viernes, 2 de diciembre de 2016

¡Hola, compadre Raúl!



Martín A. Corona Jerez
Sentado en un banco, detrás del monumento de la Plaza de la Patria, quisiera poder aprovechar esta larga noche de velorio, para conversar con Raúl, como hacían “antes” los compadres del campo, cuando había “novedad” en la familia.
   Podría, por ejemplo, empezar diciéndole que mi cuñado Luís Pérez tenía 13 años, estaba en Pozo Empalao y vio, bajo unos ramajos de guásima italiana, al expedicionario que cumplía la petición de Raúl de esconderse hasta el otro día.
     El hombre había decidido entregarse a los casquitos, y Raúl, además de quitarle el fusil, le solicitó que lo  hiciera cuando el grupo de compañeros estuviera lejos de aquel lugar.
       Delante de Luís caminaba un casquito, pero el muchacho no dijo nada.
    Le relataría cómo Baldomero Tamayo Cedeño, el alto, fuerte, de manos enormes, se enteró de que Fidel había llegado a la casa de un campesino de La Convenencia y seguía rumbo a Purial de Vicana.
     Baldomero, para sacar a su muchacho del peligro que se respiraba en Ojo del Toro, lo mandó para La Convenencia, a casa de un primo de la mujer, hermano de Daniel Hidalgo (el guajiro visitado por Fidel), el niño supo del cruce del Comandante en Jefe y se lo contó al padre.
   Según Baldomero, cuando se lo dijo a Raúl, este brincó de la piedra donde estaba sentado, lo levantó en peso y le dijo: “¡Ahora sí ganamos, Viejo, ahora sí ganamos!”
    Le diría que me pareció demasiado osada la travesía sin guía de la finca de Neno Hidalgo a Cinco Palmas; pero me gustó la precisión de Ernesto Che Guevara, al decir que desde entonces Raúl fue el segundo jefe de la Revolución, sobre todo porque conservó las armas después de la dispersión en Alegría de Pío.
    Preguntaría si aprendió y usó las 12 palabras torneadas que le enseñaba un campesino de la Sierra Maestra, para salvar la vida en los combates, como había hecho el padre del guajiro en la Guerra de Independencia.
   Podría preguntarle por qué Fidel y él solo se volvieron a reunir en Cinco Palmas una vez, en 1986.
   Lo elogiaría, porque lo vi en 1994 discutiendo, horas y horas, con dirigentes de todos los organismos, provincias y municipios del país, en las reuniones llamadas del ¡Sí se puede!, para diseñar cambios en temas de alta política y de la más menuda cotidianidad.
     Comentaría su revelador discurso en la Cumbre de las Américas en Ciudad de Panamá.
    Expresaría mi agrado ante el reconocimiento de Fidel, más de una vez, al pensamiento propio e independiente de su hermano menor.
    Le diría que su información del deceso de Fidel la ubico entre las más estremecedoras que he escuchado. Recordé la arenga de Máximo Gómez al Ejército Libertador para informa la muerte de Antonio Maceo.
    Destacaría que Fidel conoció que moriría a los 90, y lo dijo, y  en la pasada década del 60, un espiritista oriental, José Ramírez, le dijo a un campesino que Fidel gobernaría hasta los 80 años.
    Agregaría que el Comandante en Jefe, guerrero victorioso hasta la médula, escogió bien la fecha para morir, porque Cuba se ha convertido en centro noticioso del planeta, y la etapa de cambio presidencial en Estados Unidos dificulta la creación de eventos alternativos, para desviar la atención de la prensa.
    En ese sentido, le recordaría lo que hicieron los gobernantes estadounidenses cuando el Papa Juan Pablo II visitó a Cuba, y cuando los primados de la Iglesia Ortodoxa Rusa y la Iglesia Católica firmaron, en La Habana, un pacto de trascendencia sin precedentes.
    Me gustaría darle el pésame por el fallecimiento de Fidel, y le diría que no tengo palabras para calificar la entereza del hombre que, con personalidad propia, sigue al hermano mayor desde la niñez.
   Afirmaría que Fidel es Fidel, como Cuba es Cuba, y Raúl es, sencilla y brillantemente, fiel. No hubo casualidad cuando los padres lo nombraron Raúl Modesto.

