viernes, 20 de mayo de 2016

Rolando Beltrán: maestro y Héroe del Trabajo



Aída Quintero Dip
   Hace un año que la estrella roja de Héroe del Trabajo de la República de Cuba honra el pecho de Rolando Beltrán Hurtado, quien desde la Campaña de Alfabetización, en 1961, descubrió el amor por la tiza y se ha consagrado tanto a su profesión que la vida se le ha hecho un perpetuo magisterio.
  Quién mejor para merecer tan alto estímulo que este discípulo de José de la Luz y Caballero  que, como muchos otros de sus coterráneos, ha convertido en realidad la profecía del insigne maestro del siglo XIX: “Enseñar puede cualquiera, educar solo quien sea un evangelio vivo”.
   La estampa del evangelio vivo es este hombre, para el cual el concepto de maestro es algo mágico, que le sugiere, emociona y convida al compromiso y al trabajo sin límites.
   Campesino que labró la tierra para vivir, recuerda que ayudaba a su papá en las faenas del campo en Los Ramos Songo-La Maya, en la provincia de Santiago de Cuba, donde nació el seis de octubre de 1946, pero aun así nunca dejó la escuela y a pesar del cansancio  iba todas las tardes a estudiar.
   A Beltrán le nació el apego al magisterio bajo la influencia de muy  buenos profesores que le dejaron huellas, al revelarle el encanto de las primeras letras y los primeros números. “En la memoria guardo nombres imprescindibles en mi formación como César Castellanos y Liliam Pascual”.
  La forja de las nuevas generaciones le apasiona de tal forma que atesora 23 años de Vanguardia Nacional, ostenta la Orden Lázaro Peña de II y III Grados, las medallas de Proeza Laboral y por la Educación Cubana, y la Orden Frank País, entre otros reconocimientos enaltecedores y ahora esta estrella que no cabe en su pecho.
  Todo eso y más le permite confesar: “Nada en mi vida tendría sentido sin la escuela, sin la algarabía de más de mil niños y niñas que colman las aulas de saber y alegría. El   seminternado Abel Santamaría, de El Caney, en Santiago de Cuba, que dirijo desde hace 41años es la mayor motivación de mi existencia.
   “Fui de los jóvenes que respondimos a la convocatoria de la Revolución, en 1963, para hacerme maestro, que como dijo José Martí es hacerse creador, y así pasé por Minas de Frío, Topes de Collantes y Tarará, donde asimilé influencias de paradigmas en la pedagogía como Rafael María de Mendive y Raúl Ferrer.
   “Esos hombres también han marcado mi actuación; merecí el Premio Raúl Ferrer, en 1998, por mi trayectoria laboral en el sector, así como la distinción que honra al maestro de Martí por mis años de servicios en un frente tan importante para el progreso de la nación.
   “No hay secretos, sí consagración al trabajo, el amor con que asumo las tareas, el ejemplo personal, cohesión de las organizaciones, respaldo de padres, madres y de la comunidad  y, sobre todo, contar con buenos maestros y auxiliares”, expresa con felicidad en su rostro.
   Su responsabilidad en la dirección no le ha limitado impartir clases. De ello dan fe la condición de Educador Ejemplar desde 1982 hasta hoy, cuando es máster en Ciencias de la Educación, además de su asidua participación en eventos de pedagogía, en los cuales ha expuesto experiencias de avanzada, aplicadas con resultados en su centro.
  Más que sus logros, le estimulan los de su escuela, un modelo de la educación cubana, de referencia, puntera en el cuidado de la propiedad social y fomento de parcelas que complementan la formación integral del escolar, con un movimiento cultural competitivo y promociones que superan los sueños.
   Un hecho sui géneris es el desarrollo por iniciativa propia del movimiento Seguidores de Abel, que permite fomentar valores patrióticos y revolucionarios, y al cual pueden aspirar todos los alumnos, pero merecerlo únicamente los más integrales en el estudio y cumplimiento de las tareas pioneriles.
   Abundan ejemplos de la simiente de esta escuela como Migdalia Escudero, quien en el “Abel Santamaría” concluyó con excelentes notas la Enseñanza Primaria y hace unos pocos años regresó con nuevas alegrías y sueños: fue a defender allí su tesis de Doctora en Ciencias Pedagógicas.
   Como Migdalia hay muchos profesionales que aportan en universidades, industrias, hospitales, instituciones científicas, y no olvidan que allí adquirieron la primera luz de las manos de muy buenos maestros sintetizados en la historia de Rolando Beltrán Hurtado.
   “Ese es el más dulce premio a mi obra”, refiere este santiaguero que se siente más comprometido por ser Héroe del Trabajo, condición que honrará como él sabe hacerlo: en el pelotón de vanguardia con su inseparable seminternado, parte gratificante de su vida.

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