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viernes, 7 de marzo de 2014

Mujeres cubanas por la vida y la Revolución


Dai Liem Lafá Armenteros
   Mujer, orgullo para quien lo es, y honor para quienes la quieren y respetan.  Ella ama, ampara, lucha contra las adversidades, disfruta, cuida y multiplica la familia, pero también trabaja, tanto, que muchas veces no se puede medir.
   La sociedad cubana no puede prescindir de sus aportes, ni quiere, por el contrario, da protagonismo a las mujeres.    Ellas dejan su marca en las leyes, el parlamento, el sindicato y el sector estatal civil y militar; reinan en la medicina...
   Representan el 63 por ciento de los graduados universitarios, y el 74,4 por ciento de las ocupadas en la economía tienen escolaridad media o superior; en tanto, constituyen el 66 por ciento de la fuerza técnica y profesional de Cuba.
   Pueden celebrar cada ocho de marzo, Día Internacional de la Mujer, con bríos renovados y confianza para superar los desafíos de la vida diaria.
   Con pícara sonrisa, Josefina Luperón cuenta a la Agencia de Información Nacional de su voluntad a toda prueba, esencial para hacerse ingeniera metalúrgica y laborar durante la vida entera en la Empresa Siderúrgica José Martí, la tan conocida Antillana de Acero.
   “Soy maestra superior de horno y una de las pocas mujeres que en el mundo realizan esta labor. Desde el año 1994 formo a jóvenes horneros en esta institución”, asevera.
   “Continúo superándome -dice con voz firme esta directiva y sindicalista-, y actualmente curso una maestría.
   “Siempre he tenido que dirigir hombres; ellos me dicen la dama de acero por mi carácter, pero guardan el debido respeto”, precisa una satisfecha Josefina, de las mujeres sui generis de verdad.
   Con los ojos puestos en su microscopio conversa la apasionada científica Isabel Otero, máster en microbiología general del Centro de Aplicaciones Tecnológicas y Desarrollo Nuclear, en La Habana. 
   Su voz cobra brillo cuando habla de los apósitos de amnio, derivados de la placenta de las recién paridas sanas, que producen allí para ayudar a cicatrizar heridas, con mayor rapidez en la epitelización y vascularización de la zona afectada.
   Emocionada explica que el producto es útil para cualquier persona, pero su eficacia es increíble en los niños, quienes tienen una biología muy activa.
   Por eso y más, Isabel vive dichosa con su labor, dadora de vida y salud. La impulsan motivaciones que otrora tuvieron las científicas que prestigian la historia.
   Marcha sobre ruedas la abnegación de Idalmis Padilla, investigadora agregada del Centro de Ingeniería y Manejo Ambiental de Bahías y Costas.
   Ella se dedica a los estudios relacionados con la planificación de los servicios de transporte de pasajeros y carga que hoy existen en Cuba, y los que se prevén para el futuro.
   Acaricia el sueño de la movilidad sostenible, satisfactoria y accesible para todos, reto que exige un reordenamiento del transporte público y de todo tipo en el país.
   “Estructurar lo que tenemos es lo primordial -dice convencida Idalmis- y los resultados se verán en pocos años”.
   No son diferentes a estas profesionales destacadas Regina, la ama de casa; Belkis, la innovadora; Antonia, la ferroviaria jubilada; Elianis, la estudiante de preuniversitario; Marta, la campesina o Belén, la cuentapropista.
   Cada fémina de esta tierra lleva dentro la Revolución, y desde su puesto muestra diversas caras del adelanto y la superación logrados gracias al proyecto que les dio dignidad y oportunidad.
   Esperan que el IX Congreso de la Federación de Mujeres Cubanas, que se clausurará justo el ocho de marzo, traiga al debate los retos a superar para vivir en una nación próspera con el concurso de todos sus hijos. 
  Las que viven y quienes ya no están, las de nivel superior y las obreras, las famosas y las bien humildes, todas cuentan en esta Isla.
   Así lo cantó la inolvidable trovadora Sara González: “¿Qué dice usted,/que una mujer no es capaz/ de construir, de analizar,/ y de luchar por la vida?/ Cuando la historia nos grita otra verdad”.