En Santiago de Cuba, una avenida para la Patria y para Fidel



Por Leydis Tassé Magaña
   Cuando los moradores del reparto de Yarayó, en la ciudad de Santiago de Cuba, conocieron acerca de la construcción de una moderna vía en ese sitio, en ocasión del aniversario 500 de la otrora villa, en julio de 2015, una alegría desbordó aquel lugar, totalmente remozado con esa obra, hoy considerada una hazaña de la ingeniería en
este oriental terruño.
  No pocos salieron de sus viviendas para dar su aporte, aunque fuera con un vaso de agua o un traguito de café, a los obreros y especialistas empeñados en dejar lista la avenida que, llamada Patria, conectaría la emblemática Plaza de la Revolución Antonio Maceo Grajales con el cementerio Santa Ifigenia, Monumento Nacional.
  Este cuatro de diciembre, quienes viven en las proximidades de ese vial,  también dejarán sus casas, ahora para ver pasar por última vez a quien cambió con una Revolución el destino de los cubanos, al hombre que, acusado por la injustica, no tuvo mejor indulgencia: la de la historia.
  Patria, no habría nombre más simbólico para la arteria por la que este domingo transitará Fidel Castro en su trayecto hacia la eternidad.
 Esa arteria tiene unos tres kilómetros y al comenzar desde la Plaza hacia la necrópolis, puede verse en el costado izquierdo, sobre un mural hecho de piedras de Jaimanitas, la frase La Patria ante todo, de Antonio Maceo.
 Cuenta a su vez   con un separador central con cuidada jardinería y una iluminación soterrada con torres del alumbrado público de 10 metros de alto, equipadas con tecnología Led, todo lo cual, unido a la intensa labor de rehabilitación de las viviendas e instituciones ubicadas allí, además del cuidado y sentido de pertenencia de sus moradores, le aportan elegancia y majestuosidad.
  El camino concluye con una rotonda situada en las inmediaciones del camposanto y que facilita el flujo vehicular hacia el centro urbano José Martí, el reparto Marimón y la zona industrial, de esta urbe.
  Nuevamente la Patria es un motivo para perpetuar allí el verbo elocuente de los héroes, porque cerca de la rotonda y recibiendo a todo el que llega al cementerio, está una valla con la frase de José Martí: Patria es humanidad, una sentencia que el Comandante hizo suya tantas veces al internacionalizar la solidaridad, la esperanza y compartir con los necesitados lo que Cuba poseía, no lo que le sobraba.
  Cuando en 2015 los vecinos del reparto Yarayó se enteraron de que tendrían una nueva avenida, una alegría desbordó ese espacio de Santiago.
  Ahora, poco más de un año después, las mismas personas que observaron su edificación, junto a otras tantas que se les sumarán desde diversas partes de Cuba y el mundo, verán allí el recorrido de la caravana que trasladará las cenizas de Fidel hasta su sitio de definitivo reposo, al lado de Martí,  cuyas doctrinas llevó en su corazón.
  Entonces muchos llorarán, no pocos seguidores de la vocación cristiana se persignarán en señal de respeto, otros gritarán ¡Viva Fidel!, porque no lo creen muerto, innumerables serán las reacciones en la simbólica vía santiaguera, pero todas indicarán la solemne acogida del guía, el padre, el amigo.
  Saben que la avenida Patria, finalmente, lo conducirá a su eterno encuentro con la historia.

