viernes, 28 de agosto de 2015

Un aplauso para Cuba en el Día Internacional de la Solidaridad



Lisandra Romeo Matos

  Cuba tiene motivos más que suficientes para celebrar este 31 de agosto el Día Internacional de la Solidaridad, fecha proclamada por la Organización de Naciones Unidas con vistas a contribuir y promover ese valor en las relaciones entre países, pueblos y personas.
   Resultaría difícil hablar de la Antilla Mayor sin mencionar su vocación solidaria y su mano amiga, dispuesta siempre a tenderse hacia aquellos que precisan apoyo ante cualquier circunstancia, sin importar lo difícil que sea.
   Habrá que mencionar entonces, sin chovinismos ni falsas modestias, su presencia en los cinco continentes compartiendo el saber humano que tiene, a pesar de las carencias materiales y económicas acumuladas por varias décadas.
   También las innumerables y crecientes muestras de apoyo recibidas desde el triunfo de la Revolución, el Primero de Enero de 1959, indican que son cada vez más las naciones que defienden la causa de los cubanos.
   Fundado el 30 de diciembre de 1960 por iniciativa del Comandante en Jefe Fidel Castro, el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) ha sido  promotor y guía de las acciones en esta dirección para con los demás países, y viceversa.
   Alicia Corredera, vicepresidenta de esa institución, asevera que el movimiento solidario con la nación caribeña alcanza casi dos mil organizaciones, distribuidas en 153 naciones.
   Esos grupos están conformados por personas pertenecientes a sectores populares y progresistas, interesadas no solo en conocer la realidad cubana, sino que han tomado como suyas las diferentes batallas encabezadas por este pueblo durante más de medio siglo.
   En los últimos años, el amplio movimiento de solidaridad con la Isla se enfocó en la liberación de Los Cinco antiterroristas que permanecieron encarcelados en Estados Unidos por más de 15 años, reconoce la vicetitular del  ICAP.
    “Hoy, ese apoyo se ha redimensionado hacia el reclamo por el cese del bloqueo económico, comercial y financiero que impone el gobierno norteamericano a Cuba desde hace más de cinco decenios, además de divulgar la verdad y las transformaciones positivas en este país, silenciadas por los grandes medios de comunicación masiva”.
    De acuerdo con Alicia Corredera,  otra vertiente del trabajo de esa organización consiste en la realización de actividades con el Cuerpo Diplomático acreditado en La Habana, entre las que destacan la celebración de días significativos y efemérides de los territorios amigos.
   “Nuestros vecinos y hermanos latinoamericanos y caribeños reciben un apoyo especial del ICAP, pues estamos muy atentos a las luchas de sus pueblos”, dijo en alusión a las recientes muestras de solidaridad hacia los gobiernos de Venezuela y Ecuador, debido a los intentos desestabilizadores protagonizados por la derecha.
   Y es que, más allá de expresarla en acciones lideradas por una institución, para esta sociedad la solidaridad y el internacionalismo forman parte de su sistema de valores y se manifiestan en ramas vitales como la salud, la educación, el deporte y la cultura.
   Ejemplos contundentes demuestran la vocación humanista de médicos, maestros, ingenieros, deportistas y profesionales de otros sectores, que han partido hacia diversas tierras para ayudar a los más necesitados.
   La muestra más reciente fue la colaboración de más de 200 profesionales de la salud en países del África Occidental para combatir la peligrosa epidemia del Ébola, sin mencionar la presencia de médicos cubanos que cumplen misión en varias latitudes.
   También están aquellos que llevan “la luz del saber” a los más apartados rincones de la geografía con el método cubano "Yo, Sí Puedo", para enseñar a leer y escribir, traducido a varios idiomas.
   Es por eso que este 31 de agosto Cuba merece el aplauso del mundo  por el  hecho de siempre estar al tanto de las necesidades de los demás pueblos, sin buscar compensaciones a cambio, solo la grata satisfacción de haber contribuido al mejoramient
o humano.

martes, 25 de agosto de 2015

¿Corrupto yo?



