somos dos personas diferentes. Él aparentemente es un hombre relajado, que no le da importancia a las cosas, que siempre está riendo… Yo soy más directa, me gusta todo en su lugar y soy más seria a la hora de enfrentar la vida. A cada rato le pregunto si no piensa madurar y me dice que no», recuerda entre risas.

Un nivel superior para el amor

«A nosotros nos cambió la vida de hoy para mañana. Tener que hablar bajo la presión de que te escuchan; él con un cronómetro en la mano para calcular el tiempo que le queda de llamada. Que te dice ¡“te dejo, te dejo”!, y te quedas con la palabra en la boca. O cuando sientes detrás del teléfono la voz de un guardia llamándolo», afirma y recuerda que ya tienen correo electrónico —que se lo aprobaron hacía poco—, y la comunicación fluye mejor, aunque está monitoreada y se la dilatan bastante.
«¿Cuántas cosas ustedes hablan con sus novios?, ¿cuando su mamá o su papá tienen un problema, para quién se viran? Para la pareja. Es lo mismo de nosotros y no lo tenemos. Siempre discutimos los asuntos y tratamos de saber qué es lo queremos y cómo.
«La comunicación ha sido muy importante y el enemigo lo sabe. Quizá por eso la ha evitado tanto y mantenido bajo control, incluso la interrumpe cada vez que puede. Pero siempre buscamos un nivel superior, siempre decimos que no pueden acabar con ella. El amor da todo esto», alega.
Un amor que pudiera parecer tan imposible e inmaterial, sabe alimentarse bien de ciertos detalles. «Cuando tengo la posibilidad le compro un regalito. Y lo pongo a adivinar. Esa es la forma de que se mantenga dentro de la convivencia.
«No sé hacer postales, no tengo facilidad para hacer dibujitos ni para adornar lo que le mando. Él sí. Yo tengo otro tipo de detalles. Él se muere porque le haga un poema. Yo le digo: “¡Ay, mijo si yo te hago un poema tú te divorcias!” Como no tengo esa creatividad le copio los poemas, las canciones...
«No sé cantar, no me acuerdo de una letra de canción. Él me canta canciones para que las siga y lo que se arma es… Como él dice: “¡Tú, el Himno Nacional y corre!”. Pero así te diviertes y vas haciendo las cosas...
«Esos son los valores que hoy sigo defendiendo. Los valores de ese hombre que elegí cuando tenía 21 años y que, aunque no madure, ¡lo hago madurar a palos! Y él a mí en algunas cosas, porque no me ha podido enseñar a dibujar».
Gerardo ama el deporte nacional. Y cuenta con una narradora de calidad para «transportarlo» al estadio. Industriales es su equipo favorito y Adriana cuando ve un juego de pelota le cuenta cada detalle por teléfono, y cuando gana se echa a llorar porque «no debía ser yo quien disfrutara de eso porque él lo siente, esa es su pasión».
Y ese dolor Adriana no lo grita pero deja heridas, a veces no tan perceptibles. «El otro día le decía: “Yo diera cualquier cosa por tener ropa de hombre colgada en el pedacito donde tiendo. ¿Tú sabes qué hago a veces? Lavo todas tus ropas y las cuelgo. Las recojo y las vuelvo a doblar”. Son las cosas cotidianas que cualquiera hace, que aburren, porque no todo el mundo tiene ganas de lavar ni de planchar, sin embargo, eso es lo que añoro. Porque no lo tengo hace más de 20 años».

