martes, 28 de octubre de 2014

Siempre he vivido bloqueado




  Orlando Guevara Núñez

  Con todos los  sufrimientos  por el bloqueo, no somos un  pueblo amargado.  El bloqueo no ha matado ni ha menguado nuestra alegría. Puede decirse que el humor lo hemos utilizado también como un arma de combate contra los yanquis. Aun en los momentos más difíciles por las carencias o las amenazas, en las profundidades de las trincheras o en los puestos de trabajo, la alegría no ha sucumbido.

   Antes, en los cuentos populares, el papel protagónico para la ridiculización lo acaparaban casi siempre los gallegos, los negros y los curas. Los yanquis han ganado también un puesto en esa lista, aunque no tengan ni un ápice de gracia. Es otra manera de combatirlos y de defendernos.

  Cuentan que una vez se convocó a un concurso internacional de pintura, cuyo ganador debía ser quien con más convicción representara el hambre en su trabajo. El certamen fue en los Estados Unidos. Concurrieron varios países, entre ellos Cuba, a la cual emplazaron para que asistiera. Ya en la sala de competición, se entregó a los concursantes los materiales, lienzos, acuarelas y pinceles de los mejores;  pero el representante de nuestro país fue bloqueado y no recibió absolutamente nada.

  Venciéndose ya el tiempo, los demás hicieron la entrega y cuando los yanquis se aprestaban a celebrar su victoria de haber eliminado a priori al cubano, éste se levantó de su mesa de trabajo e hizo entrega al  Jurado de un pequeño papel. El dictamen, luego de una amplia deliberación, no pudo ser más aplastante para nuestros enemigos. El cubano había ganado el primer premio.

  Hubo protestas y réplicas. Pero el Jurado no cedió. Los demás pintores, incluyendo al representante yanqui, habían tratado de simbolizar el hambre con cuadros ocupados por gentes famélicas, desfallecidas y moribundas. “Puede ser por hambre o por epidemias”, explicó el Jurado. “O puede ser causa de un bloqueo”, argumentó el cubano. Y fue mostrada la obra de nuestro pintor, quien, al no tener materiales, había utilizado el papel de una cajetilla de cigarros, un lapicero desechable y pintó algo que inequívocamente simbolizaba el hambre: un c... con telarañas. Victoria cubana.

  Cierto es que en la política, como en las guerras, siempre hay bajas causadas por la muerte, las heridas o las deserciones. Y esta lucha no ha sido una excepción. Muchos han abandonado a su país. Sobre ellos podría decirse que vendieron su dignidad, traicionando al suelo que los vió nacer.

  Otros se fueron en busca de mejoras económicas y aceptaron la manipulación de hacerse  pasar  por  “perseguidos políticos”. Y hubo quienes  partieron engañados. En un  porcentaje  no bajo se fueron buscando en la sociedad norteamericana el refugio para incubar y desarrollar sus vicios y su delincuencia, sin cabida en nuestro país.

  Se fueron muchos  artistas, pero nunca el Benny, Alicia, Rosita, Silvio, Omara, Naborí, Elena, Celina, Coralia, Ramón, Amelia, Carilda, Carbonell, Joseíto, Barbarito, ni otros miles que han enriquecido a la cultura con la Revolución y a la Revolución con la cultura.

  Se fueron deportistas, pero nunca Linares, Kindelán, Muñoz, Marquetti, Casanovas, Chávez, Rogelio, Vinent, Víctor, Laffita, Cuevas, Rosique, El Curro, Huelga, Gourriel, Marrero, Sotomayor, Ana Fidelia, Stevenson, Juantorena, Figuerola, Savón, La Colón, Mireya, ni otra constelación -infinita- que brilló y continúa brillando para la Patria.

La historia -está demostrado- la hacen quienes resisten, trabajan, luchan y vencen, no quienes retroceden, se acobardan y claudican. Eso ha sido una realidad en Cuba.

 Bloqueo no ha sido sólo que prohíban y nos saboteen las compras y ventas, los créditos, el acceso a nuevas tecnologías. Ha sido también el constante engendro de leyes para cercarnos, acorralarnos y aniquilarnos. La Torricelli, la Helms-Burton y la de Ajuste Cubano son claros exponentes de esa demencial política.

