lunes, 29 de junio de 2015

Santiago 500: Bertha, la pregonera


Aída Quintero Dip

  Santiago de Cuba no sería la misma sin la pregonera Bertha Lidia Hechavarría Heredia. La gente se ha acostumbrado a verla subir y bajar, sugiriendo mil yerbas y remedios, vivaz y alegre, haciendo caso omiso al ardiente sol que casi quema la piel de la ciudad.
  A la entrada de El Caney, su localidad natal, una valla   con la imagen de Bertha, su sonrisa pícara y bonachona, y la peculiar cesta  de frutas en la cabeza, anuncia que allí vive esta mujer leyenda y tradición.
  ¿Qué hizo para tanto honor? Sencillamente, se adueñó de la magia de las culturas populares de la región  y le erige con su voz un monumento para preservarlas, porque ella es la presencia histórica de África en la cultura caribeña.
   Es la constitución de la sabiduría desde el compromiso con los ancestros; es el vigor de la resistencia.
   Bertha no pregona pensando en lauros: “El que bien hace, bien espera. Yo siempre dije: si la naturaleza cree que yo me merezco algo, llegará. Y esperé. Ese premio es para mí una cosa sagrada y muy sentida. La gente que lo creó es sana y de buen corazón, y cualquier cosa que se haga con idea del bien, no hay mal que entre”.
  Así opina del Premio Internacional Casa del Caribe, consistente en la entrega de la Mpaka, instrumento de adivinación en la Regla Conga cubana o Palo Monte, otorgado al singular personaje en ocasión del XXX Festival del Caribe, en 2010, por lo que significa para la cultura local.
  El reconocimiento ha calado hondo en el corazón de una celebridad de las calles santiagueras como ella, que no puede contar con los dedos de las manos los premios merecidos en su inusual oficio de hace más de 20 años. Cada uno la enaltece, pero ninguno como ese recibido al compás de la Fiesta del Fuego.
  Es que la Mpaka no se entrega en virtud de las experiencias personales ni de los sufrimientos ni de las comprensiones ni de los aprendizajes; ni siquiera de las actitudes que puedan ser consideradas dignas.
   Claro, todo eso resulta necesario y se tiene muy en cuenta, pero la recibe aquel que salvaguarda la unicidad que pervive en lo   diverso de la Cultura Popular Tradicional... la merece aquel que lucha y crea, el que transforma, el que procura y logra dar voz al que no la tiene; aquel que, al decir del poeta, hace camino al andar.”
   Ese es el mejor retrato de Bertha, la pregonera.
   Los días son para ella como de fiesta, y Santiago de Cuba bajo su influjo se estremece de alegría a su paso. Esta mujer siente que su pregón  ayuda a reconfortar el espíritu de sus coterráneos y a defender la tradición y los valores de un entorno del que es síntesis.
  Con una vitalidad asombrosa a sus más de 80 años, ha celebrado otros lauros. Por ejemplo, en 2007, el Premio Memoria Viva, por decisión del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, que reconoce en Bertha la continuidad cultural del Caribe y que su pregón describe la historia de un pueblo.
  Por lo que va siendo ya su legado cultural es reiteradamente homenajeada en el seno de la Peña el Curujey, espacio comunitario de El Caney para rescatar las tradiciones del universal poblado de frutas e historia. 
  Allí no tiene mayor recompensa que el afecto de vecinos y amigos, allí posee su propia filosofía: “Uno tiene que darse a querer por todo el mundo, y hacer el bien; porque tú no sabes en la vida quién te va a dar la mano”.
  Su pregón ha alcanzado notoriedad, fresco, jocoso, de verbo elocuente y picaresco, más que productos, va ofreciendo en su melódica voz la alegría que caracteriza a la gente de su tierra.
   Y también voceando mil yerbas medicinales y hasta miel de abeja;   y sus botellas milagrosas de un preparado hecho con raíces, cáscaras y hojas de plantas que “limpia todo”, según confiesa.
    Bertha irradia felicidad porque Santiago es más cubana, más caribeña con estampas como la que ella protagoniza, cual reina con su corona en la cabeza, purificando el alma de la gente y acentuando la esencia de la otrora villa, con casi cinco siglos en el corazón de Cuba.