martes, 25 de junio de 2013

Si me faltara el carnaval…



Aída Quintero Dip
Ese título de una pieza musical al estilo samba no es un lamento, ni muestra de nostalgia ni añoranza; es la valía que le otorga a tan tradicional festividad el renombrado compositor santiaguero Enrique Bonne Castillo, en una de las obras popularizadas por la orquesta Aragón y que generaciones de santiagueros, en particular,  y cubanos han bailado a sus anchas.
“El carnaval constituye un hecho cultural de gran trascendencia para la sociedad cubana; no podemos circunscribir la palabra carnaval a Santiago de Cuba cuando sabemos que otros lugares del país como Guantánamo, Manzanillo, San Luis, Palma Soriano, Camagüey y La Habana también realizan estas fiestas, aunque  aquí tienen un sabor especial, un sentido de arraigo sui géneris”, señala Bonne, el rey del pilón y un fecundo creador de guarachas.
“Cuando joven yo lo disfrutaba a plenitud, porque después siempre asumía  una labor más compleja, la de participar en su organización y dirección,  además de experimentar cómo los bailadores se deleitaban con mi música”, señala quien fue miembro de la Comisión del Carnaval santiaguero por 29 años, aval suficiente para tener criterios muy sólidos al respecto.
“Indudablemente que toda su génesis parte de tres fechas: El 24 de julio, Día  de Santa Cristina; el 25, de Santiago Apóstol,  y el  26,  de Santa Ana; en principio fueron las motivaciones esenciales que tuvo el pueblo, por lo que esta manifestación popular se convirtió en el embrión de los actuales carnavales santiagueros”.
La música de Santiago de Cuba tiene en Enrique Bonne a uno de sus mejores pilares, no hay que buscar la huella de su lírica entre los grandes, en realidad él -a muchos, con esta- los hizo grandes.
Quién no ha disfrutado de sus piezas, algunas memorables: No quiero piedra en mi camino, Que me digan feo, Se tambalea, Dame la mano y caminemos, A cualquiera se le muere un tío, Pepe cabecita, en la voz inconfundible de Pacho Alonso;  o por la orquesta Aragón: Yo no me lo robé vigilante, o la orquesta Estrellas Cubanas: Niña hipócrita y El que haya pecado que tenga cuidado. Pero también  por Fernando Álvarez: Quiero a alguien como tú;  Rosita Fornés: Raro poder;  Elena Burke: Te lo dije, te lo dije; y por Ángel Bonne (su hijo): Usted volverá a pasar.
 “El carnaval de Santiago de Cuba que cristalizó como tal a principios del siglo XX, no solo ha marcado la disposición de la diversión, sino que ha sido el contexto propicio  para que la cultura como fenómeno social encuentre una base sólida para su desarrollo popular”, es la apreciación de este notorio compositor cubano con una vasta trayectoria musical dentro y fuera del ámbito nacional.
“Y es que el carnaval motiva los deseos de disfrutar, solo hay que escuchar una sabrosa conga, oír a lo lejos el inconfundible toque de la corneta china, al son de los tambores, para estremecerse y que los pies comiencen a moverse; es también la oportunidad  de liberar durante unos días el estrés de cualquier ciudadano”, apunta y agrega que el aporte africano y franco-haitiano abarca todas las expresiones de la fiesta y se hace advertir sensiblemente en la danza, la música, el vestuario y otros elementos de la plástica.
Integrante del Consejo Nacional de la UNEAC, de la que es  Miembro de Mérito, ha sido, en varias ocasiones, jurado de los concursos de música popular Adolfo Guzmán y Eduardo Saborit. Varias condecoraciones sintetizan su útil bregar: Distinción por la Cultura Nacional, las medallas Jesús Menéndez de la CTC, y Alejo Carpentier, las placas José María Heredia,  y el Sello de Trabajador Laureado del Sindicato de la Cultura.
Enrique Bonne Castillo, el típico campechano, amable y hospitalario que te recibe con una sonrisa a cualquier hora en la quietud de su hogar,  atesora unas 200 piezas musicales en su carpeta autoral, entre danzones, boleros, guarachas, sones, canciones, sambas, congas, cha-cha-chá, merengues y montunos.
Muchos recuerdan aquella proeza musical emprendida hace más de 50 años por él,  la integración de Los Tambores de Enrique Bonne, un piquete de conga con siete integrantes, para representar su obra  en varias orquestas y marcas de discos. Más adelante lo amplía, le incluye chekeré, dos cornetas chinas, y llegaron a contar con 50 miembros.  En 1997 realizó con los tambores una gira por Colombia, actuando junto a  la orquesta Los Van Van  y a Ismael Miranda, de Puerto Rico.
 Toda esa historia le sirvió para ser verdadero experto del carnaval como patrimonio de nuestra cultura: “Tienen para mí un valor esencial estas fiestas: ser una de las tradiciones más autóctonas, con el mérito de estar muy arraigadas en el pueblo.
“Nuestra tierra tiene fama de desarrollar los mejores carnavales de Cuba, con notoriedad más allá de sus fronteras,  pienso que sin las festividades de julio la geografía de este pedazo de Cuba estaría incompleta”, sintetiza esta gloria de la cultura nacional que el 15 de junio arribó a sus  87 años de vida, buen motivo para seguir reverenciando su vida y su obra.

viernes, 21 de junio de 2013

El Moncada y sus osados asaltantes

Aída Quintero Dip
Cada vez que estamos a las puertas de otro 26 de Julio y el aire de grandeza se enseñorea en mi tierra, recuerdo con más intensidad  el gesto altruista de los hombres y mujeres que vinieron ese día a Santiago de Cuba,  a impedir que el Apóstol de la independencia José Martí muriera en el año de su centenario.
Precisamente nuestro Héroe Nacional había sentenciado, anticipándose como siempre a hechos y acontecimientos de épocas futuras, que el verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber.
Memoro entonces los pasos de Fidel, Abel, Raúl, Boris Luis, Tassende, Melba y Haydée, Renato Guitart, Gómez García, Montanés Oropesa, y de tantos otros que del sacrificio y desinterés personal llegaron a la gloria -sin proponérselo- para salvar a la vilipendiada y sufrida nación.  
No hubo mejores intérpretes de ese pensamiento martiano que los afortunados y osados asaltantes al cuartel Moncada,  hijos e hijas iluminados, bajo la guía de Fidel, convencidos de que había llegado la hora de estallar la carga para matar bribones y acabar la obra de las revoluciones, como dejó entrever en encendidos versos el poeta y revolucionario Rubén Martínez Villena.
Otro destacado poeta y escritor cubano, Miguel Barnet, definió en una crónica este hecho con una frase muy pertinente: “Los asaltantes al cuartel Moncada fueron como cimarrones contemporáneos”.
Me gusta la imagen porque sintetiza la continuidad histórica del proceso revolucionario cubano y la razón de su raíz, como un fenómeno auténticamente nuestro.
Y hoy, a la luz de la experiencia, pienso que el 26 de julio de 1953,  simbolizó un acontecimiento cultural trascendente no únicamente para Cuba, sino además para América Latina y el Caribe.
En la literatura nuestra, autores como Nicolás Guillén, José Lezama Lima, Roberto Fernández Retamar, Luis Suardíaz,  Nancy Morejón, Efraín Nadereau y Jesús Orta Ruiz  (el Indio Naborí), escribieron textos categóricos sobre los acontecimientos y los héroes de esa epopeya.
En la plástica, pintores como Fayad Jamís, Raúl Martínez, Adigio Benítez trazaron con sus pinceles obras memorables en torno a esa página de la historia patria. El cartel cubano cuenta con piezas antológicas del diseño universal relacionado con la efeméride.
Así en la danza, en la música y en las restantes manifestaciones artísticas, con el triunfo de la Revolución nos aproximamos a América Latina y el Caribe. Los nombres de Simón Bolívar, Augusto César Sandino, Toussaint Louverture, Marcus Garvey, Antón D. Kom, por solo
citar esos ejemplos, se convirtieron asimismo en símbolos nuestros.
Del fulgor del 26 de Julio nacieron las ideas independentistas de Jacques S. Alexis y Maurice Bishop.
Todas las épocas son difíciles y en esas propias dificultades se crece el hombre. El asalto al cuarte Moncada, a 60 años, fue, es y será, historia y cultura, "ningún enemigo podrá borrar esa luz más allá de la pólvora y el tiempo", como expresó en una ocasión otro poeta con una lírica de altura, santiaguero por demás, Cos Causse.
Es que la historia tiene dos rostros. Uno es el libro que después recoge las verdades y las leyendas de una hazaña del tamaño del Moncada, y el otro, el rostro real y humano que deja el hombre sobre la tierra. Aquella epopeya tuvo  como simiente la pólvora que hace posible la muerte, es cierto, pero  tuvo como sostén  también la voluntad del tiempo que hace posible la vida.




