Magaly Zamora Morejón
   Corrupción, palabra maldita que algunos prefieren pronunciar en voz baja o sustituir por otras de menor fetidez moral como indisciplina, negligencia o descontrol.
   Actitud indecorosa que como la lava ardiente va cubriendo  todo a su paso y se cuela por debajo de la puerta de climatizadas oficinas, sube en elevadores hasta los pisos más altos de encumbrados edificios, viaja en autos de lujo, se hospeda en hoteles de alta categoría y no distingue esferas, sectores, ni avales personales.
   Punta de un iceberg que se sustenta en la falta de exigencia, el egoísmo, el afán de lucro,  de poseer y ostentar por encima de los demás y sobre todo de la    pérdida de valores como la honestidad y la honradez.
   La historia recoge numerosos ejemplos del daño que puede ocasionar  un jefe militar, un político, un empresario o hasta el más simple de los individuos cuando es capaz de vender su alma al diablo y traicionar la confianza  y la responsabilidad que le han sido asignadas.
   Cuba no escapa a tales hechos, a pesar de la educación impartida, desde edades tempranas a sus ciudadanos, basada en principios de integridad moral.
   Resaltaron en su momento casos como el de la empresa niquelífera, el de Cubana de Aviación y las comunicaciones, reflejados en  la prensa y que envolvieron también, en casi todos los casos a empresarios extranjeros como principales agentes de soborno.
   Más recientemente, el Noticiero de la Televisión se hizo eco de los hechos ocurridos en las actividades relacionadas con la perforación y extracción de petróleo y los cuantiosos daños ocasionados a la economía.
   Habría que preguntarse por qué fallan tan a menudo los sistemas de control y supervisión a nivel de empresas y organismos y hasta incluso pasan inadvertidos para las auditorias los desvíos de recursos, las apropiaciones indebidas y la venta ilícita de propiedades estatales.
   Este mal parece extenderse cual metástasis a las más diversas esferas, pero más que hacer la autopsia  de los expedientes ya cerrados, vale la pena analizar qué condiciones propician la proliferación de actitudes negativas en el comportamiento de los cuadros administrativos y qué hacer para prevenir tales desafueros.
   Un país bloqueado, que ha sobrevivido a extraordinarias presiones internacionales y a incontables pruebas internas, no ha vendido uno sólo de sus principios y ha sabido cortar de raíz cualquier atisbo de corrupción a precios extremadamente dolorosos.
   Sin embargo, ¿de qué serviría todo eso si dejara que ahora, el delito económico carcomiera como el comején, el tronco que sostiene el sistema político de la nación?
   ¿Qué ejemplo estaremos dando si tiramos por la borda tantos años de igualdad social para terminar asumiendo posiciones liberales, donde tengamos que ofrecer por la izquierda alguna prebenda para recibir algo que por derecho nos corresponde? 
   ¿Cuál será el futuro que  nos espera si cada quien  dispone de los recursos de su empresa para su uso particular o para venderlos y engrosar su capital?
   No vivimos en una burbuja y las influencias del mundo exterior son asimiladas de maneras diferentes por los ciudadanos, que en muchos casos no se resignan a vivir de manera sencilla y tratan de solventar sus desmedidas ambiciones a costa del Estado.
    Solamente una sólida formación moral unida al control y fiscalización adecuada en cada puesto laboral puede prevenirnos de caer en la tentación o ponerle freno a tiempo a lo que a veces comienza para satisfacer  una necesidad perentoria y termina en la actitud desfachatada del que se cree intocable y por encima de los demás.
   Hay que tener valor para conformarse con las escasas opciones que permite el salario y explicarle a la familia que los recursos que manejamos no nos pertenecen, mientras  el vecino que apenas acaba de ocupar un cargo comienza rápidamente a cambiar su modo de vida y su conducta .
   No hay mayor gloria que el alma que está contenta de sí, dijo José Martí, el más universal de los cubanos, que con los zapatos raidos,  fue incapaz de tocar un centavo de las contribuciones recogidas para organizar la Revolución.
    Preservar esa gloria que se ha vivido es un compromiso de cada cubano tanto con los héroes que labraron el camino hasta aquí como con las generaciones que vendrán. Está en juego el prestigio y la existencia misma de la Revolución y no se trata de sálvese quien pueda, sino de salvarnos todos de la deshonra y de la condena de la Historia.

viernes, 21 de agosto de 2015

Ofelia, ¿una federada más?