Lo difícil del amor

El 7 de noviembre de 1986, Gerardo logró un beso de la muchacha que había conocido semanas atrás en la parada de La Rampa, camino a la escuela. Por fin la joven del poema compuesto el mismo día que la vio iba a convertirse en su novia eterna.
«No conocí a Gerardo siendo héroe. El de mi casa es el Gerardo hombre, el que elegí porque me gustó, porque teníamos intereses idénticos para el futuro, que proveníamos de familias muy unidas y un ambiente estable».
Entonces llegan más risas y esa historia de cómo su mamá se apareció en casa del muchacho misterioso para conocer a la familia. El cuento de que con tres días de noviazgo, Gerardo aceptó la invitación a almorzar de la suegra porque ella «le vio, el hambre reflejada en el rostro». La burla otra vez de esa suegra porque «ya Gera se estaba quedando calvo».
«Cuando a Gerardo lo consideraron culpable me llamó y me dijo: “Mi reina, ya todo terminó. ¿Ya lo sabes? Culpables todos de todos los cargos”. Sentí que la voz le tembló y le dije: “Tranquilo, sabíamos que iba a ser así, hay que seguir adelante”… Él respondió: “¿Tú sabes lo que nos espera? No bajo de cadena perpetua”. Le contesté: “Tranquilo, yo sé que va a ser cadena perpetua”. Fue un momento muy duro», rememora.
Cada situación ha sido compartida. El amor no permite que el sufrimiento sea de uno.
«Intenté permanecer 24 horas encerrada en el baño de mi casa para ponerme en el lugar de Gerardo. Quise tener la sensación de ver lo que él podía estar sintiendo. No las terminé. Salí. Porque tenía al alcance de mi mano abrir la puerta», cuenta.
Gerardo y Adriana continúan con la familia que han formado entre sobrinos y familiares. Pero ese deseo de depositar lo mejor de cada cual en un ser humano quizá no pueda hacerse realidad si prevalece la injusticia que ya los ha separado por 15 años.
«Por mi edad lo estoy dejando sin la posibilidad de tener hijos. Sin embargo, él está preocupado porque, por su situación, tal vez no podré hacerlo. Pero no tenemos hijos porque el Gobierno de Estados Unidos no lo ha permitido y la situación política conllevó a que ellos tuvieran que estar allá y que a las edades en que los condenaron, no lo habíamos hecho.
«Fuimos comprando cositas poco a poco, otras nos las regalaron. Algunas las compré más adelante porque estábamos en período especial y para mí era muy difícil sacar de un salario para la canastilla. Muchas están sanas, guardadas, y son las que en un momento determinado tomaré y regalaré para que alguien les dé uso».
Pero Adriana es fuerte y se lo debe al amor de Gerardo. A pesar del llanto, a pesar del dolor, a pesar de la distancia, a pesar de la incertidumbre…
«No sé si la relación nuestra va a ser toda una vida así. Tengo confianza y esperanza en que no ocurra, en que Gerardo regrese. Pero también tengo los pies sobre la tierra. Hoy la ley dice que Gerardo, con dos cadenas perpetuas, manipulación y todo un proceso contra él, se muere en la cárcel. Hoy para Adriana y Gerardo ese futuro no puede ser».
Aunque triste, a veces conversan sobre ello:
—Bueno, ¿qué vamos a hacer? Te doy la oportunidad de que hagas con tu vida lo que quieras, le ha dicho Gerardo.
—No, yo sigo contigo hasta donde sea.
—Lo único que quiero es que estés segura de que puedes bajarte de esta guagua. Hasta hoy voy a seguir estando orgulloso de lo que has hecho porque me has entregado tu vida. Lo único que te puedo garantizar es que esta guagua va por un camino complicado, que vas a dar tumbos de un lado a otro, que vas a poder vomitar, que vas a poder sentir náuseas. Pero lo único que te puedo decir es que esta guagua va en camino a las estrellas.

Hay que vacunarse contra la violencia



Israel Hernández Álvarez 

   “Disculpe, por favor”, expresó un hombre luego del pisotón que inconscientemente le propinó al joven, de unos 20 años.
  “Qué disculpe, ni disculpe, lo que tiene es que ver por dónde camina”, respondió airado el transeúnte, quien  continuó proliferando palabrotas en medio de su injustificada furia, hasta que ambos se fueron a las manos.
   Ese es solo uno de los hechos de violencia que en ocasiones ocurren en plena vía pública innecesariamente.
   Hay quienes obvian la cortesía, las buenas costumbres: dar disculpas, solicitar perdón o aceptarlo ante un hecho involuntario, y en su lugar emplean la guapería.
 Son muchas las manifestaciones de brutalidad que contradicen las normas de convivencia en una sociedad civilizada como la de Cuba, de la cual se ha dicho que es una de las más educadas del mundo.
 ¿Por qué esos modos de actuación siguen presentándose entre nosotros?
 ¿Acaso las difíciles condiciones económicas que vive el país han contribuido a perder la cordura?
  ¿Será que patrones de conductas extranjeros, vistos en televisión, vídeos u otros medios audiovisuales, están influyendo sobre la realidad cubana?
  Interrogantes como esas podrían convertirse en temas de estudio por psicólogos, sociólogos, o cualquier investigador que desee ocupar su tiempo en asuntos tan importantes.
  La familia, célula fundamental de la sociedad, debe ser promotora de la armonía y no de la discordia, sin embargo a diario se ve a madres y padres que dañan física y psicológicamente a sus hijos y ello los convierte en seres violentos para el resto de su vida.
 Resulta penoso que adolescentes actúen de forma tan feroz que son capaces de privar de la vida a sus semejantes en un riña que, en la mayoría de las veces, pudo haberse evitado con la comunicación, con ese don que le dio la naturaleza a los seres humanos que es la palabra.
  Varios hogares se han enlutado para siempre al recibir en una sala de cuidados intensivos o en la morgue de un hospital a un hijo que horas antes lo habían despedido en una noche festiva.
 La mala formación y falta de amor familiar constituyen ingredientes en actuaciones que llevan en sí el sello del salvajismo y provocan hechos vandálicos.
 Si propugnamos insultos y ofensas en hogares, centros laborales, en la calle u otro sitio donde convivamos es imposible evitar la brusquedad que tanto lacera a los buenos sentimientos.
  La violencia, de acuerdo con estudios, tiene varias formas de expresión y puede ser ejercida mediante presión síquica o abuso de la fuerza con el propósito de obtener fines contra la voluntad de la víctima.
   Se explica también por especialistas en la materia que constituye “una acción ejercida por una o varias personas en donde se somete de manera intencional al maltrato, presión, sufrimiento, manipulación, etc, que atente contra la integridad tanto física como psicológica y moral de cualquier persona o grupo de ellas”.
   Más que conceptualizar el término, sin soslayar sus  definiciones científicas, de lo que se trata es de evitar esa tendencia, creciente en estos años del denominado período especial que vive Cuba.
    Resulta más hermosa la paz, la armonía, la avenencia, la amistad, porque esos atributos unen y hacen fuerte a los seres humanos para enfrentar las dificultades objetivas de estos tiempos de crisis en el mundo, por eso hay que "vacunarse" contra la violencia.