viernes, 28 de septiembre de 2012

La mejor fiesta del barrio



Aída Quintero Dip
El 28 de septiembre de 1960 nacieron los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), fruto de la sabiduría y espíritu visionario de Fidel; al calor, energía y patriotismo del pueblo han crecido en estos 52 años con suficiente fuerza como para seguir latiendo al compás de la Revolución, ofreciendo de una manera sui géneris el mejor de los servicios a la Patria.
El Comandante en Jefe tuvo la perspicacia para intuir que era ese el preciso momento y no otro para fundar una organización que se sustentaba en la vigilancia revolucionaria, cuando peligraba la existencia misma del proceso recién comenzado. Pero les han dado vida y aliento a otras muchas misiones.
Un suceso, dentro del acontecimiento mayor que resultan  los propios CDR, son las tradicionales fiestas del 27, esperando el 28 de septiembre, que tienen el poder de aglutinar a los vecinos de la cuadra para celebrar la efeméride, reseñando cuánto se ha hecho con el aporte de todos, desde tareas tan sensibles como las donaciones voluntarias de sangre hasta la recogida de materias primas, o sencillamente el reconocimiento a quienes más sobresalen en el cumplimiento del deber.
Gratos recuerdos guardo de estas fiestas del barrio, donde los cederistas nos reunimos como una gran familia para festejar. Así ocurre siempre, así sucedió  en la noche de este 27, cuando la proverbial solidaridad de los santiagueros y la alegría que desbordan por los poros, convirtieron este arraigado encuentro en otra jornada inolvidable.
La principal anfitriona fue la sabrosa caldosa, no la de los famosos tuneros Kike y Marina, que han inspirado incluso una canción; sino la de mis coterráneas Nora, Mariela, Fela, Carmen y Elena que saben ponerle el aderezo necesario y darle un punto como para chuparse los dedos.
Entre el chiste, el baile y el traguito que tampoco faltan en la festividad, se pasa un rato muy agradable, y quien no está por cualquier circunstancia, lo siente. Ahí está el mensaje que recibimos de Arianna, la médica del barrio que está cumpliendo misión en Venezuela y quiso contarnos su nostalgia por perderse la fiesta de sus vecinos.
Y es que los Comités de Defensa de la Revolución tienen la virtud de haber hermanado a hombres y mujeres de todas las generaciones, profesiones y oficios,  en el afán de preservar el barrio que es preservar la Patria, y de fomentar valores como la unidad, la solidaridad y la amistad, precisamente en los más jóvenes.
La noche fue oportuna también para el tributo a una organización con la madurez de 52 años y el fervor del primer día, de la que sentimos orgullo por ser expresión auténtica de la voluntad de salvaguardar la sociedad que edificamos.
Este día de cumpleaños hubo en mi CDR un momento muy especial para homenajear a tres fundadores: Gerardo, Manolo y Gilberto, que como tantos otros se dedicaron sin miramientos a las tareas fundacionales; ellos soñaron, se arriesgaron, vivieron, no pensaron en medallas ni méritos, solo en la satisfacción de saberse partícipe de la creación de una obra mayor, una organización de masas que hace y defiende la Revolución desde la comunidad.





jueves, 28 de junio de 2012

Josué, Floro y Salvador, entre los héroes, su destino



Aída Quintero Dip
El  30 de junio es una fecha bien prendida al corazón de los nativos en la rebelde y heroica ciudad de Santiago de Cuba. Ese día de 1957 -época en que la urbe era un hervidero de rebeldía contra el régimen de Fulgencio Batista-, tres de sus mejores hijos se inmolaron en una acción revolucionaria.
La tiranía pretendía crear una imagen deformada de la realidad cubana, con el fin de ofrecer la impresión de un clima de paz y normalidad, restándole crédito a la existencia de un foco insurreccional armado en la Sierra Maestra, y con esto dar por sentado que aquel régimen de facto gozaba de estabilidad.
Por esos días hubo un notable incremento de la acción revolucionaria, y el 28 de mayo de ese año ocurrió la victoria de las fuerzas del naciente Ejército Rebelde comandadas por Fidel en El Uvero. Los órganos represivos multiplicaron sus criminales métodos intentando contener el espíritu de combatividad que crecía.
El Movimiento Revolucionario 26 de Julio y sus  combatientes clandestinos no podían quedarse con los brazos cruzados  y  bajo la dirección de Frank País fraguó una acción audaz, para  boicotear un gran mitin político, en el céntrico Parque Céspedes  de Santiago de Cuba,  y  poner en ridículo a sus organizadores, en la que mueren Josué País García,  Floromiro Bistel Somodevilla y Salvador Alberto Pascual Salcedo. 
Así describía aquel hecho en un trabajo periodístico la corresponsal en La Habana de The New York Times, Ruby Hart Phillips. «(...) Santiago era un campo armado. Policías y soldados estaban apostados en todas las esquinas. Los carros patrulleros rugían por la ciudad. Las calles se encontraban desiertas. Parecía como si Santiago estuviera bajo un bombardeo (...) Se me hizo evidente el verdadero horror de lo que estaba sucediendo en Cuba (...)».
La audacia y heroísmo mostrados por los tres jóvenes inmolados quedaron grabados eternamente en  el corazón e historia de luchas de su  pueblo, como un ejemplo de absoluta fidelidad a la causa de la Patria y la propia Revolución, cuyo triunfo no pudieron disfrutar.
Los protagonistas de la acción sobresalían por sus valores humanos y revolucionarios. Frank, hermano de Josué,  era muy audaz, arriesgado, y exigía que en la acción se fuera así, pero que no se perdiera la vida inútilmente por apasionamiento. En tal sentido luchaba con Josué, que era muy apasionado y muy fogoso, aunque también lo admiraba mucho.
Era notable la diferencia de caracteres entre ambos: Frank introvertido y parco al hablar, y Josué, extrovertido, pero poseedor de una innata rebeldía contra todo lo injusto a su alrededor, sin embargo un especial grado de afinidad prevalecía entre ellos desde la niñez, que convertía esos nexos de hermandad y compañerismo en algo digno de  resaltar.
 Haydée Santamaría, Vilma Espín y otros compañeros de lucha testimoniaron
que Josué idolatraba a Frank. Juntos abrazaron el ideal liberador a raíz del golpe de Estado  de la camarilla batistiana, el 10 de marzo de 1952; no escatimaron tiempo ni condiciones para dedicar, en grado sumo, esfuerzo, sacrificio e inteligencia  a esa lucha de pueblo, con la realización de acciones desde el medio clandestino, dirigidas a contribuir al derrumbe definitivo del oprobioso régimen tiránico y lograr una radical transformación de la vida social, económica y política de la nación.
Cuando la estoica madre, Doña Rosario, conoció de la caída de su pequeño Josué, se encaminó serenamente hasta el hospital. Una vez frente al cuerpo de su entrañable hijo, se produjo una fuerte escena de dolor reprimido. Con una mirada triste y profunda amargura, pero sin lágrimas, dijo ella entonces: “¡Qué lástima...! Han tronchado una vida que empezaba, llena de ilusiones...”
Tras aquella infausta jornada Frank, quien se hallaba en vigilia, destrozado por la irreparable pérdida, oculto e impotente, escribía su desconsolado poema dedicado “A mi hermano Josué, a mi niño querido”, en el cual lo consideró entre los héroes, su destino.
Después del Enero de 1959, Doña Rosario  hizo sembrar flores blancas y flores rojas en la tumba de Frank y Josué, en el cementerio Santa Ifigenia de Santiago de Cuba; las primeras  como tributo a la pureza de su primogénito, y la segunda, para hacer lo mismo ante la rebeldía de su hijo menor, según reseñó la combatiente, ya desaparecida, Gloria Cuadras de la Cruz.
Josué, Floro y Salvador dejaron un legado imperecedero para las nuevas generaciones de cubanos, los tres héroes siguen viviendo en el alma del pueblo.