Martin Corona Jeres
   A solo horas del cumpleaños 55 de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), la anciana Ofelia González Osorio, de la ciudad de Bayamo, está alegre porque su provincia, Granma, ganó la sede del acto nacional, y se autocalifica como “una federada más”.
   Sin embargo, es interesante su historia de mujer pobre, nacida en Holguín, en 1933; residente en Bayamo desde los 11 años de edad, y graduada de técnica en química industrial, con notables esfuerzos y expediente brillante.
   Afirma que durante la Guerra de Liberación (1956-1959) su casa fue un campamento, para confeccionar cocteles Molotov y propaganda revolucionaria, esconder a combatientes y realizar reuniones secretas.
    En ese hogar, dice, se le comenzó a llamar San Luis al jovencito Eliseo Reyes Rodríguez, quien entonces marchaba hacia la Sierra Maestra, y más tarde moriría en Bolivia, como parte de la guerrilla de Ernesto Che Guevara.
  También estuvo Hernán Pérez Concepción, miembro del comando que ajustició al criminal Fermín Cowley en Holguín, y luego dirigente del Movimiento 26 de Julio en Bayamo, relata.
   Allí, añade, se alojaron o reunieron Julita Guevara, Robert Paneque, William Ayala, Eloína Guerra,  Cheíta Varona, Rafael Lapinell y otros combatientes destacados.
   Ella comenzó a trabajar en 1959, en el laboratorio de una casa de socorros, y después estuvo en el hospital General Luis Ángel Milanés y en el Banco de Sangre de Bayamo.
    Su trabajo la llevó a participar de manera destacada en las campañas iniciales de la Revolución por la salud humana, con apoyo de la FMC y los Comités de Defensa de la Revolución.
   Con especial cariño recuerda la confección de pañales y juguetes para círculos infantiles, además de otras jornadas voluntarias, varias convocadas “para ahora mismo”, debido a la urgencia de las tareas.
   Ofelia menciona entre sus responsabilidades la de controlar la asistencia de las federadas del barrio al trabajo voluntario.
   Asimismo, dice, convocaba las mujeres para la prueba citológica, y los jóvenes para el examen médico previo a la incorporación al Servicio Militar.
   Recuerda, con tristeza, mujeres que habían adquirido enfermedades contagiosas en el ejercicio de la prostitución, y la Revolución las curó, las educó y les dio empleo.
   No olvida las primeras campañas masivas de vacunación, extendidas a zonas campesinas, en las cuales no existían instituciones sanitarias ni medios de transporte.
   Cercana a los 82 años, Ofelia González Osorio siente el rigor de la edad, pero sigue leyendo mucho, ve televisión y escucha música instrumental a través de Radio Enciclopedia.
   No soy combatiente porque tengo medallas, soy combatiente porque jamás he traicionado los principios de la Revolución, subraya.
 