jueves, 31 de octubre de 2013

He sentido bien cerca los efectos del bloqueo




Aída Quintero Dip
Este 29 de octubre volví a vivir la emoción de tantas veces, cuando vibró Cuba en la voz de su Canciller, Bruno Rodríguez, en la Asamblea General de la ONU,  y 188 países votaron a favor de la Resolución “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, financiero y comercial de los Estados Unidos contra la Isla”.
   Con dos en contra, siempre los Estados Unidos, siempre Israel,  y tres abstenciones, la jornada volvió a renacer uno de los capítulos que con más fuerza demuestran el amplio apoyo internacional con el que cuenta mi Patria.
   Otra vez, como en 21 ocasiones anteriores, el mundo dijo No al bloqueo. Ya es hora de que Mrs. Obama respete a la mayoría.
   Ese canallesco cerco de Washington que acabará bloqueando a los bloqueadores y no es un trabalenguas, sino un hecho, como apuntó alguien.
   Debe cesar esa política tan inhumana, ilegal, injusta y reliquia de la guerra fría, que intenta rendir por hambre y enfermedades al pueblo cubano, y clasifica como crimen internacional de genocidio.
   Una violación del ejercicio de los derechos humanos de los cubanos, de ciudadanos de terceros países y de los propios norteamericanos, que asombra y se contradice con la civilización.
   El proyecto de resolución sometido a la Asamblea convocó al levantamiento de sanciones cuyos daños económicos la nación caribeña estima en un billón 157 mil 327 millones de dólares, mientras que califica de invaluables las afectaciones sociales, por su impacto en sectores como la salud.

   Una muestra: Cuba no puede comprar medicamentos en los Estados Unidos para rehabilitar la salud de niños con enfermedades oncológicas, triste realidad de la cual tengo vivencias dolorosas y muy cercanas en el Hospital Infantil Sur de Santiago de Cuba.
   Y de cerquita he sentido los dañinos efectos del bloqueo yanqui que perjudica, por ejemplo,  la fabricación de prótesis para amputados. Ahí está el caso del  profesor hasta hace poco de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Oriente, Jorge Jardines, quien lo sufre desde joven en carne propia.
   Esposo de Rebeca, una colega de trabajo desde que comencé mi vida laboral, y ahora jubilado, él goza de prestigio tanto por sus conocimientos y capacidad de enseñar, como por su entereza para superar la discapacidad en una de sus piernas, que requiere el uso de una prótesis artificial.
   A los 16 años Jorge se vio privado de hacer realidad sus tantos sueños, por un accidente al saltar un muro y quedar su pierna izquierda bajo los escombros. Eso sucedió el 22 de mayo de 1961 y al día siguiente le fue amputado el miembro inferior, por debajo de la rodilla.
   Desde entonces muchas vicisitudes ha sufrido con la prótesis transtibial, cuyos componentes Cuba debe importar como son la fibra, resina, plástico, espuma, tubo, adaptadores, media para el muñón y otros.
   Lo único de procedencia nacional es el yeso para tomar la muestra, aseguran especialistas del Laboratorio de Prótesis Ortopédica de Santiago de Cuba.
   Experimentados profesionales como Ismael Prat y Pedro Pérez, este último con colaboraciones en Venezuela y Haití, precisaron que los componentes de una prótesis transtibial fluctúan de mil a cinco mil dólares en el mercado internacional, según la tecnología, la materia prima y el país.
  Explicaron que en el caso de las prótesis transfemoral (por encima de la rodilla) su valor oscila entre nueve mil y 12 mil dólares, por ser más compleja.
  Sin embargo, los pacientes cubanos solo deben abonar 90.00 pesos en moneda nacional por la primera y 125.00 por la segunda. Generosa mi Revolución, virtud que no ha podido quebrar ni el más brutal bloqueo.

