martes, 13 de diciembre de 2011

Un monumento más allá del aula

AÍDA QUINTERO DIP  Foto
Es realmente un monumento la obra educacional que la Revolución ha edificado en Santiago de Cuba, convertida en referencia obligada y parte significativa del patrimonio que la nación ha creado en ese campo.
Más de 50 años forjando, venciendo desafíos para barrer el secular atraso  socioeconómico, educacional y cultural  en que estaba sometido este territorio antes de 1959, bien merecen un himno que cante a sus logros en todas las vertientes del quehacer humano y, sobre todo, en  educación, una de sus más apreciadas conquistas.
La tradición del magisterio santiaguero se asienta  en  su rico legado y la consagración de sus trabajadores, empeñados en elevar constantemente la calidad del proceso docente-educativo como característica consustancial a tan prioritario sector.
Patriotas y maestros nacidos en esta tierra enaltecieron las aulas primero,  y después los claustros como Juan Bautista Sagarra Blez, Desiderio Fajardo Ortiz, Francisco Ibarra Martínez, Leocadia Araújo (Cayita), Frank País García, María Caridad Rodríguez Guibert y José Antonio Portuondo Valdor.
Durante varios años el sistema educacional de la provincia se ha
mantenido en los primeros planos en el ámbito nacional, como obra del talento y la dedicación,  especialmente del personal docente.
Un territorio que cuando el asalto al cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953,  el nivel escolar promedio era de segundo grado, presenta hoy avances elocuentes en todas las enseñanzas.
Los círculos infantiles que acogen a niños y niñas desde primer a sexto años de vida,  son un tesoro protegido como la niña de los ojos, porque en esas instituciones se está forjando el mañana.
La educación se prestigia con resultados de primer nivel en una enseñanza inexistente antes del Primero de Enero: la Especial, ante la mirada amorosa de los docentes, dotados de condiciones muy especiales también para obtener progresos en el aprendizaje de sus discípulos. Y la Enseñanza Técnico-profesional, otro logro del  período revolucionario, tiene ahora alta prioridad ante las necesidades del país.
Una cualidad de la escuela cubana actual  es la de dirigir científicamente la formación integral de los educandos  y  la preparación de los pedagogos, expresión de lo cual ha crecido el número de Doctores en Ciencias Pedagógicas y   másteres.
El incremento del número de estudiantes que transita hacia niveles superiores de desempeño cognitivo, a partir de un mayor porcentaje de respuestas correctas; la transformación en la secundaria básica, el fomento de pre pedagógicos y  resultados positivos en los exámenes de ingreso a la Educación Superior, son  ejemplos que resaltan.
Precisamente los planteles de la Enseñanza Superior como la Universidad de Oriente, los institutos superiores de Ciencias Médicas y Pedagógico,  entre otros,  contribuyen a incrementar cada curso el potencial científico-técnico, con la preparación de profesionales de alta calidad y compromiso político, capaces de enfrentar los reclamos de hoy.
Pese a las adversas situaciones económicas, el presupuesto dedicado a la Educación en el territorio ha ido creciendo año tras año como muestra de desvelo del Estado, pues ya en 1990 rebasaba los 100 millones de pesos y equivalía a cuatro veces más que el del país antes del triunfo de la Revolución.
Los hijos e hijas de Santiago de Cuba  no son únicamente testigos excepcionales del Moncada, y de la victoria del Primero de Enero, sino protagonistas de su obra, y la erigida en educación -en más de  medio siglo- bien merece un himno que trascienda como aquel de 1961 dedicado a la Campaña de Alfabetización: Lápiz, cartilla,  manual,  ¡alfabetizar,  alfabetizar!

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