  Los imperialistas tienen tan metido en sus tuétanos el odio hacia los cubanos, que son irracionales al hacer esas leyes. Nada hay tan brutal, estranguladora y prepotente como la Helms-Burton. Suerte para nosotros y desgracia para ellos que para aplicarla en toda su letra tendrían que venir a Cuba y eso sería harina de otro costal.

  Quitarnos lo que nos dio la Revolución equivaldría a privarnos de la propia vida y aquí nadie estaría dispuesto a dejársela quitar. Eso podría explicarse con muchas palabras, pero cito a una anciana que lo definió con sólo tres.  Estábamos discutiendo en un CDR las pretensiones imperialistas expresadas en la ley Helms-Burton. La vieja tenía puesto un oído en la reunión y otro en una telenovela de moda; pero cuando llegó el punto donde se expresaba que las tierras volverían a manos de sus antiguos dueños, junto a las edificaciones ahora existentes en ellas, categoría que incluía a su vivienda, se viró hacia la presidencia y poco ceremoniosa dio su veredicto: ¡Están comiendo mierda! Luego siguió prestando atención a las dos cosas.

  ¿Cuántos años más continuaremos bloqueados? Eso no lo sabe nadie. ¿Cuántos nuevos presidentes de Estados Unidos se echarán al hombro ese oprobio y compartirán el crimen? Tampoco es predecible. Lo único claro es que resistiremos y que algún día los pendones del bloqueo caerán despedazados a nuestros pies. Espero estar vivo para entonces, pero si no lo estoy, mis descendientes serán protagonistas, como parte del pueblo, de una de las victorias más heroicas de estos tiempos a escala universal.

  Lo cierto es que ya llevamos más de medio siglo de férreo bloqueo. De bloqueo incrementado. Más de cinco décadas. Y todos los días esos guarismos crecen. Diez presidentes han pasado y algunos de ellos ya ni siquiera son mencionados. Ninguno pudo materializar su sueño de destruirnos. Y del once para alante todos correrán la misma suerte ¿Cuántos más tendrán que pasar hasta el día de la victoria final de nuestro pueblo?. La cifra la pondrán ellos. La resistencia y la victoria, nosotros.

  La historia, la heroicidad y la grandeza de nuestro pueblo no podrán ser eternamente bloqueadas.

Nota: Me honro en publicar en mi blog este material  escrito por el colega Guevara, hace algunos años.