¿Se ha ido de paseo la generosidad?




María Elena Balán Sainz

   Cierto día, entre colegas departimos acerca de esa capacidad de compartir que siempre caracterizó al cubano, desde la taza de café a la cual le invitaba el vecino, o el poquito de sal cedido por la pareja de al lado de su casa para terminar la comida.
   Los abuelos y los padres antes enseñaban a los hijos en el cotidiano quehacer esa capacidad de dar y entender a los demás, de brindar con sinceridad a quien lo necesitara el vaso de agua fría si se le rompía el vehículo frente a la casa y hasta iban a auxiliarlo, sin que mediara interés en recompensa monetaria.
   ¿Quién no agradeció en la beca o en la etapa de la escuela al campo el potecito con comida, el trozo de dulce de guayaba con pan ofrecido por los padres de los compañeros? Porque aunque ese día la familia nuestra no estuviera presente, nunca faltaba la ayudaba generosa que tanto agradecíamos.
   En los pueblitos del interior, sobre todo, había que arrimarse a la mesa de quien convidaba, aunque fuera arroz blanco con huevo frito o una harina de maíz. La ofrecían con tanto afecto que aquello sabía a manjar de dioses griegos.
   Y así fue siempre, desde que los abuelos nos inculcaban ayudar al más desposeído y seleccionaban la ropita ya chiquita para nuestro cuerpecito y la cedían a los niños de otras amistades.
   No debemos dejar morir esa capacidad del corazón humano que nos despierta la necesidad de ayudar a los demás, de entregar parte de nuestro tiempo a causas nobles, de desprendernos de algunas cosas en beneficio de otros.
   Porque es cierto, los tiempos que corren no son como aquellos cuando Carlos Puebla escribió la canción cuyo estribillo repetía “Si no fuera por Emiliana/nos quedaríamos con las ganas/ de tomar café”.
   El músico se inspiró en una humilde mujer de Isla de Pinos, donde estaba con su grupo acompañante y extrañaba el aroma mañanero de la tacita de café hogareña.  Gracias a aquella señora recibían cada día la invitación a compartir el buchito calientito de la gustosa bebida.
   No puede decirse que sea algo generalizado, pero a muchos niños se les cría diciéndoles: No prestes esto, no des aquello, porque nos costó muy caro. O van a la escuela con meriendas suculentas  y las ostentan frente a los compañeritos, sin siquiera decir por educación ¿Gusta? antes de darle el primer mordisco.
   Recuerdo aquel refresco de sirope de fresa que colocábamos en un pomito y el pan con “algo” para la merienda y nuestro hijo salía tranquilo para la escuela. Pero ahora, muchas madres compiten en eso de ponerle en la lunchera el refresco de latica y el sándwich con “de todo” y hasta algunas acuden a la hora del receso para fiscalizar si le da algo al amiguito.
   ¿Se sentirán más felices esas familias que exaltan como valores supremos la comodidad, el éxito personal y la riqueza material?
   Para esos individuos se ha ido  de paseo la generosidad, al parecer. No interiorizan que hoy por ti y mañana por mí, como dice un dicho popular, porque quien menos crea puede ser el que le extienda la mano y le preste auxilio en una situación determinada, sin fijarse en imagen, rango social o relevancia personal.
   La generosidad constituye como especie de una llave que abre la puerta de la amistad,  una semilla de la cual germina el amor, y puede ser la luz que nos saque del oscurantismo materialista dentro del cual muchos se involucran en lugar de buscar la mejor convivencia.

sábado, 26 de octubre de 2013

El bálsamo para curar las heridas de “Sandy”