jueves, 1 de diciembre de 2016

El Fidel que yo conozco

 Por Aída Quintero Dip

  De los artículos sobre la personalidad del líder de la Revolución Cubana, entre los que más me han conmovido está El Fidel que yo conozco, de Gabriel García Márquez, concebido desde la perspectiva de un amigo sincero y con la profundidad y hermosura que singulariza el estilo del Premio Nobel de Literatura, ya fallecido.
  Desde la mirada del afamado escritor colombiano, Fidel se reveló más allá de los méritos históricos de haber hecho una Revolución grandiosa, en las propias narices del imperio, y mantenerla invicta por más de medio siglo, tras forjar una Patria reconocida por sus valores de dignidad y soberanía.
   Seguramente las virtudes que cautivaron a García Márquez son las mismas que aprehendieron a muchos, mas reseñadas desde los afectos y la admiración conquista diferente.
    Por ejemplo, “su devoción por las palabras, su poder de seducción, va a buscar los problemas donde están, los ímpetus de la inspiración son propios de su estilo, paciencia invencible, disciplina férrea, la fuerza de la imaginación lo arrastra hasta los imprevistos, el mayor estímulo de su vida es la emoción al riesgo, es el antidogmático por excelencia”.
   En el revolucionario de primera línea en los acontecimientos más trascendentales de la nación en el siglo XX y XXI, sobresalió la actitud ante la derrota porque “aun en los actos mínimos de la vida cotidiana, parece obedecer a una lógica privada: ni siquiera la
admite, y no tiene un minuto de sosiego mientras no logra invertir los términos y convertirla en victoria”.
  Otra cualidad: no hubo un proyecto grandioso o pequeño, en el que no se empeñó con pasión infinita, especialmente si tenía que enfrentarse a la adversidad. “Nunca como entonces parece de mejor talante, de mejor humor. Alguien que cree conocerlo bien le dijo: ‘Las cosas deben andar muy mal porque usted está rozagante’”.
    Según García Márquez, su más rara virtud de político es esa facultad de vislumbrar la evolución de un hecho hasta sus consecuencias remotas, potestad que no la ejerció por iluminación, sino como resultado de un raciocinio arduo, tenaz, de análisis exhaustivos, tras la búsqueda de causas.
    La tribuna de improvisador pareció ser su medio ideal; comenzaba con voz casi inaudible pero iba ganando terreno con su inteligencia, carisma, capacidad hasta que se apoderaba de la audiencia. “Es la inspiración: el estado de gracia irresistible y deslumbrante, que solo niegan quienes no han tenido la gloria de vivirlo”.
  Y es que cuando Fidel hablaba con la gente en plena calle, el diálogo recobraba expresividad y la franqueza de los afectos más sentidos. Por eso lo llamaban sencillamente Fidel, como un amigo cercano, un padre, un hermano. Lo abrazaban, le reclamaban, le planteaban problemas, le discutían, en un intercambio sui géneris donde prevalecía la verdad sin titubeos.
  “Es entonces que se descubre al ser humano insólito, que el resplandor de su propia imagen no deja ver. Este es el Fidel Castro que creo conocer: Un hombre de costumbres austeras e ilusiones insaciables, con una educación formal a la antigua, de palabras cautelosas y modales tenues e incapaz de concebir ninguna idea que no sea descomunal”, aseveró su gran amigo.
  Por eso soñó con los pies sobre la tierra de que los científicos cubanos lograran medicamentos salvadores, o la medicina final contra el cáncer, y creó una política exterior de potencia mundial, en una isla infinidad de veces más pequeña que su enemigo potencial, sin vulnerar un solo principio, con la dignidad y ética como bandera.
  Así es sencillamente Fidel,  el primero en el combate, el primero en el ejemplo, que dejó de fumar para tener autoridad moral para luchar contra el tabaquismo, y con la convicción de que los estímulos morales, más que los materiales, son capaces de cambiar el universo y empujar la historia.
  Parece perpetua la meridiana claridad del hombre del yate Granma, el asalto al Moncada, de La Historia me absolverá y los días de la guerra en la Sierra Maestra, multiplicadas  hoy en una visión de  América Latina en el futuro, la misma que la de Simón Bolívar y José Martí, una comunidad integral y autónoma, capaz de alumbrar como el alba y mover el destino del mundo.
  Avizorando siempre y defendiendo posiciones; fue los Estados Unidos el país que más conoció después de Cuba, sabía a fondo la índole de su gente, sus estructuras de poder, las segundas intenciones de sus gobiernos, un arsenal que le ayudó a sortear la tempestad del criminal bloqueo económico, financiero y comercial contra la soberana nación.
  “Una cosa se sabe con seguridad: esté donde esté, como esté y con quién esté, Fidel Castro está allí para ganar”, lo reafirmó su entrañable amigo colombiano, quien “al verlo muy abrumado por el peso de tantos destinos ajenos, le pregunté qué era lo que más quisiera hacer en este mundo, y me contestó de inmediato: pararme en una
esquina”.
  Ese fue y es Fidel, quien sacrificó su vida con placer por la felicidad de los demás, quien marchó invicto y convertido en bandera y en historia viva será el mejor paradigma para las nuevas generaciones.