jueves, 25 de junio de 2015

Crónica de amor a Santiago




   Ciudad mía y nuestra. Ciudad que hiciste posible una historia de amor. En tus calles encontramos la esperanza, no como una moneda, sino como la ternura. La historia ya escribió tu nombre en el corazón de la tierra. Camino tus calles y camino tus recuerdos y me encuentro con el tiempo. Es importante conversar con el tiempo. Así hablo con José Martí y José María Heredia. Sindo Garay y Miguel Matamoros me saludan  desde la Casa de la Trova, porque el sol sabe que tú eres más que luz. En tus rincones viven escondidos los sueños de uno. Es madre y hermana.
  De tu vientre, donde juegan las aguas del  Caribe, nacieron las estrellas. Una de esas estrellas es  Antonio  Maceo  y  otra Frank País. Ciudad que hiciste posible también el mar. Por ti cantan los caracoles, con el perfume de todas las guitarras. Tú llevas a un trovador en los ojos y tienes a un porta en las montañas. Los pájaros existen por ti. Y todos te amamos después de la muerte. Cantarte es poco, lo que hace falta es quererte siempre. Entregarte la sangre cuando haga falta. Eres una paloma y un alma vigilando la vida. Única ciudad del mundo donde la libertad palpita y crece, como una raíz, en las manos de su gente. Es decir, sin ti la poesía sería una mentira.
  Hay  que  cantarte para hacerte feliz. Ahora mismo, cierro mis ojos, y pongo mi índice en el mapa del universo, lo que señalo es tu belleza y lo que escucho es tu canción. Las mariposas, las  abejas  y las flores saben que tú eres la culpable de mi miel y de esa costumbre que se llama recuerdo. Yo conozco la luna por ti y seré, tan fiel como la sangre del hombre,  heredero y guardián de tu tradición, de tu memoria, de tu espejo que nos devuelve una imagen tan hermosa.
 Te entregaste a la Revolución y se hizo posible.
  A tus mártires y a tus héroes, a tus poetas y a tus trovadores, a tus periodistas y a tus hijos, que fueron los que te fundaron, dicen que hace casi 500 años, les dedico esta crónica de amor a ti, Santiago de Cuba, donde, dijo Martí, refiriéndose a Heredia y a tu historia, las palmas son más altas.

*Crónica de amor a Santiago, de la autoría de Jesús Cos Causse, poeta santiaguero ya fallecido, es también  un homenaje a este hombre que hizo brotar de su alma las más hermosas imágenes,  mediante la  poesía,  sobre su querida ciudad.