Aída Quintero Dip
No hay un habitante de la ciudad de Santiago de Cuba que no recuerde hoy las dolorosas huellas del huracán Sandy, tras su paso devastador por esta oriental tierra cubana, hace precisamente un año, este 25 de octubre.
Al contemplar la imagen que dejó el fenómeno meteorológico, en las primeras horas de ese día de 2012, se produjo un dolor inmenso en el corazón de sus moradores y muchos la calificaron como una urbe bombardeada. 
Pero en medio de la conmoción, asombro, nerviosismo, tristeza, añoranza y hasta las lágrimas por tanta pérdida y destrucción, la solidaridad entre vecinos se creció al amanecer, fue el bálsamo para curar las heridas de “Sandy”.
Las manos fueron entonces las mejores armas para desembarazar accesos a casas o calles, para vencer los grandes los obstáculos, como un árbol de mamoncillo de más de 60 años en una cuartería del Centro Histórico, que imposibilitaba salir a los residentes, cuyos techos estaban aplastados por sus ramas.
O aquellos vetustos árboles de la carretera de El Caney que cayeron como por arte de magia y la obstruían por completo, ante el asombro de los más ancianos de la localidad que nunca habían vivido un panorama semejante.
Colapsó la electricidad y quienes tenían reservas de gas licuado o kerosén apoyaron con un trago de café y palabras de aliento a mucha gente solidaria que brindó su modesta ayuda, hasta la llegada días después de equipos especializados para mover las montañas de escombros.
Me contó una colega que a María de Jesús Robert, con su madre postrada y el hijo adolescente, no le faltó la mano amiga en su barrio de la Ciudad Héroe para en los primeros momentos desmochar dos árboles, de yagruma y jagüey, que cayeron sobre su vivienda.
Historias como esta abundaron, y otras muchas muy conmovedoras.
Tengo la vivencia personal de  la casa de Rosa Montoya y Gerardo Silva, convertida en un hogar inmenso para varias familias de la comunidad de San Andrés, en El Caney, que hallaron allí abrigo para pasar la terrible madrugada del 25 de octubre del 2012.
Otra hermosa página de solidaridad se escribió cuando varias viviendas y centros de trabajo que resistieron los embates del huracán, acogieron a alumnos de numerosas escuelas afectadas para no perjudicar el proceso docente-educativo de los estudiantes.
Mas, pocas horas después de la desolación que trajo el meteoro, inundaron la ciudad linieros de todo el país, que en jornadas titánicas restablecieron el importante servicio eléctrico, al igual que lo hicieron trabajadores de ETECSA, constructores, Servicios Comunales…que unieron experiencias y consagración con sus homólogos de este territorio.
Si bien los primeros claros del día 25 de octubre develaron una ciudad devastada en sus cuatro puntos cardinales, los habitantes de esta tierra indómita  no se resignaron al lamento ni al dolor. Lo que siguió ha sido calificado por muchos, dentro y fuera de Cuba, como una proeza.
Quien vio a Santiago de Cuba un año atrás y lo mira hoy, puede valorar en su verdadera magnitud el esfuerzo del pueblo, las laboriosas jornadas de recuperación vividas que no dejaron  a nadie con los brazos cruzados.
La muestra de intrepidez, disposición y espiritualidad de los santiagueros, ante un suceso tan conmovedor para todos, tuvo su mejor expresión en los afanes de rehabilitación que no admitió espera.
También fue destacable el empeño de las autoridades de la provincia, el respaldo de otros territorios que no dudaron en compartir sus recursos, a la par de la ayuda internacional recibida por aire y mar. Y es que realmente amor con amor se paga.
La presencia del Presidente Cubano, General de Ejército Raúl Castro, en los primeros días del desastre para acompañar al pueblo y tomar decisiones imprescindibles ante el desastre, fue un gran aliento para laborar muy duro en esos difíciles momentos.
Hasta en la música llegó el gesto solidario, con la canción del reconocido compositor y cantante Cándido Fabré, quien la dedicó a su provincia natal con el pegajoso estribillo: \"Con el esfuerzo de todos, te vamos a levantar\", que convoca a la esperanza y trabajo unido, para recuperar las instituciones y viviendas dañadas.
Experiencias, relatos y sentimientos emocionaron otra vez al público santiaguero, durante el estreno del documental Amanecer sin mito, del realizador local Ray Milá que expone el proceso de formación del meteoro, su trayectoria por la provincia, las afectaciones más importantes, y las labores de recuperación.
A un año del huracán Sandy, sus huellas están latentes en el corazón del pueblo, pero Santiago de Cuba ha puesto de manifiesto lo que puede alcanzare con trabajo y empeño.