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jueves, 7 de junio de 2012
lunes, 14 de mayo de 2012
Paco y el arte de diseñar
AÍDA QUINTERO DIP
La historia del periódico Sierra Maestra en la Revolución -nació en
plena lucha clandestina en 1957- no podrá escribirse sin la historia del
diseñador Francisco Velázquez Mulet, quien en ese colectivo ha merecido la
distinción Félix Elmuza, de la Unión de Periodistas de Cuba, el Sello de Trabajador
Laureado del Sindicato de la Cultura y la Medalla de Combatiente
Internacionalista de II Grado, lauros que sintetizan una vida de total entrega
y comprometida con su tiempo.
También sumó a su trayectoria el diploma por 35 años de
trabajo vinculado al Partido, firmado por Fidel, lo que valora altamente: “Consagrarme en una
dependencia de la organización política de vanguardia, ha significado una
escuela para mí en disciplina, dedicación y lealtad a la Revolución, a Fidel y a
Raúl, con el ejemplo siempre por delante”.
Paco, como le llamamos cariñosamente, es un hombre
laborioso, optimista, de sentido práctico, con el buen humor a flor de piel,
capaz de transmitir alegría, que no teme al trabajo, con una disposición que no
conoce horario ni días; amigo y hermano en las buenas y en las malas.
Siente un cariño muy especial por Santiago de Cuba, aquí
conquistó el amor de Juanita, tuvo sus hijos Frank y Raymundo, y un trabajo que
le apasiona, aunque es natural de Holguín, donde hace 42 años se inició en los
trajines del diseño en el Poder Local y luego en la
Empresa de Medios de Propaganda, en esa provincia, hasta
que en 1980 se vinculó al Sierra Maestra.
“El
periódico ha sido mi otra gran escuela,
me ha formado en el cumplimiento del deber con disciplina, y me ha enseñado a amar y a respetar el trabajo,
por sobre todas las cosas”, dice Velázquez Mulet, un diseñador
muy premiado en el departamento
de Redacción del órgano por la calidad integral de su labor, alcance y
repercusión pública.
Primeros premios en el Salón Provincial 26 de Julio, y en
concursos de carteles del carnaval; participación en cursos de superación y
colaboración con diversas instituciones, organismos y organizaciones de masas
en el diseño de diplomas, certificados, plegables, folletos, revistas, no han
faltado en su currículo.
Resultó
vital su desempeño en aras de
estabilizar la disminución del horario de cierre del periódico, lo que indica
eficiencia; ha incursionado en cambios en el diseño en correspondencia con las
nuevas líneas, como renovador, lo que le
otorga un sello especial a su trabajo,
que, en ocasiones, raya con lo artístico.
“No concibo
la vida sin el contacto directo y cotidiano con mi periódico”, subraya para
recalcar cuánto representa para él.
El Premio Provincial de Periodismo Gloria Cuadras por la
obra del año, en la categoría de diseño, fue a parar a sus manos, en marzo del 2010, pero por ese espíritu que le
distingue Paco ostenta el premio de la
constancia, disposición y entrega sin límites, que no pueden simbolizarse
únicamente en un pergamino ni en un año de labor.
martes, 3 de enero de 2012
La fortuna de las buenas acciones
Aída Quinterto Dip
Vender asombros aunque parezca una fantasía, encierra mucha realidad, sobre todo si es a cambio de buenas acciones, al estilo de un instructivo y sugerente espacio, que hace unos años dedicaban a los niños y niñas en el popular programa informativo Haciendo radio, de la Radio Rebelde cubana.
Ahora que iniciamos el año 2012 y rondan las felicitaciones porque unos a otros nos deseamos las mejores venturas en la vida personal, laboral y social, es saludable meditar y proponernos también ser más tolerantes y flexibles en el trato y comprensión de los demás, al tiempo que intransigentes ante lo mal hecho y las indisciplinas sociales que afean la vida y perjudican el entorno. En fin, llenarnos de buenas acciones.
Estas hacen falta en el trabajo cotidiano para hacer blanco a la eficiencia que reclama la economía cubana en tiempos difíciles y de actualización de su modelo, en todas las ramas; en el aprovechamiento de la jornada, en la responsabilidad y disciplina en cada puesto para rendir al máximo, cumplir con calidad y hacer más con menos recursos, para que la sociedad siga avanzando.
Buenas acciones necesitamos este año entre los trabajadores que prestan servicios en la salud, el comercio, la gastronomía y el turismo para que florezca más la sonrisa, el buen trato y la excelencia en el servicio al cliente, igual en el caso de un nacional que de un foráneo.
Que reine la solidaridad, la cooperación y sucumba el egoísmo en las relaciones entre familiares, amigos, vecinos y compañeros de labor, para seguir unidos forjando esta gran obra colectiva con el rigor de un orfebre y la ternura de un maestro.
Desechemos un poco esa desenfrenada añoranza, en algunos, de poseer lo que no está a su alcance, ni es imprescindible para la vida. Y que piense en su proceder aquel que se siente superior y subestima al prójimo, simplemente por el sitio donde trabaja o las remesas que recibe.
Es pobre de espíritu y de estimación quien así actúe, al ignorar una gran verdad que las personas valen por lo que son y no por lo que tienen u ostentan.
El acercamiento a un tema tan sensible, que no pretende herir susceptibilidades, me hace recordar al sándalo, ese árbol de madera amarillenta, muy olorosa, oriundo de las costas de la India y varias islas de Oceanía, pero con una singularidad que usted apreciará al final de este trabajo y que sería un lindo asombro para los niños y niñas en la aspiración de que crezcan a plenitud.
