miércoles, 14 de agosto de 2019

Celebración por el cumpleaños 93 de Fidel, por su eterna sobrevida



Aída Quintero Dip 
Con expresiones de amor y respeto los santiagueros rindieron homenaje y evocaron este 13 de agosto al eterno líder Fidel Castro, por el aniversario 93 del nacimiento del excepcional y preclaro hijo de Cuba que hizo y condujo una Revolución más grande que nosotros mismos y legó una gigantesca obra en beneficio de su pueblo.
Su recuerdo está más vivo que nunca en la tierra heroica y rebelde por la que sentía un especial cariño, y que su gente le reciprocó con la confianza de un padre, hermano o amigo en el Parque Céspedes, en la Ciudad Escolar 26 de Julio, en el balcón del antiguo Ayuntamiento, o sencillamente en cada calle y en cada casa.
Nadie olvida que en esta ciudad de épica tuvo su Moncada, esa madrugada gloriosa del 26 de julio de 1953 en que el cielo fue tomado por asalto; y su 30 de Noviembre, el día en que la urbe se alzó vestida, por primera vez, del verde olivo de la sierra y la esperanza para apoyar el desembarco del Yate Granma.
La misma que estremeció a los cubanos con su Primero de Enero en el propio corazón de la urbe, para proclamar el triunfo de una Revolución a la que enseñó a cuidar como la niña de los ojos, para que ningún enemigo prepotente y soberbio pudiera dañarla ni arrebatarle la libertad.
Se evocó este 13 de agosto su vínculo extraordinario con esta ciudad brava y hospitalaria, donde vino a estudiar desde niño, sintió el apoyo incondicional de Frank País y los luchadores clandestinos en los días de la guerra, y le inspiraron y tendieron los brazos para mantener bien alta la espada, en su empeño de constructor de la Patria nueva.
A su regazo venía una y otra vez a celebrar victorias, recordar la historia y a sus mártires, reflexionar sobre medulares temas de la política exterior y de situaciones internas como lo hace un padre con sus hijos e hijas; o denunciar, en complicidad, maniobras del enemigo que no se conformó nunca ante la osadía de Fidel y los  cubanos.
Se mantiene en la memoria colectiva lo ocurrido el primero de enero de 1984, cuando le entregó el Título Honorífico de Ciudad Héroe de la República de Cuba y la Orden Antonio Maceo, por simbolizar el heroísmo de un pueblo y de una nación;  ni su conmovedora frase de Gracias Santiago, que caló profundamente en la gente.
Palmo a palmo en este pedacito de Cuba conocen bien de la grandeza de Fidel, el hombre que puso luces en el corazón de los cubanos para que aprendieran a leer y escribir y para que aprendieran también a defender sus conquistas hasta con las uñas si fuera necesario.
Testimonios abundan de que sembró amor a manos llenas, lo siente una mujer sencilla que se llama Meida; también Zeyda, quien fuera miembro del Consejo de Estado y él siempre le ponía la mano en el hombro y le decía santiaguerita con mucho cariño, o el locutor Noel, el cual cumplió todas sus órdenes el Primero de Enero porque "Santiago ha sido el baluarte más firme de la Revolución".
Y esta tierra que celebró con los sueños cumplidos el cumpleaños 93 de Fidel, siente el privilegio adicional de custodiar sus cenizas y rendirle honores todos los días, con la certeza de que se continúa la marcha con lealtad indetenible tras su ejemplo, levantando un monumento a su mayor legado: la unidad.
Este día se recordaron sus visionarias palabras porque el Comandante en Jefe había vaticinado en la clausura del Cuarto Congreso del Partido Comunista de Cuba en la histórica plaza Antonio Maceo de Santiago de Cuba “(…) los hombres pueden morir, ¡pero las ideas no morirán jamás!
Ya lo dijo el cantor de la hermana Venezuela, Alí Primera: Los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos. Fidel seguirá latiendo a nuestro lado y al frente como el guerrero invicto de todas las batallas, vivo en el alma de la Patria, en el corazón de Santiago.