Fidel, artífice en la unidad de la Revolución

 
Por Aída Quintero Dip

  Al valioso patrimonio que atesora Cuba en su larga contienda redentora, lo distinguieron siempre tres artífices que actuaban como un solo haz a la hora de asumir misiones y enfrentar  todas las batallas:
el pueblo, el Partido y Fidel.
   Con el honor como coraza marcharon cohesionados cumpliendo el mandato que significa andar en tiempos convulsos con la cabeza erguida, sin retroceder ni ceder ni vulnerar un solo principio ante amenazas y peligros.
 Así definían el espíritu inclaudicable de los hombres y mujeres de
esta pequeña Isla.
   El criterio del propio General de Ejército Raúl Castro de que el único sustituto de Fidel es el Partido, ratifica la esencia de una organización y de un hombre  identificado en la verticalidad de su actuación, con una  vida y una obra en las que fluyeron los intereses
supremos del pueblo.
   Una organización política que se ha ganado ese derecho por su prestigio,   autoridad, y ligazón con las masas, heredera del Partido Revolucionario Cubano, fundado en 1892 por José Martí para hacer la Guerra Necesaria, tras una labor monumental, juntando a los veteranos y a los pinos nuevos en pos de la independencia.
   Como reconoció su forjador y guía Fidel: “El Partido es hoy el alma de la Revolución”, y no pudo tener mejor simiente; se nutrió delPartido Socialista Popular, el Movimiento Revolucionario 26 de Julio y el Directorio Revolucionario 13 de Marzo que decidieron disolverse por sí mismos y forjar una sola vanguardia.
   Honraban de esa manera las enseñanzas legadas por José Martí y
Vladimir Ilich Lenin.
   En un gesto que la historia registra por su altruismo y reflejo de un modo de actuación diferente, el excepcional revolucionario  Blas Roca Calderío, quien ocupó la alta responsabilidad de secretario general, puso en manos del Comandante en Jefe la roja bandera del destacamento forjado por Carlos Baliño y Julio Antonio Mella.
  Cuando Fidel dio a conocer oficialmente la aspiración de crear el Partido Unido de la Revolución Socialista, enfrentando  esa situación con valentía, sin divisiones, tras criticar y rectificar errores y tendencias;  se salvó la unidad de la Revolución  y la pureza del
proceso de formación del partido marxista-leninista.
   Con ese antecedente como baluarte nació el Partido Comunista de Cuba -cuya fecha de fundación  es el 16 de abril de 1961-, la más elevada conquista de la Revolución, su mejor fruto,  y garantía de la resistencia y continuidad histórica porque es carne y sangre del pueblo trabajador, con el cual comparte afanes y victorias.
  Su principal inspirador y guía no pudo ser otro que a quien hemos seguido y seguiremos desde sus días de rebeldía universitaria, del Moncada y La Historia me absolverá; de la prisión fecunda y la carta de México; del Granma, Cinco Palmas y  la Sierra Maestra; de la Crisis de Octubre y los días gloriosos de Playa Girón y de Angola.
  El cubano que en cada paso que dio se arraigó junto al pueblo, al que sirvió hasta el último aliento, a pesar de sus 90 años y la salud resquebrajada, lo que revela su grandeza de revolucionario excepcional.
  Su indeleble magisterio nos confirma que fue el mejor discípulo de José Martí, vital en la forja de las nuevas generaciones y de cuadros capaces de llevar adelante la experiencia cubana, marcada por una ética   de actuación  con elevadas pruebas  de lealtad ante los
principios e incorruptibilidad ante el poder.
  El secreto de lo que algunos han calificado como el milagro del sistema socialista cubano está en la unidad y la confianza mutua entre pueblo, Partido, y Fidel y Raúl y los principales dirigentes de la Revolución.
  Ese ha sido el escudo, la única fórmula que el enemigo no puede descifrar, pues desconoce la fortaleza de un pueblo cohesionado,  en defensa de una bandera y un ideal.
   Una verdad validada por el hecho de que el pueblo ha sido dirigido por un Partido de vanguardia, que con su ejemplo y acción ha merecido el respeto ante las masas; y en la certera conducción ejercida  por la dirección histórica  de la Revolución, liderada por Raúl y Fidel que, aunque ahora no estará físicamente, tendremos su ejemplar vida y obra como guía.