miércoles, 24 de junio de 2015

Doña Guiomar, entre el mito y la historia de Santiago de Cuba




María Elena Balán Sainz
   En Santiago de Cuba es donde a veces se recuerda a Doña Guiomar de Guzmán, sobre todo como un personaje de la obra teatral De cómo Santiago Apóstol puso los pies en la tierra, montada por el grupo de Teatro de Relaciones en la década de 1970.
   Para muchos, Doña Guiomar ha sido eso, un personaje de ficción, pero sepa usted que esa mujer tuvo parte activa en la colonización de la Isla.
  Se presume que en 1521 llegó Doña Guiomar a Santiago de Cuba, acompañando a su esposo, el contador Pedro de Paz. Pero no fue durante su matrimonio con ese señor cuando la singular española se hizo sentir en la vida pública de la colonia de aquella época, sino posteriormente, cuando después de quedar viuda se casó con el gobernador Juanes de Ávila.
  Cuentan que cuando murió su esposo, Doña Guiomar se encontraba en Sevilla y nombró a fray Domingo Sarmiento, Obispo de Cuba, para cobrar sus cuantiosas rentas. Pero al darse cuenta de que sus propiedades eran ambicionadas por otro peninsular de  jerarquía que estaba en la Isla, decidió venir nuevamente para Santiago de Cuba en 1540.
  A partir de entonces su nombre apareció con frecuencia en los documentos de Las Indias, por su influencia en la vida política de la colonia. 
  En febrero de 1544 arribó a Santiago de Cuba un nuevo gobernador, el joven licenciado Juanes de Ávila, quien fue a residir a la casa de Doña Guiomar, la cual poseía una de las mejores viviendas de la villa.
  Ya ella era una mujer madura, que había enviudado dos veces y tenía cuatro hijos, pero resultaba muy agradable en su trato y conservaba su atractivo físico.
  Era una dama  astuta, que trascendió el ambiente tradicional de la época en que  las mujeres se dedicaban al bordado y al cuidado de sus hijos.
  A través de sus encantos puso al Gobernador de su parte y ganó pleitos hasta al propio obispo fray Domingo Sarmiento, quien había administrado sus bienes. 
  El hecho de que el Gobernador Juanes de Ávila viviera en su casa, despertó intrigas y chismes, argumentados por el propio obispo, el cual estaba afectado por las decisiones de Ávila a favor de aquella mujer.
  No fue hasta  1545 que contrajeron matrimonio la viuda y el joven gobernador, quien se había granjeado la enemistad de muchos peninsulares a cuenta de Doña Guiomar.  Se dice que ella llegó a ser dueña de la voluntad de sus convecinos y eje de la política de la entonces pequeña ciudad de Santiago de Cuba.
  Para la época en que vivió fue, sin dudas, una mujer excepcional, cuya audacia e inteligencia le permitieron ganar un lugar en la colonización de Cuba, de ahí que ahora cuando la villa festeja el aniversario 500 de su fundación, les demos a conocer esta curiosa estampa.

sábado, 13 de junio de 2015

El Che: La luz de su estrella alumbra todavía



Aída Quintero Dip
  Íntegro paladín de la justicia y la libertad, pudiera decirse que sintetizaba las virtudes de un ser humano. Así era la sencilla y natural grandeza de Ernesto Guevara de la Serna, nacido el 14 de junio de 1928, en Argentina, pero apreciado como ciudadano cubano y del mundo,  porque los afanes por los cuales vivió y luchó no tuvieron fronteras.
  Encarnó el modelo más reconocido y universal de un hombre nuevo, paradigma de una ética revolucionaria y humanista inédita para muchos en el orbe, que conjugó espíritu creador, talento, arrojo y el anhelo por cumplir sencillamente el deber en bien de la humanidad.
  En la casa de la familia de Ernesto Guevara Lynch y Celia de la Serna, en Rosario, no nació entonces hace 87 años un héroe. Nació un niño,   el hijo mayor, torturado por el asma y que rehusaba dejarse abatir por la enfermedad,  el cual manifestaba la madera del guerrillero y el conductor político en que se convirtió.
  Testimonios de quienes lo conocieron, cuando aún era Ernestico y luego en los años mozos, alcanzan para puntualizar los perfiles excepcionales del hombre en los rasgos distintivos de su carácter: una voluntad férrea ante todos los obstáculos y una búsqueda afanosa de la verdad y la justicia.
  Ribetes de leyenda atesora su vida, desde el viaje en moto con su amigo Alberto Granados por países de Latinoamérica, en la rebelde Sierra Maestra empeñado en liberar a Cuba, en El Congo o en las selvas bolivianas, en defensa del negro, del indio, del pobre, rechazando el mito y mostrando al héroe de carne y hueso.
  Realmente el Guerrillero Heroico no es un ser para el pedestal, se le ha de descubrir cotidianamente en la plenitud de su extraordinaria dimensión humana y revolucionaria y en su estrecho vínculo con el pueblo.
  La juventud cubana asume el pensamiento y la vida del Che como modelo sustentado en la forja de valores imprescindibles en las épocas difíciles, sobre todo, en los tiempos de hoy.
  Demostró madurez y carácter en cargos públicos de la mayor responsabilidad y por todos nosotros alzó su voz con palabras profundas en las Naciones Unidas o recorrió  territorios amigos y hermanos en misiones de suma confianza, de paz y solidaridad.
  Cuando ocupó la tribuna de la Organización de las Naciones Unidas frente a cancilleres que se inclinaban ante el amo, acostumbrados a los debates estériles, asombraba la audacia, rigor y profundidad del diplomático sui géneris, quien decía al pan pan y al vino vino.
  Razones hay para evocar al héroe, hecho en  las trincheras y en el trabajo cotidiano, estandarte y estímulo para hallar las fuerzas necesarias y nunca flaquear ante la adversidad ni los infortunios.
  Si de cada una de sus lecciones no aprendimos, de muy poco nos sirvió haber tenido el privilegio de tenerlo entre nosotros o ser simplemente su contemporáneo, porque el Che llevó a su más alta expresión los ideales de solidaridad y el internacionalismo.
  Cayó en el mismo corazón de su América, en su Patria Grande, después de andar por los cerros y desfiladeros de la última república fundada por El Libertador, Simón Bolívar, pero la luz de su propio fuego, la de su estrella, sigue ardiendo, sigue alumbrando todavía.