Porque ‘”el camino es fácil y sin espina para el que hace el bien”, según expresa una frase célebre; anímese a llenarse de buenas acciones y a ser como el sándalo, que perfuma al hacha cuando lo hiere.
miércoles, 23 de noviembre de 2011
“El Fidel que yo conozco”
AÍDA QUINTERO DIP
He leído numerosos artículos que destacan la personalidad del líder histórico de la Revolución cubana, pero entre los que más me han conmovido está El Fidel que yo conozco, de Gabriel García Márquez, concebido desde la perspectiva de un amigo sincero, y a la manera profunda y hermosa que singulariza el estilo del Premio Nobel de Literatura.
Desde la mirada del afamado escritor colombiano, nuestro Fidel se revela más allá de los méritos históricos de haber hecho una Revolución más grande que nosotros mismos, en las propias narices del imperio más poderoso que se haya conocido, y mantenerla erguida, invicta por más de medio siglo, tras forjar una Patria nueva reconocida por sus valores de dignidad y soberanía nacionales.
Seguramente las virtudes que cautivaron a García Márquez son las mismas que aprehendieron a muchos, mas reseñadas desde los afectos y la admiración conquistan diferente dada “su devoción por las palabras, su poder de seducción, va a buscar los problemas donde están, los ímpetus de la inspiración son propios de su estilo, paciencia invencible, disciplina férrea, la fuerza de la imaginación lo arrastra hasta los imprevistos, el mayor estímulo de su vida es la emoción al riesgo, es el antidogmático por excelencia”.
En el revolucionario de primera línea en los acontecimientos más trascendentales de la nación en el siglo XX y XXI, sobresale la actitud ante la derrota porque “aun en los actos mínimos de la vida cotidiana, parece obedecer a una lógica privada: ni siquiera la admite, y no tiene un minuto de sosiego mientras no logra invertir los términos y convertirla en victoria”.
Otra cualidad: no hay un proyecto grandioso o pequeño, en el que no se empeñe con pasión infinita, especialmente si tiene que enfrentarse a la adversidad. “Nunca como entonces parece de mejor talante, de mejor humor. Alguien que cree conocerlo bien le dijo: ‘Las cosas deben andar muy mal porque usted está rozagante’”.
Según García Márquez, su más rara virtud de político es esa facultad de vislumbrar la evolución de un hecho hasta sus consecuencias remotas, potestad que no la ejerce por iluminación, sino como resultado de un raciocinio arduo, tenaz, de análisis exhaustivos, tras la búsqueda de causas.
La tribuna de improvisador parece ser su medio ideal; comienza con voz casi inaudible pero va ganando terreno con su inteligencia, carisma, capacidad hasta que se apodera de la audiencia. “Es la inspiración: el estado de gracia irresistible y deslumbrante, que solo niegan quienes no han tenido la gloria de vivirlo”.
Y es que cuando Fidel habla con la gente en plena calle, el diálogo recobra expresividad y la franqueza de los afectos más sentidos. Por eso lo llaman sencillamente Fidel, como un amigo cercano, un padre, un hermano. Lo abrazan, le reclaman, le plantean problemas, le discuten, en un intercambio sui géneris donde prevalece la verdad sin titubeos.
“Es entonces que se descubre al ser humano insólito, que el resplandor de su propia imagen no deja ver. Este es el Fidel Castro que creo conocer: Un hombre de costumbres austeras e ilusiones insaciables, con una educación formal a la antigua, de palabras cautelosas y modales tenues e incapaz de concebir ninguna idea que no sea descomunal”, asevera su amigo Gabriel García Márquez.
Por eso sueña con los pies sobre la tierra, por ejemplo, de que los científicos cubanos logren medicamentos salvadores, o la medicina final contra el cáncer, y ha creado una política exterior de potencia mundial, en una isla infinidad de veces más pequeña que su enemigo potencial, sin vulnerar un solo principio, con la dignidad y ética como bandera.
Así es sencillamente Fidel, el primero en el combate, el primero en el ejemplo, que dejó de fumar para tener autoridad moral para luchar contra el tabaquismo, y con la convicción de que los estímulos morales, más que los materiales, son capaces de cambiar el mundo y empujar la historia.
Tal parece perpetua la energía y meridiana claridad del Fidel del yate Granma, el asalto al cuartel Moncada, de La Historia me absolverá y los días de la guerra en la Sierra Maestra, multiplicadas hoy en una visión de América Latina en el futuro, que es la misma que la de Simón Bolívar y José Martí, una comunidad integral y autónoma, capaz de alumbrar como el alba y mover el destino del mundo.
Siempre avizorando, previendo, defendiendo posiciones y principios. Es los Estados Unidos el país que más conoce después de Cuba, sabe a fondo la índole de su gente, sus estructuras de poder, las segundas intenciones de sus gobiernos, un arsenal que le ha ayudado a sortear la tempestad del criminal bloqueo económico, financiero y comercial contra nuestra soberana nación.
“Una cosa se sabe con seguridad: esté donde esté, como esté y con quién esté, Fidel Castro está allí para ganar”, lo reafirma su entrañable amigo colombiano, quien “al verlo muy abrumado por el peso de tantos destinos ajenos, le pregunté qué era lo que más quisiera hacer en este mundo, y me contestó de inmediato: pararme en una esquina”.
Ese es Fidel, que ha sacrificado su vida con placer por la felicidad de los demás, el que Cuba admira y quiere, y el mundo reconoce y respeta.
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