viernes, 17 de octubre de 2014

Yo me quedo con la carcajada de Adriana




   Lisandra Romeo Matos
   Una mirada humanista a  los Cinco Héroes y el anhelo de acercarlos al tacto y al corazón de cada persona justa, subyacen en el libro Retrato de una ausencia, de los jóvenes periodistas Nyliam Vázquez y Oliver Zamora.
   De reciente publicación en Cuba, ha llegado como una suerte de revelación intimista, un asomo a la vida familiar de Gerardo, Ramón, René, Antonio y Fernando; pero también como una ventana para observar más allá de los hechos que los impulsaron a luchar contra el odio y la muerte.
   Y es que los autores lograron plasmar la esencia de esos patriotas en todas las páginas; mostraron a los hombres de carne y hueso, a los hijos, esposos y padres que son o sueñan ser, como Gerardo, obligado a permanecer de por vida en la frialdad de una celda, sin permitírsele siquiera la visita de Adriana, a quien el reloj biológico le está marcando cada segundo en contra, en su deseo de tener un hijo.
   Por eso -asegura Nyliam- no podía faltar en este texto la personalidad de cada uno, sus historias desde ángulos diferentes, porque ellos son resultado de una circunstancia nacional común: cinco hombres con un pensamiento muy coherente aún cuando haya, desde el momento en que los mandaron a prisiones distintas, una intención de resquebrajar esa unidad.
   Pero el espíritu de cohesión no ha desaparecido, continúa demostrándose en René y Fernando, quienes regresaron a la tierra amada después de cumplir hasta el último minuto de sus respectivas condenas, y siguen desde aquí “guerreando” por la libertad de sus hermanos de causa.
   No por gusto en este retrato predominan los rostros de los Héroes y familiares, captados en fotos y palabras que muestran el dolor intrínseco, pero a la vez la esperanza constante y la voluntad de lucha de esas personas que “se levantan, porque sacan fuerzas de donde no las hay, porque saben que ellos no están ausentes”, como asevera Nyliam, “posiblemente no haya hombres más presentes”.
   En la búsqueda de cada una de esas anécdotas e historias quedaron huellas profundas en nosotros, afirma la joven periodista, pero “yo me quedo con la carcajada de Adriana, con su optimismo de ver a Gerardo, de abrazarle y besarle un día no muy lejano”, aunque la “justicia” norteamericana lo sentenció a dos cadenas perpetuas más 15 años.
    Al igual que el amañado proceso legal al que fueron sometidos Los Cinco en Miami, hervidero de grupos violentos que buscan acabar con la Revolución, también el libro recoge escenas impactantes de crímenes fraguados por terroristas tristemente célebres como Luis Posada Carriles, quien pasea libremente por las calles de esa ciudad norteamericana.
    Tal y como enuncia Oliver, “esos patriotas cubanos estaban en Miami por razones históricas, son producto de la necesidad de un país de defenderse” y por eso la opinión pública, sobre todo la estadounidense, debe conocer de esos actos terroristas que segaron miles de vida, incluyendo la de cientos de niños.
   Es por ello la importancia del primer capítulo, para que la gente que no conoce el caso tenga una lectura completa de lo que ha sido esta batalla por la liberación de Los Cinco, remarcó el analista de temas internacionales.
   Al preguntarle qué no podía faltar en el título, fue rotundo: la solidaridad internacional en torno a esta noble causa. Sería injusto que no hubiésemos incluido ese gesto tan heroico de quienes se han imbricado en esta historia como un cubano más, y que lo único que reciben a cambio es nuestra gratitud.
   Muchos libros se han escrito sobre Los Cinco, desde diversas aristas y maneras de contar el caso, pero sin dudas, este dejará una huella en la gente honesta y sensible a las causas justas.
   No obstante, el reto mayor es “lograr que esta obra rompa los esquemas serios, que han estado sembrados por mucho tiempo en el camino para difundir esta causa, de ahí dependerá el éxito de esta publicación”, aseguró René con el brillo de la esperanza en sus ojos.
   El ángulo humano de Retrato… ha sido lo que más ha impresionado a Fernando, quien también agradece infinitamente que personas jóvenes dediquen dos años de su vida a investigar todos los pormenores sobre Los Cinco para plasmarlos en un libro que pasará de mano en mano y de boca en boca, tocando las fibras sensibles del alma.
Los periodistas Nyliam Vázquez García (I) y Oliver Zamora, autores del libro Retrato de una Ausencia, firman ejemplares del volumen durante su presentación en el Museo Nacional de Bellas Artes, en La Habana, Cuba, el 6 de octubre de 2014. AIN FOTO/Abel ERNESTO

jueves, 9 de octubre de 2014

Este país es mío




   Edda  Diz Garcés
   Decir "este país" refiriéndose a Cuba es gramaticalmente correcto, y en ocasiones también lo es conceptualmente, pero deja de serlo desde el punto de vista ético cuando implica una crítica mediante un distanciamiento intencionado del hablante ante un problema o dificultad.
  Se torna entonces una expresión peyorativa, denostosa hacia la tierra donde nació, y no es justo. Lo mismo en una sala de espera de un hospital que en la bodega o la parada de la guagua, usted puede escuchar a personas quejándose de algo –con más o menos razón- y terminar diciendo, con un tono entre despectivo e indignado: esto solo sucede en "este país".
  Pudieran tener motivos serios para disgustarse y nadie les niega el derecho a quejarse, pero no para apuntar despectivamente desde un pedestal a su terruño y menos aún singularizar de manera negativa el asunto, como si exclusivamente aquí ocurriera algo semejante.
  Un ejemplo recurrente: demora en la atención en la consulta del médico de la familia, desesperante para cualquiera. No creo que a nadie le satisfaga perder el tiempo sea cual sea la causa, quizás por exceso de pacientes, por lentitud del servicio, porque se "coló" alguien u otras acciones injustificables.
  Mas, visto con otro prisma y no precisamente el que utiliza la mayoría de los susodichos indignados, es cierto que esto solo sucede en "este país": consultorios médicos en todo el territorio nacional -incluidas las zonas montañosas, pantanosas, intrincadas, donde "el diablo dio las tres voces"-, con enfermeras, médicos generales integrales, interconsultas con especialistas y otros servicios, para el ciento por ciento de la población cubana, de manera totalmente gratuita.
  Sin embargo, la intención o más bien mala intención de quien habla, obvia esas realidades, incorporadas por la sociedad cubana como algo natural, cuando son excepción en muchos otros lares, y solo ve la falta o el problema, lamentablemente presentes en muchos de los valiosos servicios que recibimos.
  Entonces viene la pregunta del millón que cualquiera puede hacerse: ¿conocerá el crítico a ultranza de "este país" la realidad de otros muchos, aunque sea por referencia? ¿habrá estado en muchos otros? Sinceramente, les he preguntado y por lo general ni me prestan atención, simulan sordera, o en el mejor de los casos, con un mohín de disgusto, ripostan: no, pero sé que "esto" solo ocurre en "este país"...
  Los que responden afirmativamente, por supuesto defienden la perfección impoluta de todo cuanto sucede allende las costas de "esta isla". Malas caras y hasta gritos en un aeropuerto internacional, robo del vuelto en un taxi o un mercado, demoras o insuficiente calidad en la prestación de un servicio, son experiencias vividas por muchos cubanos en otras naciones.
  Ello no justifica para nada su replicación en Cuba, que es y será siempre "mi país", con sus virtudes y defectos, que son también nuestros, míos. Y más que criticarlos desde la distancia, sería mucho mejor contribuir a resolverlos.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Con la melodía del alma


