Yudaisis Moreno Benítez
El
asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes el 26 de julio de
1953 pasó a la historia de Cuba como la acción heroica que trazó el camino
hacia la plena libertad e independencia de la Isla.
De
la joven provincia de Artemisa, la cual en este 2014 es sede del acto central
por la efeméride que marca el Día de la Rebeldía Nacional, 41 jóvenes participaron en aquella gesta;
similar número de familias que, como los
bisoños, vivieron instantes inolvidables, y muchas de ellas quedaron marcadas
por el luto eterno.
A
más de seis décadas del hecho, Marta Lazo, una común mujer artemiseña,
combatiente ahora jubilada del Ministerio del Interior, testimonia las huellas
dejadas en ella por la valerosa proeza, pues la distingue ser hermana del moncadista
Mario Lazo, fallecido el cinco de noviembre de 2008.
“Mi
hermano tenía 30 años, y aportaba mucho en el sostén familiar. Nunca imaginamos
que estaba ligado a esas actividades, aunque sí salía muy frecuentemente con
los demás amigos del barrio de la Matilde, entre ellos Rosendo Menéndez, Tomás
Álvarez Breto, Ramón Pez Ferro y Ramiro Valdés.
“Recuerdo que casi todos los domingos decían que iban a pescar, pero
regresaban sin pescados y muy sucios. Al parecer, eran las prácticas de tiro y
otros preparativos que realizaban comandados por Fidel Castro en fincas
aledañas al municipio.
“El
24 de julio, cuando partieron del andén Ruta 35 de Artemisa hacia La Habana,
para continuar viaje a Santiago de Cuba, más o menos a las cuatro de la tarde,
fueron a buscarlo unos amigos. Antes de irse justificó su salida de casa y le
dio a nuestra madre cinco pesos para los días en que él no iba a estar.
“En
horas de la mañana del propio 26 de Julio la radio informaba que un grupo de
revoltosos había asaltado al cuartel Moncada, y entonces nos dimos cuenta de la
ausencia de muchos jóvenes de por acá, y así comenzamos a atar cabos entre las
familias que empezamos a desesperarnos.
“Pasaron semanas, días terribles... fue entonces cuando escuchamos
noticias más exactas: apelativos de los caídos en la acción; se enlutaban
familias cubanas, en particular, hogares artemiseños, pero mi hermano no
aparecía. Era mucha la incertidumbre.
“No
había consuelo -prosigue Marta- hasta que el padre de Ramiro Valdés fue hasta Santiago
de Cuba, con la lista de los nombres de los muchachos ausentes; mes y medio
después, supimos que estaba vivo, y nada más.
“Cuando pudo, como cuatro meses más tarde, nos envió de puño y letra una
sencilla nota, con palabras de esperanza y aliento, en especial para mi mamá,
quien no dejaba de llorar. Una familia de Santiago lo acogió y así logró
sobrevivir.
“Tras el triunfo de la Revolución, siempre se mantuvo activo, trabajando
en el Departamento Ideológico del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.
Le motivaba escribir acerca de las interioridades del hecho, de los asaltantes.
“Fue
de los que impulsó la construcción del Mausoleo a los Mártires de Artemisa,
donde reposan los restos de los asaltantes. En la sala subterránea, los caídos
el propio 26 de Julio o en días posteriores antes del Primero de Enero del '59
y en los nichos de afuera, los que vivieron la Revolución cubana.
“Y
Mario los acompaña desde el 20 de julio 2013, al conmemorarse el aniversario 60
de la gesta . Es doloroso, más deviene
un singular orgullo decir que del Consejo Popular de donde salieron un día en
busca de la libertad, ahora regresan todos los moncadistas artemiseños, de
nuevo unidos y convertidos en héroes.
“Hace poco, se publicó un libro que él dejó terminado: "Ciro
Redondo, capitán de pueblo", ese era uno de sus amigos inolvidables del
barrio y un excelente combatiente, que
por su trayectoria es el patriota insigne de la joven provincia.
"Ahora que somos sede del 26 de Julio -concluye Marta- nos queda
trabajar más duro para seguir cumpliendo sus sueños y dedicar este
reconocimiento a los caídos en la acción y al resto de los participantes que
siguen construyendo la obra más justa del mundo.
“Multiplicar su ejemplo es nuestra mayor impronta, para que las huellas
de dolor y sangre del Moncada se conviertan cada vez más en nuevas victorias,
sobre todo, porque cada día hacemos nuestra aquella idea de Fidel: ‘Mis
compañeros no están ni olvidados, ni muertos, viven hoy más que nunca”.
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