viernes, 12 de junio de 2015

Antonio Maceo, mucho más que un genio guerrero




Aída Quintero Dip
  El paso por la vida de Antonio Maceo Grajales tiene elementos de leyenda, más su recuerdo rechaza el mito que muchas veces deforma y aleja. Él no es un hombre para las urnas, se le ha de redescubrir en la plenitud  de su extraordinaria dimensión humana y en la intransigencia revolucionaria que legó a los cubanos.
  Santiago de Cuba fue   la cuna del Héroe, donde nació el 14 de junio de 1845 en la otrora calle Providencia No 16, hoy calle Los Maceos No 207; hijo de Marcos Maceo y Mariana Grajales , quien se convirtió en una estoica mambisa, ejemplo de las madres que lo ofrendaron todo por la Patria.
  Llegó a ser Mayor General del Ejército Libertador, considerado un artífice en el empleo de la táctica militar, combatiente de notoriedad y jefe de gran prestigio. Como guerrero tenaz, se calcula que intervino en más de 600 acciones belicosas, con su cuerpo marcado por 26 cicatrices, cual trofeos de guerra.
  Como el Titán de Bronce es conocido en la historia, gracias al ímpetu y arresto con que enfrentó al enemigo, y por su talla como hombre integral. Elevó su celebridad  en febrero de 1878 cuando dio respuesta categórica a quienes gestaban el Pacto del Zanjón, al librar los victoriosos combates de Llanada de Juan Mulato y San Ulpiano.
   El 15 de marzo de 1878 se entrevistó con el general español Arsenio Martínez Campos, para escenificar la viril Protesta de Baraguá, un hecho que colocó en lo más alto la dignidad y decoro nacionales.
   Ninguna valoración lo retrata mejor que esta de Mariano Corona: “Fue Maceo, indudablemente, un hombre extraordinario. Su compleja personalidad ha pasado inadvertida para todos aquellos  que, deslumbrados única y exclusivamente por su genio guerrero, no pudieron observarlo desde otros puntos de vista…Hombre de superior inteligencia, de un poder de asimilación inconcebible, de cultura varia…”.
   Ante la interrogante de las virtudes más sobresalientes del Héroe, muchas personas coincidirían en destacar su aspecto guerrero, ya que su  hoja de servicio resulta impresionante en tal sentido, en las contiendas emancipadoras.
  Hay infinidad de  ejemplos de su gran arrojo en acciones tan asombrosas como el rescate de su hermano José de las trincheras españolas, en el cafetal La Indiana, en 1871.
   Pero fue igualmente brillante su profunda visión y acción política, que desde muy temprano en el panorama nacional le hizo concebir la creación de un partido para organizar la nueva guerra, en 1868.
  Gesta esa que le permitió no solo unir hombres y proyectarlos hacia el sagrado objetivo de la lucha por la independencia de Cuba, a la vez que captar utilísimo apoyo de políticos y estadísticos americanos a favor de la causa.
  El periodista e historiador, Joel Mourlot Mercaderes, confiesa que se siente conmovido por tan fecunda labor en ambos campo, más ningún aspecto en su biografía le deslumbra más que el imperio que en él tuvieron las virtudes humanas.
  La voluntad y la perseverancia, apunta, que le ayudaron a vencer defectos propios, y la rusticidad de sus miras y pensamientos, pasando por un ejercicio perenne, un afán inigualable de aprendizaje; el decoro, que en pocos hombres como él se ha traducido en respeto a sí mismo, a los que se relacionaban con él, al ideal que profesaba, a la Revolución con sus instituciones y leyes; e incluso, al enemigo, todo lo cual le valió a ser considerado ciudadano ejemplar.
   Me sobrecoge su raigal generosidad, enfatiza, que lo mostró magnánimo hasta en medio de la crueldad de la guerra;  bondad plena, porque fue, esposo amante y comprensible, hermano extraordinario, amigo leal, buen hijo, patriota sin par, humanista.