Leydis Tassé Magaña
Han pasado ya dos días de la memorable noche en que Frank Fernández tocó junto a la Sinfónica de Oriente en la Sala Dolores de Santiago de Cuba, y aún se escuchan en la calle, las frases de aprobación de un público complacido ante un espectáculo brillante. Y no es extraño, luego de poco más de dos horas con melodías nacionales y foráneas que parecieron situar al auditorio en una sala de conciertos de los siglos XVIII y XIX, o simplemente, en las nubes, porque quienes estaban sobre el púlpito, no se mostraban como músicos, sino como ángeles conducidos por otro ser superior: Guido López Gavilán.
Ese día la sala parecía más pequeña que nunca. Numerosas personas se resistían a abandonar el local por no disponer de un asiento. Así, con un brillo en los ojos, permanecieron durante toda la velada, levemente interrumpida por las varias ovaciones de pie ante tamaño talento. Quienes asistieron a “La Dolores” rieron ante el placer de la música y las jaranas del pianista. Otros, lloraron ante el “Ave María” dedicado a la madre que nunca lo vio tocar en público. 
Un Mozart, un Tchaikovski, y un Lecuona cobrabron vida tras el rápido movimiento de las teclas de un piano, en la cinética de los violines y cuanto instrumento se presentó. Frank se desdobló nuevamente, riendo, sudando y mostrando seriedad ante cada nota, simplemente, sintiendo la música. Tras cada pieza, unas breves palabras del pianista. De su voz vino el recuerdo para la Celia Sáncez heroína y también humana, para el Juan Almeida amigo, el “joven” músico santiaguero Enrique Bonne  allí presente, y para Santiago y su gente.
Han pasado dos días desde aquella noche, pasarán más, y se hablará de tal presentación. Esperanzador que con un Osmany García cantando a plaza abierta casi en el mismo horario en la ciudad, no pocos santiagueros hayan apostado por la música de concierto. Consolador que con la actuación del autor de “El Mekánico” o “El Chupi Chupi”, varios hayan elegido escuchar al compositor de “La Gran Rebelión” o “Tierra Brava”. Reconfortante tal decisión en estos tiempos en los que, parafraseando a Frank Fernández en una declaración tan aplaudida como su obra, lo que mejor se paga no es lo que más vale.  
Bravo para el maestro Guido, para la Orquesta Sinfónica de Oriente, y especialmente para el pianista, de quien merecidamente el Historiador de la Ciudad de La Habana Eusebio Leal sentenciara: “Es un artista de tal transparencia y fuerza mística que nos hace sentir anticipadamente que el alma se asoma a los límites del cuerpo”. Ciertamente, pudimos apreciarlo esa noche en Santiago, Fernández, más que por sus múltiples condecoraciones, su indiscutible trayectoria y el reconocimiento del público y la crítica de 38 países, es grande por derramar en el teclado, algo que no todos los músicos entregan: el corazón.