miércoles, 10 de septiembre de 2014

Los CDR: permanente cultivo de humanismo



Miguel José Maury Guerrero
    Próximos a cumplir  54 años de bregar, los Comités de Defensa de la Revolución sobrepasaron ya, con creces, los objetivos para los cuales fueron creados por el líder histórico de la Revolución, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, en la noche del 28 de septiembre de 1960.
   Nacida entre el estampido de petardos terroristas que pretendían amedrentar al pueblo,  esta organización de masas creció rápidamente en número y en cometidos.
   De la inicial meta enfilada a proteger y vigilar en cada cuadra los intereses del pueblo, de las familias, del naciente Estado, su vasta presencia en todos los rincones de la nación devino gigantesco brazo de la Revolución también para disímiles tareas de beneficio social y económico.
   La campaña de vacunación contra la poliomielitis, que en pocos años permitió erradicar ese mal de la tierra cubana,  fue una de las primeras de las acciones desarrolladas con éxito, y de forma paralela, con el acorralamiento y aniquilación de la contrarrevolución interna.
   El apoyo al Primer Censo de Población y Viviendas, en 1970, y en los posteriores; la batalla contra el mosquito Aedes aegypti; el embellecimiento de las cuadras y con ellas de las ciudades, y la construcción de los consultorios del médico de la familia, han estado entre los quehaceres  de los Comités.
   También la recogida de materias primas y la labor de prevención del delito, principalmente entre los jóvenes, son algunas de las necesarias encomiendas acometidas sin descanso, durante los 54 años transcurridos y siempre coronadas por la victoria.
   El trabajo comunitario con las familias junto a la Federación de Mujeres Cubanas, y especialmente las donaciones de sangre, que tanto han hecho a favor de la vida en nuestro país, e incluso en otras regiones del mundo, resultan de las cosas dignas de ser recordadas a las puertas de esta efeméride.
    La sangre recolectada a través de los donantes voluntarios, que sistemáticamente lo hacen o de los ocasionales, ha permitido mantener a los bancos con la disponibilidad necesaria de ese vital elemento, para hacer frente a las permanentes demandas de los centros hospitalarios y en fin, salvar vidas.
   Un loable esfuerzo de influencia sobre los jóvenes desarrollado cuadra por cuadra durante todos estos años, no puede ser soslayado.
   Pero no olvidemos que los innegables problemas ocasionados a Cuba por el bloqueo económico, comercial y financiero que Estados Unidos ejerce sobre esta desde hace más de cinco décadas, ha dispersado males colaterales imposibles de eludir.
   Esa realidad, unida a las afectaciones climáticas que lastran  la agricultura cubana y a deficiencias inherentes a nuestro accionar, ha ocasionado problemas de escaseces y penurias que han conducido a un notable deterioro de algunos valores.   
  En momentos en que el país reclama el imprescindible rescate de comportamientos, actitudes y formas de hablar acordes con la sociedad que la Isla pretende, los CDR han estado, como siempre, a mano para afrontar el combate contra las indisciplinas sociales.       
   El quehacer político por integrar a las nuevas generaciones a la labor comunitaria ha sido el primer eslabón de una cadena de esfuerzos, y por ello los actos donde los más jóvenes reciben su carné  como miembros de la organización devienen un momento singular.
     La labor con los más bisoños con problemas de conducta constituye otra arista del loable aporte cederista en pos del rescate de estos ciudadanos.
   A 54 años de creados, los CDR continúan como el principal instrumento del proceso revolucionario para su defensa en tareas estratégicas como las de enfrentar y corregir males sociales y salvar vidas; todo un empeño que los convierte en permanente cantera de humanismo.

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