miércoles, 20 de junio de 2012

Mi periódico es un soldado



Aída Quintero Dip

Nacido bajo el fragor de las balas y de los rigores de la compartimentación exigida en la lucha clandestina, en el Santiago de Cuba ancestralmente rebelde y heroico; el periódico Sierra Maestra sigue siendo, como el 7 de septiembre de 1957, un soldado de la Revolución.
Igual que las indómitas montañas orientales donde se fraguó la libertad,  su nombre es comprometido y de combate y no lo ganó gratuitamente, para merecerlo un grupo de intrépidos jóvenes del Movimiento 26 de Julio tomó la letra impresa como bastión y sembró una semilla.
Hijo de la impronta guerrillera y del ideal libertario de Fidel Castro y de Frank País, vio la luz este agitador en tiempos de clandestinaje, honrando a Patria, que más que un periódico fue la voz de José Martí anunciando la nueva era americana, cuando lo fundó  el 14 de marzo de 1892 para hacer la Guerra Necesaria; o El Cubano Libre, calificado durante la contienda independentista  como artillería pesada de la Revolución.
El Sierra Maestra no solo cumplió esa misión; después de la victoria de Enero de 1959 multiplicó su quehacer y se convirtió en alfabetizador  de ideas nuevas, testigo y testimoniante de la obra colectiva, perpetuando la memoria de momentos trascendentales, estremecedores, definitorios, pero, esencialmente tocando la mente y el corazón del pueblo.
A las puertas de su 55. aniversario, el colectivo de hoy con sus colaboradores de siempre y fundadores al lado, cual centinelas, no recibe la fecha con los brazos cruzados, vanagloriándose de sus resultados. Está presto a asumir los desafíos del periodismo militante y creador de estos tiempos difíciles, ante un mundo convulso y globalizado.
Mejor Centro Nacional del sindicato de la Cultura, lugar destacado en la emulación de la UPEC,  la obtención de premios periodísticos  y el infinito  privilegio de ser buscado cada sábado por los santiagueros y cada día por los internáutas, son motivaciones para continuar adelante, estimulados, además, por atesorar desde abril de este año, la Réplica del Machete del Generalísimo Máximo Gómez, otorgada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias.
Los logros no envanecen a los actuales trabajadores. Solo hay espacio para fomentar  el conocimiento, la cultura, la búsqueda de formas más originales y de profundidad en los contenidos, en los cuales  prevalezca la calidad profesional; solo hay  tiempo para seguir tomándole el pulso a nuestra época, reflejarla aún mejor  y ofrecer un mensaje eficaz, objetivo y oportuno a los receptores.
Prioridades son, también, trabajar consagradamente y ser celosos guardianes de la coherencia, la identidad, la elegancia,  que constituye el estilo del periódico, y esforzarnos por cumplir la misión estratégica de organizar y dirigir la cobertura que permitan garantizarle un perfil propio a nuestro órgano.
No todo está hecho, la deuda está en pie. Informar, educar, persuadir, crear opinión, orientar, argumentar, son verbos urgidos de conjugarse mejor en la prensa cubana y en particular en nuestro Sierra Maestra, en este mismísimo siglo XXI para acercarnos a la máxima martiana, porque únicamente así  se resumen de manera elocuente  los objetivos y las misiones  del  periodismo ético y revolucionario que el Apóstol predicó:
“Toca a la prensa encaminar, explicar, enseñar, guiar, dirigir; tócale examinar los conflictos, no irritarlos con un juicio apasionado; no encarnizarlos con un alarde de adhesión tal vez extemporánea, tócale proponer soluciones, madurarlas y hacerlas fáciles, someterlas a consulta y reformarlas según ella; tócale, en fin, establecer y fundamentar enseñanzas, si pretende que el país la respete, y que conforme a sus servicios y merecimientos, la proteja y la honre”.
En consonancia  con tales preceptos, este soldado fiel afilará su puntería periodística, y se empeñará por dar siempre en el blanco, para parecerse mucho más a la vida que palpita a su alrededor, a su pueblo y a la sociedad que marcha hacia delante, pese a todas las adversidades.