Génesis de una Federación con madurez y vitalidad



Aída Quintero Dip
   Muchas mujeres han debido existir, luchar, flaquear y vencer para que las de hoy sigan escribiendo esa difícil  historia de construirse un camino propio.
   Inscritos están sus nombres en esa leyenda de heroísmo y rebeldía únicos  tejida antes, durante y después del triunfo de la Revolución. Para honrar a cada una también se fundó la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) porque ellas pusieron la primera piedra con su protagonismo en la forja de la Patria libre.
   Para enaltecer su grandeza en el proceso revolucionario cubano bastaría mencionar a la patriota Mariana Grajales, madre de la estoica prole de los Maceo; o Ana Betancourt, quien se anticipó a la época alzando su voz para proclamar y salvaguardar los derechos de la mujer.
   Otras tantas podrían  sintetizar  su hidalguía en todos los tiempos y las historias anónimas todavía de aquellos días de combate silencioso o frente a frente del enemigo: Haydée Santamaría, Melba Hernández, Celia Sánchez, Vilma Espín, Asela de los Santos, Gloria Cuadras…
   Desde el Moncada y la Sierra Maestra, Fidel avizoró la valía de su aporte. Ahí está el ejemplo de Melba y Haydée en la gesta del 26 de Julio; el de Celia, la primera guerrillera; del pelotón Mariana Grajales, que peleó en los tiempos de la guerra; y Lidia y Clodomira, eficaces mensajeras en la insurrección.
   Igual hizo el avezado líder clandestino, Frank País, el cual les confió arriesgadas misiones y les prodigó el cariño de hermanas; algunas con responsabilidades en el Movimiento 26 de Julio como la veterana luchadora Haydée Santamaría, y Vilma Espín con un aval ganado en la pelea frontal contra el tirano.
   Rostros femeninos subieron a la Sierra a engrosar las filas del Ejército Rebelde, donde cumplieron faenas increíbles; cosieron para el estreno los uniformes verde olivo en el sigilo de la madrugada; resguardaron a los perseguidos en armarios, bajo la cama y en los sitios más inverosímiles, abriendo de par en par las casas y los corazones.
   Su altruismo tuvo reconocimiento, al servir de estímulo a los compañeros de armas, quienes se crecían ante la adversidad al comprobar la actitud de ellas, cual herederas de Mariana Grajales.
   Otras, heroínas ellas mismas del presente, nos recuerdan desde lo más hondo del sentimiento aquella célebre frase del escritor argentino Lucio V. Mansilla... “hay héroes porque hay mujeres”.
   Tantas, cuyos nombres no alcanzan este espacio y tiempo, hacen a diario desde su anónima actuación,  siguen levantando a fuerza de coraje, intuición, energía y sacrificios personales esta obra que no sería completa sin su sonrisa.
   Esos ejemplos han sido el legado más perdurable para las mujeres de hoy, que lo han tomado como bandera para conquistar derechos y espacios; exigir un puesto en el combate y en el trabajo;  ocupar responsabilidades en sectores estratégicos, y servir con desinterés a otros pueblos hermanos.
   “Ellas son la inspiración y la mejor herencia de la Federación de Mujeres Cubanas en sus 55 años de fructífera vida, que se celebra este 23 de Agosto, con probada lealtad, especialmente a su creador y guía, Fidel Castro, y el singular protagonismo de sus miembros”, considera Yuleidis Vega Blanco.
   Para la joven secretaria general de la FMC en la provincia de Santiago de Cuba, es un orgullo dedicar buena parte de su existencia a una organización que seguirá siendo una fuerza poderosa al servicio de la Revolución.
   Confiesa que la motiva a trabajar cada día con mayor consagración junto a su equipo, el hecho de marchar tras las huellas de la más insigne federada, Vilma Espín, la Heroína que constituye paradigma en la forja de virtudes en las nuevas generaciones.
   Para estar a su altura no escatima tiempo ni energías, afianza el sentido de pertenencia, perfecciona la política de cuadros con la selección de mujeres abnegadas y comprometidas, prepara a las jóvenes y reconoce a las fundadoras.
   “Esa vocación de ser útil, estar en la primera trinchera del deber, de dar el primer paso para cumplir tareas,  sin olvidar la condición de madres, esposas e hijas en la formación del relevo, la aprendimos de Vilma, la eterna presidenta de la FMC hasta el último aliento.
   “Nuestra organización tiene el mérito de atesorar la madurez de los años y la vitalidad del primer día, y lo evidencia el hecho de que seguimos trabajando con ahínco, conquistando espacios, asumiendo misiones y, sobre todo, comprometidas con el futuro”, destaca Yuleidis Vega Blanco.