martes, 26 de mayo de 2015

Cuba vive en su cultura



Luz Marina Fornieles  Sánchez

                              “La cultura es la patria (…)”, afirmó Don Fernando Ortiz
  Más allá de las playas y el sol de esta isla del Caribe, Cuba posee la posibilidad de brindarles a  su pueblo y al visitante extranjero un producto cultural de alta calidad estética y genuinamente autóctono.
  La cultura antillana es el resultado de una intensa fusión de los más insólitos patrimonios. Sus diversos componentes se han integrado sin disolverse, dando lugar a la increíble riqueza evidente en todas sus manifestaciones.
  Exhibe la plástica uno de sus mejores momentos y para aseverarlo en la práctica ya está desbordando las calles citadinas  la XII Bienal de La Habana, el evento más trascendente de las artes visuales en el país.
  Los escritores del patio conquistan espacios y se consolidan en posiciones que hasta hace poco devenían insospechadas. En la música se presenta todo un auge, que abarca desde los escenarios más prestigiosos hasta el horizonte cotidiano.
  El son, la habanera, el bolero, el cha cha chá, el feeling, el mambo, la salsa y la timba siguen ejerciendo influencia en el universo, por lo que su disfrute en su ambiente original se convierte en un atractivo inigualable para quienes escogen este destino para sus vacaciones.
  Los creadores locales hacen mover los pies a sus coterráneos y a foráneos dentro y fuera de fronteras.
  El teatro, la danza, el ballet, el cine, la artesanía, la arquitectura, el patrimonio y la gastronomía, expresada en hábitos culinarios muy típicos, conforman un interesante capítulo que fascina e invita a volver a estos dominios.
  En Cuba la cultura está viva y Cuba vive en su cultura, impresionando a quien se acerque a cualquiera de sus múltiples aristas. Como piezas de un enorme mosaico, los diferentes afluentes de la cultura nacional se unen para dar por resultado una composición única y de extraordinaria  relevancia.
  Su gente alegre, acompañada por una musicalidad intrínseca, se desenvuelve muy arraigada a sus tradiciones y costumbres.
  Para palpar esa parte del devenir del isleño común, no hay nada mejor que ir al encuentro de sus monumentos, galerías, anfiteatros, salas teatrales y museos a lo largo y ancho de la Isla, dedicadas esas últimas instituciones a los más variados temas como la historia, la revolución, la música, las ciencias naturales, el arte colonial y decorativo, las armas, los automóviles, la religión, el tabaco, el ron y el azúcar, entre otros.
  La imagen que se proyectaba de la Antilla Mayor hacia el exterior motivó hace unos años reflexiones y la búsqueda de respuestas a la disyuntiva de hacer una cultura para el turismo o insertar  -lógicamente lo más atinado- a los visitantes en la rica y diversa vida diaria y artística del archipiélago.
  Entonces, en una de las ediciones pasadas de la Feria Internacional de Turismo de Cuba (FITCUBA) la relación entre cultura y turismo fue uno de los temas centrales, y como muestra de la vigencia de la cuestión, el producto cultural será uno de los protagonistas  -junto al polo de La Habana y el mercado de Canadá-, de FITCUBA 2016.  Se buscará así continuar por la senda de promover los auténticos valores de la cultura nacional.
   Cuba no vive de su cultura, sino que vive en ella, y con tal fortaleza cuenta esta nación para seguir impulsado el turismo, fuente de empleo y de ingresos,  vitales estos dentro de la actual batalla económica por perfeccionar el sistema social socialista cubano.