miércoles, 19 de octubre de 2016

La cultura, escudo de la nación cubana

Aída Quintero Dip
     De esencia raigalmente patriótica, la cultura cubana  tiene su simiente, se afianza  y fortalece en las ricas tradiciones históricas de la Patria.
   Es célebre la frase pronunciada por el Comandante en Jefe Fidel Castro, en el VI Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, de que “lo primero que hay que salvar es la cultura”, no solo por el patrimonio valioso que atesora, sino como escudo y sostén de la nación.
  La cultura de nuestra Isla es diversa y pródiga, famosa en el mundo entero, con figuras emblemáticas que la han hecho trascender,   o géneros y manifestaciones nacidos al calor de la búsqueda y la autenticidad.
   Pero no se circunscribe únicamente a ello, hay que entenderla en su vastedad, como el conjunto de acontecimientos y resultados que definen  una nación desde el punto de vista político, social y económico, y por su espíritu libre y creador.
   Santiago de Cuba, por ejemplo, sobresale por la fuerza de su son y de trovadores como Miguel Matamoros; escritores de la talla de José Soler Puig, ganador de un premio Casa de las Américas;  y otras muchas voces poderosas en la música y la poesía, o manos hechiceras de la plástica.
  Esta tierra rebelde y musical como ninguna, es madre de José María Heredia, poeta de la Patria; de Sindo Garay, juglar de las ventanas; de Amador Montes de Oca, que puso sus versos en el fuego,  y de otros artistas que hicieron posible que la cultura tuviera una trinchera.
   Pero también se manifiesta con gran hondura popular, esa que es carne de sus pobladores, no es coyuntural, efímera ni de espectáculo, más bien se pasea virtuosa, genuina, para encantar a quienes la disfrutan aquí o en cualquier parte.
  Es la que moldea el obrero en su torno, aporta la maestra con clases magistrales, la científica que descubre medicamentos para alargar la vida, el campesino que hace fértil la tierra y el estudiante que aprende  hoy para entregar mañana.
   Constituye  una síntesis que define y salva: a los seres humanos, a un pueblo, a una época.   Es, al decir del destacado intelectual santiaguero, ya fallecido, Joel James: “Espacio natural   y duradero, donde se asienta la independencia de un pueblo”.
   La revolución, en su esencia y en su sentido, representa el más alto logro cultural de nuestra Patria, enseñó a los cubanos a pensar, a ver, a caminar y a saber cuál era el camino verdadero.
  Como trigo que fecunda y canto por entonar no solo cada 20 de Octubre, la cultura es tributo al patriota Perucho Figueredo, quien, además del machete en los campos de batalla, levantó un himno de amor y combate   por la libertad.