viernes, 31 de julio de 2015

Eloína Miyares...en presente y futuro



M.Sc. Miguel A. Gaínza Chacón
No busco llegar hasta la Eloína Miyares Bermúdez creadora, junto a Vitelio Ruiz Hernández, del Diccionario Básico Escolar o el Léxico Activo Funcional del Escolar Cubano ni a la Dra. Honoris Causa ni a la Heroína Nacional del Trabajo de la República de Cuba ni a la brillante conferencista sobre temas lingüísticos.
Quiero encontrar, aun después de su adiós el pasado 26 de julio, a la mujer sencilla, a la madre ejemplar de vientre fecundo, que trajo al mundo ocho hijos, de estos tres pares de mellizos, y que fundó con Vitelio una familia paradigmática.
Esta tarde hay polémica en el patio de la casa de calle 8 esquina a 7, en Vista Alegre. Unos hijos dicen que las piezas de repostería eran de la dulcería de Ferreiro y que ellos mismos las buscaban casi al amanecer; otros afirman que debieron ser en almíbar y hechas por la propia Eloína.
No reparo en ese detalle. Es más importante que en 1967 y principios de 1968 en esta casa donde estoy hoy para hurgar en la vida de una cubana excepcional, Eloína, tan amable y servicial que nos dejaba sin habla, se aparecía siempre con dulces y limonada bien fría para nosotros.
Llegábamos allí dos o tres becados de la Tecnológica Antonio Maceo, llevados por Oscarito, con los años el entrañable e inolvidable Oscar Ruiz Miyares, el Monstruo. Ni recuerdo cómo empezó la amistad. Él no era alumno de la “Maceo” pero nuestros albergues estaban en Vista Alegre y quizás nos unía el mismo encanto por The Beatles, Los Fórmula V, Leonardo Fabio…  Siempre cantaba “Hoy corté una flor…” pero las guitarras las poníamos nosotros.  
Tampoco recuerdo si a Eloína y a Vitelio les gustaba lo que tocábamos. Ahora sé que los padres de Oscarito eran adictos a la música y no parecía molestarles la cantaleta que formábamos. Pero a sugerencia de Oscar y para no importunar, trasladamos el escenario de las actuaciones de la sala al patio, al cual teníamos acceso por un pasillo lateral de la casa.
Cuarenta y ocho años después vuelvo al patio. Faltan para siempre Oscar y Pepín, pero Vitelio Manuel, Raúl, Jorge, Daniel y Leonel me ayudan a reconstruir la imagen de Eloína. Francisco (Pancholo), médico, está en Qatar. En la saleta dormita Vitelio, el padre, quien por teléfono y con voz cortada había dicho: “Estoy derrumbado”.
LA GUÍA CERTERA DE MAMÁ
 “De nuestra madre, nosotros siempre hemos tenido una influencia enorme, tanto de ella como de mi papá, Vitelio Ruiz Hernández, en cuanto a la formación dentro del ámbito de la ética, moral, la disciplina… Se nos dio siempre un seguimiento en el aspecto cultural, en nuestra superación profesional; en cuanto a la solidaridad, a la hermandad. Todos somos profesionales pero ninguno cogimos una misma carrera universitaria. En el contexto familiar existen médico, abogado, ingeniero, historiador, filólogo… Y cada uno tuvimos la guía certera y muy atinada de mamá. Me gradué de abogado, en la especialidad de Fiscal Militar. Muy atinadamente esa disciplina, esa pre…ocupación constante por cada uno de nosotros nos ayudó. Ella nos hacía partícipe a todos de su obra, nos pedía criterio, escuchaba opiniones, asumía nuestras acotaciones, las analizaba y decía ‘tú tienes razón’. Y lo sobresaliente es que no se circunscribió solo a criarnos sino que aportaba su granito de arena a la sociedad, no solo santiaguera sino nacional, en la especialidad de lingüística, del magisterio, la pedagogía.” (Vitelio Manuel)
SIEMPRE SE RESPIRÓ EN CASA EL PATRIOTISMO
“Quisiera hacer énfasis en dos cuestiones: en primer lugar, la rectitud, la proyección y la visión de mi mamá sobre la perspectiva de cada uno de sus hijos en el estudio. Ella siempre nos exigió con fuerza pero también con ternura. Era una persona muy amable; tenía el don del convencimiento pero con mucho cariño. Era una madre protectora para todos. Y también sobre cómo proyectarnos como hombres de bien de la Patria y del mundo. Siempre se respiró en esta casa un espíritu de patriotismo; un espíritu de cultura… cultura que se fue cultivando en la memoria de todos nosotros, a partir de algo muy sencillo: las narraciones que hacía cuando se iba la corriente eléctrica en los años 60, 70, y nos reuníamos y ella contaba Las Mil y una Noches, Simbad el Marino, las novelas de William Shakespeare… y luego en las librerías, en las enciclopedias