jueves, 17 de mayo de 2012


Sentenciado el fascismo; veredicto por la vida
Aída Quintero Dip
Si el reportaje escrito al pie de la horca por el periodista y luchador  antifascista checoslovaco, Julios Fucik, pudiera hablar,  probablemente se ganaría una parte de la batalla por abrirle los ojos a la Humanidad ante el peligro que se cierne hoy mismo sobre el planeta.
Como un canto de resguardo a la vida, resuena todavía en los  oídos del mundo su sentencia: “Hombres os amed, estad alerta”.
Parecía que el fascismo, derrotado el 9 de mayo de 1945, era únicamente una  dolorosa página del pasado;  sin embargo, hechos casi insólito ocurridos en este mismísimo siglo XXI indican la urgencia de estar en permanente vigilia.
Imágenes de torturas infligidas por soldados estadounidenses a confinados en diversas cárceles del mundo, secuestro de personas, muertes provocadas por guerras injustas e ilegales,  horrorizan a millones de seres humanos, preocupados porque esa barbarie pueda resurgir como una bofetada ante el festejo de los 67 años de victoria sobre el fascismo.
Las víctimas de ese holocausto constituyen su más terrible huella y también la evocación de la tragedia que significó el cruel sistema, surgido en 1922 en Italia, con Benito Mussolini, y que tuvo en 1933 su máxima expresión y desarrollo en Alemania, con Adolfo Hitler, para extenderse después a España, Polonia, Bulgaria y otras naciones ocupadas e influenciadas por el imperio germano.
Cortándoles las alas a la vida fue de casa en casa el fascismo, caracterizado por la supresión de las libertades democráticas,  incluso las elementales;  el colapso  de las organizaciones obreras y progresistas; representa el desencadenamiento de la guerra de rapiña con el fin de esclavizar a los pueblos y conquistar el dominio mundial.
Historias espeluznantes asociadas a nombres como Bormann, Keitel, Goering,  Himmler, Muller, Rolff y una lista interminable de connotados nazis de la Alemania hitleriana, dejaron cicatrices aún abiertas en el corazón de los pueblos.
Un monumento al horror representan  los campos de concentración, como el de Auschwitz, en Cracovia, Polonia, uno de los más famosos, al cual se le considera la personificación de las atrocidades del siglo XX.
En ese sitio hubo un genocidio planificado y organizado, sus víctimas fueron calcinadas y las cenizas esparcidas por los campos colindantes. La historiografía recoge que la aberración y la infamia se dieron cita allí como en pocos lugares para convertirlo en un verdadero infierno, que se hizo aún más notorio por la instalación de la primera cámara de gas, el 15 de agosto de 1940.
Ante tales antecedentes es comprensible el reclamo unánime de impedir holocausto como aquel,  al cumplirse 67 años del triunfo del bien sobre el mal,  con el compromiso de evitar que una tragedia de tal magnitud se repita. Es la ofrenda que podemos colocar a los pies de los más de 54 millones de muertos y torturados.
Hoy la política de la administración de los Estados Unidos, con el respaldo de la Unión Europea, tiene gran coincidencia con los postulados del fascismo, en su práctica unipolar, hegemónica y de defensa al terrorismo, que paradójicamente dice combatir, razón suficiente para estar más alerta que en cualquier otra época.
La historia no olvida la alegría en las calles de los países europeos, el 9 de mayo de 1945,  cuando representantes de la entonces Unión Soviética y del ejército nazi firmaron el Acta de Capitulación de Alemania, tras la II Guerra Mundial.
Ahora se escuchan otros gritos para advertir el peligro del resurgimiento  de esa ideología, de corrientes neofascistas expresadas en el crecimiento de la xenofobia, con ataques de los nacionales a personas de otros países, sobre todo, latinos y árabes; desarrollo de manifestaciones y hasta  intentos de escalar  posiciones políticas en los partidos.
No es hora de brazos cruzados, aunque la humanidad confía en que prevalezca la cordura para  que reine la paz en el planeta, y ninguna nube empañe los esfuerzos por preservar cuanto la voluntad e inteligencia de los hombres y mujeres ha creado en la faz de la tierra.

lunes, 14 de mayo de 2012

Paco y el arte de diseñar


AÍDA QUINTERO DIP
La historia del periódico Sierra Maestra en la Revolución -nació en plena lucha clandestina en 1957- no podrá escribirse sin la historia del diseñador Francisco Velázquez Mulet, quien en ese colectivo ha merecido la distinción Félix  Elmuza,  de la Unión de Periodistas de Cuba, el Sello de Trabajador Laureado del Sindicato de la  Cultura y la Medalla de Combatiente Internacionalista de II Grado, lauros que sintetizan una vida de total entrega y comprometida con su tiempo.
También sumó a su trayectoria el diploma por 35 años de trabajo  vinculado al Partido, firmado por Fidel,  lo que valora altamente: “Consagrarme en una dependencia de la organización política de vanguardia, ha significado una escuela para mí en disciplina, dedicación y lealtad a la Revolución, a Fidel y a Raúl, con el ejemplo siempre por delante”.
Paco, como le llamamos cariñosamente, es un hombre laborioso, optimista, de sentido práctico, con el buen humor a flor de piel, capaz de transmitir alegría, que no teme al trabajo, con una disposición que no conoce horario ni días; amigo y hermano en las buenas y en las malas.
Siente un cariño muy especial por Santiago de Cuba, aquí conquistó el amor de Juanita, tuvo sus hijos Frank y Raymundo, y un trabajo que le apasiona, aunque es natural de Holguín, donde hace 42 años se inició en los trajines del diseño en el Poder Local y luego en la  Empresa de Medios de Propaganda, en esa provincia,  hasta  que en 1980 se vinculó al  Sierra Maestra.
“El periódico ha sido mi otra gran escuela,  me ha formado en el cumplimiento del deber con disciplina,  y me ha enseñado a amar y a respetar el trabajo, por sobre todas las cosas”, dice Velázquez Mulet,  un diseñador  muy premiado  en el departamento de Redacción del órgano por la calidad integral de su labor, alcance y repercusión pública.
Primeros premios en el Salón Provincial 26 de Julio, y en concursos de carteles del carnaval; participación en cursos de superación y colaboración con diversas instituciones, organismos y organizaciones de masas en el diseño de diplomas, certificados, plegables, folletos, revistas, no han faltado en su currículo.
Resultó vital  su desempeño en aras de estabilizar la disminución del horario de cierre del periódico, lo que indica eficiencia; ha incursionado en cambios en el diseño en correspondencia con las nuevas líneas,  como renovador, lo que le otorga  un sello especial a su trabajo, que, en ocasiones, raya con lo artístico.
“No concibo la vida sin el contacto directo y cotidiano con mi periódico”, subraya para recalcar cuánto representa para él.
El Premio Provincial de Periodismo Gloria Cuadras por la obra del año, en la categoría de diseño, fue a parar a sus manos, en  marzo del 2010, pero por ese espíritu que le distingue Paco ostenta el premio  de la constancia, disposición y entrega sin límites, que no pueden simbolizarse únicamente en un pergamino ni en un año de labor.