domingo, 28 de julio de 2019

Fidel y Chávez pusieron luces en el corazón de América



Aída Quintero Dip

  Dos líderes y revolucionarios excepcionales que pusieron luces en el corazón de América e iluminaron también el mundo, como Fidel Castro y Hugo Chávez,  vivieron experiencias únicas en defensa de sus ideales y cultivaron una amistad entrañable, de afectos y sincero cariño.
   Historias recopiladas en el libro Cuentos del Arañero, de los periodistas cubanos Orlando Oramas y Jorge Legañoa - publicado en 2012- hablan del vínculo de padre e hijo entre estos dos hombres de talla universal.
   Por ejemplo, en una que tituló ¡El colmo de los colmos!  el Comandante bolivariano revela detalles del día que tuvo deseos de lanzar a Fidel al agua y lo evoca  como un hombre interrogador insaciable que no se queda con ninguna duda y trata de ir más allá de la respuesta que se le pueda dar porque como muchos han subrayado, Fidel es Fidel.
   Resulta que estaban en el lago navegando en canoa en el estado de Bolívar cuando cumplió 75 años y lo volvió loco a preguntas me dijo: “Chávez, ¿qué velocidad tú crees que trae el agua allá en la cascada?”. Me dieron ganas de empujarlo al agua. ¿Qué voy yo a saber?
   “Calcula, echa un cálculo allí de cuando viene cayendo el agua, no es muy difícil, tú haces así y más o menos calculas. Calcula tú”, me dijo: “Debe venir como a 300 kilómetros por hora y cuando está llegando abajo 350”, respondí.
    Pero después me dice: “¿Y qué profundidad tendrá este lago?”. “Tendrá como 15 metros”, yo inventando. “¿Y la temperatura del agua?”.
   “Bueno, no sé, chico, será como 20 grados”. Entonces, mete el dedo en el agua y dice: “No, 17,5 grados”. ¡El colmo de los colmos! ¡El preguntador sin fin!    
Comandantes, anécdotas de Hugo Chávez y Fidel Castro.
  Es una parte jocosa de una relación muy especial en la vida de quienes dieron voz, oportunidades y derechos, como gestores y artífices de verdaderas revoluciones con el mérito indiscutible de la inclusión y atención a todos los sectores de la sociedad.
  Fue mucho el amor que cimentaron en su pueblo hacia el prójimo, la justicia y la paz. Por su carisma y estirpe guerrera se crecieron ante la adversidad, garantía de que continuarán  siendo bandera de lucha al paso de los siglos.
  Hoy se honra a dos hombres de corazón bueno, de mirada profunda, analítica, que supieron ser como Simón Bolívar,  gigantes de nuestro continente para unirnos, robustecernos y dar luz al Alba y a la Celac como inspiradores e impulsores de la integración latinoamericana para hacer realidad los sueños del Libertador.
   Como líderes brillaron en las batallas internacionales frente al imperialismo, persistiendo en los ideales de unidad de las fuerzas revolucionarias; amaron, protegieron, alertaron, denunciaron, defendieron y salvaron a su pueblo con la misma pasión y firmeza que en tribunas de la ONU desafiaron las más insospechadas barreras y afianzaron la fe en el futuro.
  Los sentimientos de lealtad y responsabilidad  que sembraron ante la Revolución Bolivariana de Chávez y la Revolución cubana de Fidel y sus pueblos seguirán fructificando en Venezuela y Cuba, donde el compromiso de llevar a la práctica su legado y ensanchar su concepto de Patria Grande crece por minuto.
  Es que Hugo Chávez y Fidel Castro son pueblo, Patria, leyenda; continuarán haciendo lo que falta por hacer en América todavía, construyendo sueños junto al Libertador.
 Ícono de afanes por el mejoramiento humano, con un discurso creíble en defensa de los más necesitados, legaron una obra invicta que trascenderá la época como sembradores de ideas que acercan los amaneceres y los nuevos caminos. 
  Venezuela es el techo de América Latina y no el patio trasero de los Estados Unidos, como siempre reiteró Chávez, y Cuba es esa tierra que hizo una Revolución más grande que nosotros mismos con Fidel a la cabeza que se ha mantenido erguida, sin vulnerar un solo principio en más de 50 años de genocida e ilegal bloqueo económico, comercial y financiero.
  Y sus continuadores que son muchos, asumirán su herencia, sus retos y los proyectos de quienes protagonizaron una extraordinaria batalla durante su fecunda vida y que ya hicieron su entrada en la historia como próceres de la América nuestra.
  En los testimonios de sus compatriotas, paradójicamente el criterio más repetido es que Chávez vive y vivirá en el alma de la Patria, mientras Yo soy Fidel dicen los cubanos en presente porque ya lo dijo el cantor venezolano Alí Primera: “Los que mueren por la vida no pueden llamarse muertos”.
  Se les recuerda enardecidos, persuasivos, elocuentes; amorosos, dialogando con la gente; con la sonrisa franca, alegría y optimismo ante la vida; ingeniosos y felices  jugando pelota en La Habana; hablando desde las raíces de los Andes.
  Para estadistas, religiosos e intelectuales son referentes históricos ineludibles para los pueblos del mundo, en tanto eligieron el rumbo bajo la estrella que ilumina y mata, como diría el poeta, consciente de que: “Es la hora de los hornos y no se ha de ver más que la luz”.
  Inspiran los más hermosos sentimientos, lo lloran y rwecuerdan como un padre o un hijo, lo veneran como libertadores a quienes regalaron su pasión por una sociedad más justa, donde los humildes también tuvieran su lugar y sus derechos, porque en cada obra de beneficio social para su país y la América, laten y pulsarán siempre sus nobles corazones.
 Ícono de afanes por el mejoramiento humano, con un discurso creíble en defensa de los más necesitados, dejó una obra invicta que trascenderá la época como sembrador de ideas que acercan los amaneceres y los nuevos caminos. 
  Este elogio de José Martí al venezolano Cecilio Acosta, bien podría ser dedicado tanto a  Chávez como a Fidel:
   “Amó, supo y creó. Limpió de obstáculos la vía. Puso luces. Vio por sí mismo. Señaló nuevos rumbos. Le sedujo lo bello; le enamoró lo perfecto; se consagró a lo útil. Habló con singular maestría, gracia y decoro; pensó con singular viveza, fuerza y justicia. Sirvió a la Tierra y amó al Cielo. Quiso a los hombres, y a su honra. Se hermanó con los pueblos y se hizo amar de ellos…
  “Abrió vías, que habrán de seguirse; profeta nuevo, anunció la fuerza por la virtud y la redención por el trabajo…Los que le vieron en vida, le veneran; los que asistieron a su muerte, se estremecen. Su patria, como su hija, debe estar sin consuelo…”