aquí, buscábamos para conocer las interrogantes que mi mamá dejaba abiertas. Eso nos fue fomentando la cultura y el interés por la investigación; el interés por conocer el mundo más allá de lo que está cercano a uno. Y en gran medida, esa cultura que hoy tenemos se lo debemos a ella, a mi papá, pero fundamentalmente a ella, porque siempre nos incentivó el conocimiento a las humanidades. Y soy maestro gracias a ella y a mi papá. Yo era un poco díscolo… repetí sexto grado. Y ella previó que me iba a casar joven y me puso en la Formadora de Maestros Frank País y me hice maestro, y luego me hice historiador gracias a ella, por esa visión de futuro que tenía.   Era una persona que siempre supo orientar la educación de sus hijos … con mano fuerte y a la vez con ternura.” (Raúl)
UNA EXPERIENCIA MEMORABLE
“Mi mamá, desde que éramos pequeños, nos enseñó a través de sus cuentos. Ella seguía una tradición oral que según su referencia le venía de su papá, de Manuel Miyares. Nos llenó nuestra niñez de unos cuentos fantásticos. Era una experiencia memorable sentarnos todos por las tardes, alrededor de ella, y lo mismo era Aladino, Simbad… Ella tenía una gran habilidad para recitar. Crecimos con todos esos poemas de Martí. De mi mamá se puede escribir mucho. En este momento doloroso a nosotros nos reconforta escuchar, leer cómo la gente se refiere a Eloína Miyares. Tengo un recuerdo en particular: estábamos en una Escuela al Campo, en Veguitas, en los sesenta y tantos. Estábamos mi mellizo, Pepín, y yo. Era domingo, llegaban los padres. Papá estaba viajando y ella no llegaba. Estábamos un poquito triste.  De repente a lo lejos llega un camión, se levanta una polvareda, y cuando se fue aplacando el polvo apareció Eloína Miyares… ya casi de noche, cuando los padres comenzaban a retirarse pero ella llegó. Era así. Tenía otras cualidades pero la primera es que era madre amantísima de sus hijos. Nos quería entrañablemente y eso mismo la fue curtiendo. La vida le deparó muchos golpes pero se sobreponía a las dificultades, a las tragedias… tuvimos tragedias familiares. Pero nos enseñó a sobreponernos, y siempre con cariño, con candor; es inolvidable su sentido del humor, su sonrisa, su alegría, su amor por la música. Nos enseñó a amar la música, igual que mi papá, tanto popular como clásica. Y nos enseñó algo muy especial: a ser santiagueros. Ella nos enseñó a adorar esta ciudad.” (Jorge) 
TENÍA A SANTIAGO EN EL CORAZÓN
 “Abarcar todas las cosas de Eloína Miyares en una sola conversación es muy difícil. Pero si algo yo quería resaltar era lo referido a Santiago de Cuba. A mi mamá le podían hacer cualquier oferta para trabajar fuera de la ciudad… Yo recuerdo   un ofrecimiento a ella y a mi papá para mudarnos para La Habana, por un trabajo que debían realizar. Y ella no quiso. ¿Ud. sabe por qué? Porque  tenía a Santiago de Cuba como algo muy particular. Si veía noticias en la TV enalteciendo logros, a ella le parecía que no era suficiente… quería tanto a nuestra ciudad que cualquier homenaje que se le hiciera a Santiago a ella le parecía poco. Y eso no es más que el amor que sentía por su tierra.  También eran proverbiales su perseverancia y su visión para con sus hijos. Cuando yo estaba en los Camilitos…yo siempre canté pero necesitaba ayuda de otro compañero con la guitarra. Y antes de irme para la Unión Soviética ella me exigió que aprendiera a tocar guitarra. Después me convertí en un trovador canto y me acompaño gracias a la persistencia de Eloína Miyares Bermúdez. Yo fui militar, me gradué y todo, pero al final me convertí en un cantante.  Mamá era extremadamente dulce. Cualquier cosa humana le hacía brotar las lágrimas. Y además, todo lo que hizo lo llevó a cabo con un total desinterés. Simplemente quería, que el prójimo, su barrio, su ciudad, su provincia, la Nación, incluso más allá de sus fronteras… todo lo que ella concibiera individual o colectivamente, fuera para el provecho del ser humano.” (Daniel) 
DEDICACIÓN TOTAL A LA FAMILIA Y AL TRABAJO