jueves, 29 de marzo de 2012

La cultura santiaguera no cabe en un escenario

Aída Quintero Dip

Cuando se afirma que Santiago de Cuba es una tierra afortunada, razones no faltan; tan rica y diversa como su historia es la cultura, tan alegre y rítmica como su música es la ciudad, tan rebelde y hospitalaria como sus calles son las personas que la habitan llenándola de tradiciones y de luz.
Es que Santiago de Cuba es también un bolero de Pepe Sánchez, un son de Matamoros, un lienzo de Ferrer Cabello, el Bertillón 166 de Soler Puig; una danza del Caribe hecha folclor, una conga de Los Hoyos que hace vibrar los vitrales, las tejas de las casas y los pies de los bailadores.
No podía tener mejor ubicación que a orillas del Mar Caribe, para reflejar como un espejo sus célebres montañas, para que ni el nativo ni el visitante la olviden por esa magia singular que irradia, cantada por trovadores de todas las épocas. Hay que admitir como el poeta Waldo Leyva en Una definición de la ciudad, que si las puertas no están abiertas a la guitarra puedes decir que Santiago no existe.
Espacio de afinidad de mitos, leyendas y realidades, en la urbe palpita la vida; como expresara el profesor catalán Don Francisco Prat Puig: “Es donde la trova exhala su amorosa y lánguida canción acompañada de moriscas guitarras, en el ambiente morisco de nuestra arquitectura. A modo de respiro de las calles santiagueras, donde también las comparsas marcan el ritmo acompasado del salto de sus hijos, bajando de la loma hacia el bajío de sus trochas, para fiestar a sus anchas”.
Como plaza de raigambre en la cultura, puede considerarse esta oriental ciudad gracias a su exquisito acervo, reconocido en el país e internacionalmente, que ha trascendido luego del triunfo de la Revolución, sobre todo, por su calidad, hondura y alcance popular.
Atrás quedó la política cultural de los gobiernos burgueses, de carácter eminentemente simbólico, que servía para denotar la clase en el poder, con exponentes que no representaban cultura nacional, sino más bien la foránea pues era un arte de elite.
Al nacer una Revolución social y cultural se estructuró un sistema dirigido a satisfacer las necesidades culturales y fortalecer los rasgos más identitarios; estimuló la creación de instituciones, de acuerdo con las diversas manifestaciones artísticas y literarias, para promover desde el ámbito local hasta internacional lo más auténtico; fundó un sistema de escuelas para la formación de artistas y profesores, y se organizaron acciones sistemáticas atendidas por las casas de cultura, que irrumpieron en el panorama cubano.
Un valor agregado de la cultura santiaguera es que no es únicamente privativa de los grandes escenarios, garantía de disfrute y participación del pueblo en variados proyectos desde los barrios y casas de cultura de la comunidad, desde la zona de montaña hasta el litoral, con dedicación especial a grupos vulnerables y a la población penal.
Resulta -en esencia- fiel reflejo de la idiosincrasia del pueblo al que va destinada; es seductora como su propia gente que la hace perdurar cuando es buena y la olvida muy pronto cuando carece de esa fuerza que le imprime vitalidad al paso de los años.
En resumen, la cultura en Santiago de Cuba no cabe en un escenario, esa mezcla de hondura popular y alto rango artístico la hacen inmensa en su esencialidad.

lunes, 28 de noviembre de 2011

De rojinegro y verde olivo se tiñó la alborada de una ciudad


Aída Quintero Dip
Cuentan los más viejos santiagueros una historia que es parte de su vida misma y de quienes nacieron después: hace 55 años, exactamente el viernes 30 de noviembre de 1956, a las siete de la mañana, Santiago de Cuba era una mezcla de rojinegro y verde olivo, era, como escribió una colega, un capullo abierto.
Un ejército de jóvenes en actitud consecuente con su compromiso y en complicidad con la rebelde y hospitalaria ciudad, ponía al descubierto el brazalete de los colores que recordaban la sangre derramada y el luto que el régimen de Batista había llevado a los hogares cubanos.
Así fue retratado el hecho por protagonistas: “Armas de todo los calibres vomitaban fuego y metralla. Alarma y sirenazos de los bomberos  del cuartel Moncada y de la Marina. Ruidos de aviones  volando a baja altura. Incendios en toda la ciudad. El ejército revolucionario dominando las calles y el ejército de Batista pretendiendo arrebatarle ese dominio. Los gritos de nuestros compañeros, secundados por el pueblo, y mil indescriptibles sucesos y emociones distintas…”
Puntos claves de la acción: la Estación de la Policía, de la Loma del Intendente,  con un intrépido joven al frente, Pepito Tey,  desde donde se hostigaba a los sicarios; otro grupo de 19 combatientes tomaba la Policía Marítima; por la céntrica calle Aguilera se asaltaba la armería de la ferretería Dolores; en osada demostración se iniciaban también acciones contra el cuartel Moncada…
Era el resultado de rigurosas jornadas de preparación en la finca El Cañón y otros sitios; de las acertadas orientaciones  del líder clandestino, Frank País García; de la obtención de armas,  prácticas de tiro y confección de uniformes.
Los objetivos de la acción bien compartimentados, tenían claridad meridiana: atraer la atención del enemigo sobre Santiago de Cuba para apoyar la llegada a costas cubanas de los expedicionarios del “Granma”, dirigidos por Fidel. En ese propósito participaban otros grupos del oriente del país tras la señal de un pueblo insurrecto.
Poco después, el propio Frank describía el hecho: “La población entera de Santiago, enardecida y aliada de los revolucionarios, cooperó unánimemente con nosotros. Cuidaba a los heridos, escondía a los hombres armados, guardaba las armas y los uniformes de los perseguidos; nos alentaba, nos prestaba las casas y vigilaba el lugar, avisándonos de los movimientos del ejército. Era hermoso el espectáculo de un pueblo cooperando con toda valentía en los momentos más difíciles de la lucha”.
Aunque no coincidió con el desembarco del yate, el gesto de una urbe levantada estremeció al régimen. Y la muerte de tres jóvenes: Pepito Tey, Tony Alomá y Otto Parellada multiplicó el compromiso de lucha hasta la victoria definitiva tras la chispa encendida el 30 de noviembre de 1956, cuando una ciudad amaneció de brazalete rojinegro y de verde olivo.



miércoles, 23 de noviembre de 2011

“El Fidel que yo conozco”