sábado, 27 de julio de 2019

Con intensidad se vivió en Santiago otro amanecer del 26 de Julio


Aída Quintero Dip
   Otro amanecer glorioso del 26 de Julio, Día de la Rebeldía Nacional, vivieron este viernes con intensidad los santiagueros, orgullosos de ofrendar a los héroes y mártires de la gesta de 1953 una obra conquistada y renovada en 60 años de victoria revolucionaria.
  Es convicción de su pueblo que Santiago de Cuba siempre está en 26, pero cuando llega este día de julio es como si se revitalizara con mayor fuerza el espíritu creador de sus hombres y mujeres, en pos de nuevas metas y de nuevos desafíos para aportar al avance de la nación. 
  Ya es 26 de Julio y los testigos más cercanos de la epopeya se  afanaron en  cumplir los compromisos con la fecha patria, sobre todo, con las obras en ejecución para saludar la proeza y homenajear a los moncadistas, el más digno tributo que puede hacerse en aras de mejorar la calidad de vida del pueblo.
  En el aniversario 66 de la hombrada heroica, cuyo honor de la celebración nacional mereció la provincia de Granma; en la indómita tierra se hizo realidad la convocatoria de multiplicar la laboriosidad y generosa entrega de su gente, para multiplicar también los resultados en beneficio del desarrollo y de la sociedad.
  Haciendo honor a tanta historia los hijos e hijas de la heroica ciudad recibieron  inspirados su fecha cumbre y le regalan un pueblo cohesionado, de solidez ideológica, capaz de vencer cualquier escollo para mantener invicta la Revolución, por la cual muchos compatriotas dieron su sangre.
   Santiago de Cuba ya nunca fue la misma después del asalto al Moncada; ahora, a 66 años de la osadía de los jóvenes de la Generación del Centenario, tampoco es la misma; sus hombres y mujeres renuevan cada amanecer de esta tierra de tan amorosa dedicación, y la hacen crecer para que su rebeldía, hospitalidad y heroicidad sean eternas.
  El ejemplo de Fidel está más vivo que nunca en este bastión que nunca  le ha fallado a la Patria; elegido por él y sus compañeros de lucha, conociendo de antemano su hidalguía, para protagonizar el ataque a una de las fortalezas militares más importantes de la tiranía de Batista.
  Desde entonces y siempre la indómita urbe ha sido pilar insustituible de la nación, inspiración perenne para el pueblo tanto en los tiempos de incertidumbre y zozobras como en los de triunfo y gloria, con una fidelidad a toda prueba que la enaltece y la honra.
  Hoy los santiagueros siguen creando con optimismo la gran obra colectiva seguros de un prometedor futuro, porque la Patria cuenta  todavía con  brazos  veteranos para defenderla junto a los pinos nuevos que crecen vigorosos.
  La convicción  de la  continuidad e irreversibilidad del proceso revolucionario constituye una garantía  de que Cuba marcha infalible hacia adelante, y que ni Título III ni la injerencista e inaceptable Ley Helms-Burton podrá detener su camino ni destruir su historia.
  Este es un pueblo de paz, pero quien ose pisar su suelo en son de guerra se estrellará con el calibre de los cubanos para salvaguardar su soberanía, y escuchará bien alto el épico poema “Ya estamos en combate” que retumbará como cada mañana de la Santa Ana en los muros del Moncada.