“Mamá y papá son paradigma, ejemplo no solo para nosotros sino para muchos investigadores, para muchas personas, por la dedicación total a la familia y al trabajo, a la educación en el hogar, que es lo más importante; marcaron pauta, al hacer estudios en todas las vertientes de la lingüística. Empezaron por la fonética, después el léxico, luego la ortografía; tuvieron resultados palpables y divulgaron la parte científica, la docencia. Papá funda el Centro de Linguística Aplicada en enero de 1971; mamá se incorpora dos años después y yo de forma casual, pues necesitaban un ingeniero en computación. Entré, hice el sistema computacional con más de 700 000 palabras del Léxico Activo Funcional del Escolar Cubano, diccionario electrónico, el sistema para sordos e hipoacúsicos… ahí nació la lingüística computacional en el Centro. Y como mami y papi me enseñaron a no ser absoluto digo que creo que ahí comenzó la rama de la lingüística computacional en Cuba. Y ahora más que nunca no puede dejarse caer el batón. Ahora, con su ejemplo, hay que seguir adelante, con más cohesión.” (Leonel)
IMPRESIONANTE LA UNIDAD FAMILIAR
“Yo llegué a esta casa muy jovencita y lo que más me impresionó desde el principio fue la unidad familiar; cómo Eloína mantuvo siempre esta unidad entre los hermanos, que eran varios y con sus diferencias. Nuestros hijos son iguales y es por ese ejemplo. Esa mesa se llenaba: los siete hermanos, las siete nueras, los 14 sobrinos. Ella hacía que el espacio diera para todos y montaba un campamento. Y todo el que llegaba debía ser agasajado fuera de la familia o no. Era una cortesía. Ella disfrutaba eso aunque el recién llegado fuera de la familia o no.” (Alicia, la nuera)  
NUEVE HOMBRES SE INCLINAN
Ocho hermanos y Vitelio, el esposo: nueve hombres y ella la voz superior, en Gallo, entre San Mateo y San Antonio, donde vivían. Eloína asignaba tareas: Vitelito y Oscar, fregar; Pancholo, recoger la mesa… Luego, en Vista Alegre, igual:    lavar, buscar los mandados. Los mayores con el papá al mercado a comprar víveres.
En las cuestiones domésticas, los hijos tenían que ayudarla porque ella era sola. Vitelio estudiando en España… Entonces    asumía el trabajo del esposo en la Universidad. Hacía sus turnos de clase y luego impartía clases a los grupos de Vitelio. Era lógico que los muchachos se encargaran de tareas domésticas.
Pero el esfuerzo de Eloína parecía no tener límites. Trabajaba el día completo, y por la noche daba clases en la Facultad Obrero Campesina.
Los hijos hacían un juego de palabras Eloína-Heroína. De niña pasó trabajo pero el tesón fue superior y se hizo maestra normalista. Vitelio va a La Habana a hacerse Dr. en Pedagogía, pero ella no puede acompañarlo porque a los nueve meses de casarse nacieron Oscar y Vitelio Manuel; trabaja y estudia, se hace Licenciada en Letras en 1971, después Doctora; por las madrugadas estudia ruso.
Además de Vanguardia Nacional en siete ocasiones y prominente federada y cederista y de sus colectivos del barrio en esas organizaciones; militante del Partido muy activa, el currículo profesional de Eloína es simplemente muy extenso: una treintena de cursos y seminarios nacionales a maestros y profesores sobre el amplísimo campo de la lingüística; talleres; decenas de proyectos desde 1966 hasta la actualidad, sobre ortografía, léxico, los morfemas en el sintagma nominal, psicolinguística, Diccionario Escolar Computarizado, Léxico Activo Funcional del Escolar Cubano; Diccionario Básico del Español Caribeño, versión electrónica del Diccionario Básico Escolar…
A lo precedente se suman decenas de publicaciones desde 1966 hasta la actualidad, incluida la ortografía técnico práctica, cursos a locutores y actores de radio y TV, y la lingüística aplicada en Cuba y en otros países de América, Europa, y por extensión decenas de premios, medallas, órdenes…       
Eloína Miyares Bermúdez deja una impronta indeleble en el campo de la pedagogía y como investigadora del Centro de Lingüística Aplicada, en Vista Alegre, porque su vida estuvo consagrada al mejoramiento del idioma y por ende de la cultura popular.
Santiago de Cuba, agradecida, le otorgó el Escudo de la Ciudad. Pero en verdad fue recíproco el reconocimiento, pues de Eloína son estas palabras dichas en una ocasión a la periodista Aída Quintero Dip:
”Santiago de Cuba es para mí la vida… Adoro todo cuanto tenga que ver con Santiago: su paisaje, los niños, los peloteros, los artistas, su  historia extraordinaria, y nuestro pueblo con su carácter, su alegría… Hasta comerme un mango de bizcochuelo es especial para mí… Me estimula ser santiaguera, vivir, crear aquí, y las muestras de cariño que he recibido como reconocimiento a mi obra, que es también de Vitelio, mi compañero en la vida y el trabajo.”