AÍDA QUINTERO DIP
He leído numerosos artículos que destacan la personalidad del líder histórico de la Revolución cubana, pero entre los que más me han conmovido está El Fidel que yo conozco, de Gabriel García Márquez, concebido desde la perspectiva de un amigo sincero, y a la manera profunda y hermosa que singulariza el estilo del Premio Nobel de Literatura.
Desde la mirada del afamado escritor colombiano, nuestro Fidel se revela más allá de los méritos históricos de haber hecho una Revolución más grande que nosotros mismos, en las propias narices del imperio más poderoso que se haya conocido, y mantenerla erguida, invicta por más de medio siglo, tras forjar una Patria nueva reconocida por sus valores de dignidad y soberanía nacionales.
Seguramente las virtudes que cautivaron a García Márquez son las mismas que aprehendieron a muchos, mas reseñadas desde los afectos y la admiración conquistan diferente dada “su devoción por las palabras, su poder de seducción, va a buscar los problemas donde están, los ímpetus de la inspiración son propios de su estilo, paciencia invencible, disciplina férrea, la fuerza de la imaginación lo arrastra hasta los imprevistos, el mayor estímulo de su vida es la emoción al riesgo, es el antidogmático por excelencia”.
En el revolucionario de primera línea en los acontecimientos más trascendentales de la nación en el siglo XX y XXI, sobresale la actitud ante la derrota porque “aun en los actos mínimos de la vida cotidiana, parece obedecer a una lógica privada: ni siquiera la admite, y no tiene un minuto de sosiego mientras no logra invertir los términos y convertirla en victoria”.
Otra cualidad: no hay un proyecto grandioso o pequeño, en el que no se empeñe con pasión infinita, especialmente si tiene que enfrentarse a la adversidad. “Nunca como entonces parece de mejor talante, de mejor humor. Alguien que cree conocerlo bien le dijo: ‘Las cosas deben andar muy mal porque usted está rozagante’”.
Según García Márquez, su más rara virtud de político es esa facultad de vislumbrar la evolución de un hecho hasta sus consecuencias remotas, potestad que no la ejerce por iluminación, sino como resultado de un raciocinio arduo, tenaz, de análisis exhaustivos, tras la búsqueda de causas.
La tribuna de improvisador parece ser su medio ideal; comienza con voz casi inaudible pero va ganando terreno con su inteligencia, carisma, capacidad hasta que se apodera de la audiencia. “Es la inspiración: el estado de gracia irresistible y deslumbrante, que solo niegan quienes no han tenido la gloria de vivirlo”.
Y es que cuando Fidel habla con la gente en plena calle, el diálogo recobra expresividad y la franqueza de los afectos más sentidos. Por eso lo llaman sencillamente Fidel, como un amigo cercano, un padre, un hermano. Lo abrazan, le reclaman, le plantean problemas, le discuten, en un intercambio sui géneris donde prevalece la verdad sin titubeos.
“Es entonces que se descubre al ser humano insólito, que el resplandor de su propia imagen no deja ver. Este es el Fidel Castro que creo conocer: Un hombre de costumbres austeras e ilusiones insaciables, con una educación formal a la antigua, de palabras cautelosas y modales tenues e incapaz de concebir ninguna idea que no sea descomunal”, asevera su amigo Gabriel García Márquez.
Por eso sueña con los pies sobre la tierra, por ejemplo, de que los científicos cubanos logren medicamentos salvadores, o la medicina final contra el cáncer, y ha creado una política exterior de potencia mundial, en una isla infinidad de veces más pequeña que su enemigo potencial, sin vulnerar un solo principio, con la dignidad y ética como bandera.
Así es sencillamente Fidel,  el primero en el combate, el primero en el ejemplo, que dejó de fumar para tener autoridad moral para luchar contra el tabaquismo, y con la convicción de que los estímulos morales, más que los materiales, son capaces de cambiar el mundo y empujar la historia.
Tal parece perpetua la energía y meridiana claridad del Fidel del yate Granma, el asalto al cuartel Moncada, de La Historia me absolverá y los días de la guerra en la Sierra Maestra, multiplicadas  hoy en una visión de  América Latina en el futuro, que es la misma que la de Simón Bolívar y José Martí, una comunidad integral y autónoma, capaz de alumbrar como el alba y mover el destino del mundo.
Siempre avizorando, previendo, defendiendo posiciones y principios. Es los Estados Unidos el país que más conoce después de Cuba, sabe a fondo la índole de su gente, sus estructuras de poder, las segundas intenciones de sus gobiernos, un arsenal que le ha ayudado a sortear la tempestad del criminal bloqueo económico, financiero y comercial contra nuestra soberana nación.
“Una cosa se sabe con seguridad: esté donde esté, como esté y con quién esté, Fidel Castro está allí para ganar”, lo reafirma su entrañable amigo colombiano, quien “al verlo muy abrumado por el peso de tantos destinos ajenos, le pregunté qué era lo que más quisiera hacer en este mundo, y me contestó de inmediato: pararme en una esquina”.
Ese es Fidel, que ha sacrificado su vida con placer por la felicidad de los demás, el que Cuba admira y quiere, y el mundo reconoce y respeta.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Desbrozando el camino por la libertad de los Cinco

Aída Quintero Dip
Lo sucedido en estos días del VII Coloquio Internacional por los Cinco y contra el terrorismo en Holguín, pone de relieve que  Cuba y los amigos solidarios del planeta  no darán tregua a este combate, porque “Mientras toda la justicia no está conseguida se pelea”, como advirtió José Martí desde pasadas centurias.
Muchos millones de personas más debían conocer la historia real de estos hombres extraordinarios, de no ser por la política orquestada por los grandes medios de divulgación masiva de occidente, remisos en negarles la popularidad noticiosa que el caso merece, y que han estado coligados cómplicemente para tender un muro de silencio que impida que sean divulgadas las verdades y sea derribada la ignominia que los condenó y aún  mantiene en prisión a cuatro de ellos.
Pero los más de 400 delegados de 50 naciones que se dieron cita en Holguín dieron tanta potencia a su voz de reclamo porque se haga justicia y prevalezca la verdad, que el eco debe haber repercutido hasta en las propias entrañas del imperio.
Hubo énfasis en nuevas exigencias al gobierno de los Estados Unidos y a su presidente, para que Obama redima el descrédito de la justicia norteamericana en el caso dando la libertad a los cuatro antiterroristas cubanos y posibilitando que René regrese a casa con su familia, pues su integridad física corre peligro en ese país.
No obstante tan crueles injusticias y arbitrariedades, nada ha hecho mella en la estirpe y entereza de estos hombres de anónimo y ejemplar heroísmo, cuyo único delito fue prevenir a su pueblo de acciones terroristas de la mafia cubano-americana, con la tolerancia de las autoridades de los Estados Unidos.
En la soledad de sus celdas, pero con la compañía y aliento de hombres y mujeres honestos del planeta, ellos no están ajenos a nada. Muestra de su sempiterno optimismo y de  su intacta capacidad de amar y de luchar fueron los  mensajes de  Antonio y Ramón que resonaron en los escenarios del VII Coloquio.
En las calles, en las tribunas y en cada espacio de intercambio estaban los familiares de los Cinco con el testimonio de primera mano de lo que han sido estos duros 13 años para hijos, esposas madres y otros seres queridos de Ramón, René, Gerardo, Antonio y Fernando.
La sola presencia de la pacifista norteamericana Cindy y de Di Celmo que perdieron a sus hijos por una guerra ilegal y por acciones terroristas, fue una denuncia contundente más allá de sentimientos, en torno a la crueldad de tales actos y de otros que se cometen ahora mismo en el mundo.
El sentir de toda Cuba estuvo en Holguín convertida no solo en capital de la solidaridad sino en una trinchera, donde voces de distintos idiomas se unieron en los afanes por lograr la unidad de los pueblos y la ansiada paz, como reflejó la declaración final del VII Coloquio Internacional por los Cinco y contra el terrorismo.