martes, 27 de septiembre de 2016

Un adiós a las armas



Yaima Puig Meneses
CARTAGENA DE INDIAS, Colombia.— «La apuesta de hoy es por la paz», coincidieron en destacar a la prensa cubana numerosos colombianos en el transcurso de estas jornadas de emoción que embarga sus calles y poblados. Y es que este se ha convertido en uno de los momentos más trascendentales vividos por nuestra región en los últimos años.
En un abrazo de paz para Colombia devino la liturgia iniciada poco después del mediodía de este lunes en la iglesia San Pedro Claver, ubicada en el centro histórico de Cartagena. «Bienvenidos a esta oración que elevamos, confiados a Dios, por Colombia», dijo monseñor Jorge Enrique Jiménez Carvajal, arzobispo de Cartagena.
Allí estuvo también el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, para acompañar y compartir, junto a otros mandatarios, representantes de organismos internacionales, cancilleres e invitados, al pueblo colombiano en este momento de amor y esperanza.
Oficiada por el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, la ceremonia religiosa de casi una hora de duración se erigió en una oración por Colombia, por la concordia del pueblo colombiano, por la Pa­tria toda, con el ánimo de unir a las diferentes religiones en una oración por la reconciliación y la unión del país.
El cardenal Parolin trajo a Colombia las palabras de apoyo del Santo Padre, quien ha seguido con gran atención los esfuerzos de estos últimos años en favor de la paz. «Luz para el camino y las decisiones que los colombianos deben tomar», pidió en su oración.
Mientras, el Presidente Juan Manuel San­tos pedía a Dios sabiduría para hacer de Co­lombia «una sola familia, en la que ninguno se sienta solo ni excluido».
Y como signo de paz y reconciliación, los presentes se saludaron entonces, sin importar credos o nacionalidades, para dar por concluida así la emotiva ceremonia.
Ya avanzada la tarde, hicieron su entrada en la Explanada de San Francisco, ubicada en el Centro de Convenciones de esta ciudad, los mandatarios aquí presentes, todos conducidos a sus lugares tomados de la mano de niños, por cuyo futuro se ha firmado este acuerdo.
Junto a ellos entró el mandatario cubano para ocupar su lugar en la presidencia de la ceremonia, que marca el inicio de un nuevo proceso que requiere del aporte y la voluntad de todos los colombianos.
Más de dos mil quinientos invitados agitan sus manos o pañuelos blancos, la plaza es toda luz no solo por los colores que en ella emergen, sino también por los rostros de emoción y felicidad que la colman… porque buscar un futuro sin violencia ha sido el propósito acariciado por tantos años.
El Acuerdo Final descansa en la mesa, a su lado el «balígrafo» con que será firmado, un bolígrafo hecho con proyectiles de fusil, símbolo de la transición de las balas a la educación, al futuro.
Primero, y en nombre de las Fuerzas Ar­madas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP), fue la rúbrica de Ro­drigo Londoño, alias Timoleón Jiménez o Co­mandante Timochenko. En el centro de prensa, se escucharon entonces los primeros bravos de una larga lista de expresiones de apoyo que acompañaron toda la jornada.
También habló el Presidente Juan Manuel Santos, quien en un sencillo y bonito gesto ofreció a Londoño el broche en forma de paloma que traía en su camisa, símbolo de una paz que por tanto tiempo han añorado.
El fuerte apretón de manos selló el acuerdo; un acuerdo ya escrito, pero al cual corresponde ahora dar vida en este país.
Tenemos la convicción de que, con la unión de todos los colombianos, la paz puede ser duradera, expresó Ban Ki-moon, Secre­tario General de las Naciones Unidas, al tiempo que aseguró todo el apoyo necesario en el largo camino que aún queda por delante.
Al baluarte en que se han constituido Cuba y Noruega como garantes de este proceso agradeció más adelante; también a Venezuela y Chile como países acompañantes. «Gracias a estos acuerdos pueden mirar el futuro con mucho optimismo», dijo a los colombianos.
«Al pueblo bondadoso y bendito, que nun­ca abandonó la esperanza de poder vivir en paz», estuvieron dedicadas las primeras palabras del Comandante en Jefe del Estado Mayor de las FARC.
Toca al pueblo colombiano convertirse aho­ra en el principal garante de todo lo pactado, dijo. Poner punto final a la larga lucha de enfrentamientos continuos era una deuda pendiente con los niños de este país y que ahora comienza a saldarse.
En sus palabras tampoco faltó el «agradecimiento a Cuba, al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, al General de Ejército Raúl Castro Ruz y al pueblo cubano en general»; igualmente, al Reino de Noruega y a su pueblo.
Reconocimiento especial a Hugo Chávez y al Presidente Nicolás Maduro, continuador de su obra, al igual que a Chile, por el papel de­sempeñado.
«En nombre de las FARC-EP ofrezco sinceramente perdón a las víctimas del conflicto por todo el dolor que hayamos podido ocasionar en esta guerra», fue el colofón de sus pa­labras.
También a las víctimas, «quienes han sido el centro y la razón de ser de la solución de este conflicto», fue el primer saludo del Presidente colombiano. Asimismo, agradeció a los mandatarios que llegaron a esta ciudad a acompañarlos.
Una ciudad que a partir de ahora será recordada no solo por su belleza natural y arquitectónica, sino también «como la ciudad donde se firmó el acuerdo más importante de Co­lombia, la ciudad de la paz».
«Prefiero un acuerdo imperfecto que salve vidas, a una guerra perfecta que siga sumiendo en el dolor a nuestras familias», por eso, a partir de hoy, hay una guerra menos en el  mundo.
En la Plaza, la gente ríe, aplaude, llora, se abraza, en medio de un ocaso maravilloso que cerraba suavemente la tarde. Conmovedores sin dudas los momentos vividos este septiembre en Cartagena, con los cuales se abren de una vez y por todas las puertas a la paz, se silencian los fusiles y se acaba la guerra.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Acciones que la vida siempre premia