miércoles, 16 de noviembre de 2011

Por Cinco hombres de alma robusta

AÍDA QUINTERO DIP

La vida de los Cinco antiterroristas cubanos está signada por el heroísmo, sin dejar a un lado la esperanza y la ternura que anima sus corazones en los que cada día la nobleza crece, tras ese amor supremo por la Patria capaz de suscitar las proezas más inverosímiles.
Imposible es guardar silencio ante la  injusticia contra esos jóvenes, declarados culpables en fraudulento y cínico proceso  por cumplir el sagrado  deber de prevenir a su pueblo de la muerte; imposible la indiferencia ante tanta hidalguía.
Al mirar a las esposas, madres e hijos de René, Ramón, Antonio, Gerardo y Fernando y comprobar la firme esperanza que sienten de reencontrarse más temprano que tarde, recordé los versos de Neruda: Será dura la lucha/ la vida será dura/ pero vendrás conmigo.
Cronista excepcional del proceso, se convirtió René con su diario, al revelar al pueblo de Cuba los pormenores del juicio, y de todo el odio político de los fiscales hacia ellos mediante las condiciones de confinamiento, la manipulación de las evidencias y hasta el uso y abuso de la propia familia para chantajearlos.
Entre ellos hay un poeta de honda sensibilidad y lirismo, Antonio,  que escribió en situaciones difíciles su libro Desde mi altura. De esa cosecha es Regresaré, toda una profecía, un himno de combate.
Gerardo es un caricaturista de fino humor, cultura y juicios críticos en sus obras, y guarda con celo en la celda fotos de Ernesto Che Guevara y Nelson Mandela. Atesora,  igualmente, un verso de José Martí, enviado por su esposa Adriana, que lo tiene de estrella y almohada: “Para los fieles, vengan tarde o temprano, guarda Cuba  todo su amor. Para los incapaces de amarla y servirla, basta con el olvido”.
Con elevada sensibilidad, disfrutan escuchando las canciones del cantautor Silvio Rodríguez, y han hecho de  El dulce abismo y El necio, himnos de amor  y de combate, por exaltar la fidelidad y el optimismo del que ellos son vivos ejemplos.
Sus poemas, diarios, cartas llenas de amor, caricaturas, nacidos  durante el cruel cautiverio, resultan un arma letal para quienes no conocen de la honra y el decoro.
Ante la cruel injusticia que se cierne sobre ellos, sin precedente en la historia,  respondieron en su momento con alegatos como Walt Whitman en Canto a mí mismo: “Ahora,  en ese punto, me yergo con mi alma robusta”.
Por estos hombres de amor y fe en el mejoramiento humano, capaces de sacrificar su propia felicidad por la de los demás, la ciudad de  Holguín se ha convertido desde hoy y hasta el 20 de noviembre en capital de la solidaridad, donde  más de 300 amigos de unos 50 países exigen el regreso a casa de René, Gerardo, Fernando, Ramón y Antonio.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Dora Lidia tiene el corazón roto

En la barriada de Los Olmos en la Ciudad Héroe de la República de Cuba,  en Santiago de Cuba, hay una madre con el corazón roto por causa del terrorismo,  como ella hay muchas en mi país, pero a esta la conocí personalmente y no he olvidado nunca sus ojos llenos de lágrimas exclamando: “Mi vida tendrá paz cuando los culpables sean castigados, fundamentalmente el cabecilla Luis Posada Carriles”.
Tenían una carga de impotencia y dolor  esas palabras acusadoras que me conmovieron en la voz de Dora Lidia Garzón Cruzata, quien llora aún la muerte de su hijo,  José Fernández Garzón, víctima del abominable  atentado a un avión de Cubana en pleno vuelo, en octubre de 1976, en las costas de Barbados, donde perecieron 73 personas, de las cuales  57 eran cubanos.
No he podido olvidar aquella imagen, cuando hablé con ella en ocasión del 35. aniversario del horrendo crimen. Tengo grabada en mi memoria la expresión  tristísima de su rostro  por la pérdida lacerante de un ser tan querido, apretando contra el pecho la foto del hijo, como aferrada a esa reliquia de denuncia ante el crimen y el terror.
Lo que más le lastimaba era que le troncharon la vida en flor, apenas 19 años;  era un atleta de talento y de resultados, integrante del equipo nacional juvenil de esgrima en la especialidad de sable,  que aquel infausto 6 de octubre regresaba a la Patria con la medalla de oro,  ganada en una competencia realizada en Venezuela.
Han transcurrido 35 años,  pero siempre recuerda a su muchacho con tanta ternura y madurez a la vez,  muy dado a los afectos, dondequiera que estuvo dejó una estela  de cariño que todavía permanece intacta en  familiares, deportistas, amigos y vecinos.
Era versátil, serio, revolucionario, “llevaba el patriotismo en la sangre”, expresa Dora Lidia con orgullo.
Cuán embarazoso ha sido para ella sobrevivir estos años con tanto dolor en el corazón,  y su herida vuelve a sangrar cada vez que piensa que Posada Carriles, actor principal del crimen de Barbados y símbolo de la política anticubana, que se sigue paseando libre por las calles de Miami porque el velo de la impunidad lo cubre una y otra vez.
Esta madre santiaguera no ha vuelto a ser la misma desde octubre de 1976, cuando le cambiaron la vida,  le arrancaron parte de su corazón; pero “me quedan fuerzas todavía  para exigir justicia por mi hijo José y por todas las víctimas del terrorismo”.