Aída  Quintero Dip
  El Héroe Nacional José Martí advirtió desde pasados siglos  que “Hombres recogerá quien siembre escuelas”, y otra de sus memorables frases enuncia: “Besos recogerá quien siembra besos”, en auténtica alusión al valor de los afectos en las relaciones humanas.
  Tal práctica es evidentemente una garantía  en la formación de hombres y mujeres íntegros, dignos, sanos de mente y alma, y capaces de asumir tareas con mayor disposición y posibilidades de cumplirlas con éxito.
  Esa sentencia tiene plena vigencia  en la forja de las nuevas generaciones  y en el papel que en ese aspecto corresponde desempeñar a la familia, máxima responsable de crear hábitos de convivencia   y una conducta social y moral que propicien relaciones  positivas desde la cuna, para lograr adecuado comportamiento a nivel social.
  Es vital que los padres, las madres, abuelos, abuelas  y tutores comprendan la importancia de estas cuestiones   en la creación y defensa de valores en los niños, niñas, adolescentes y jóvenes.
  De tal manera podrán fomentarse la honestidad, la honradez, la laboriosidad, la lealtad, la solidaridad  y otras virtudes imprescindibles para el ser humano en el decursar de la vida.
  Aunque en cuestiones de educación, en el seno del hogar  no hay receta, sí hay un elemento que no puede soslayarse en el fomento de buenas relaciones y es la comunicación en el seno familiar.
  El intercambio debe ser diáfano, franco, directo, en el cual no falten muestras de ternura, en aras de provocar posturas y actitudes edificantes que casi siempre la vida premia, sin frases ambiguas ni posiciones acusativas que dificultan el diálogo.
  No basta con sentir afectos, es preciso demostrarlo; hacerles partícipes del cariño y respeto que profesamos por los padres, hijos, abuelos y hermanos, e incluso, por los amigos; demostrar quiere decir que es necesario que la persona sepa cuánto la apreciamos y queremos.
  Buscar el momento oportuno para reuniones familiares, que no sea únicamente para la advertencia  y la reprimenda; darles espacio también a la congratulación y al beso por una buena nota o una buena acción, contribuye al desarrollo de una convivencia armónica y probablemente feliz.
  Estos son pasos y actitudes importantes en el seno del hogar para asegurar que la escuela tenga mayores éxitos en el desarrollo del proceso docente-educativo y en la formación integral de las nuevas generaciones.
  Debe otorgársele la prioridad que merecen esas acciones en el interés de forjar hombres y mujeres no únicamente dotados de vastos y útiles conocimientos  y un acervo cultural amplio, sino de cualidades que los conviertan en mejores seres humanos.
  Ahora, cuando estamos al comenzar el curso escolar 2016-2017, es ocasión ideal para fomentar en los educandos cualidades esculpidas en el hogar  porque casa y escuela constituyen un binomio de gran alcance para contar con personas de bien en el futuro.