martes, 16 de diciembre de 2014

Ese amor que nos han dado



  María Elena Balán Sainz
  Muy llevado y traído en estos tiempos es el tema de los pocos matrimonios que se formalizan, pues las parejas optan, generalmente, por convivir, apoyarse, disfrutar los buenos momentos o compartir las dificultades, pero eso de firmar un documento oficializando la unión no suma muchas estadísticas.
  Algunos comentan cómo han cambiado los conceptos en este sentido, lo cual está dado por múltiples factores sociales, económicos y hasta culturales. Pienso que lo primero es que exista atracción, amor, comprensión y respeto, aunque no se rubrique ante notario la unión.
  Sobre todo se aprecia en esta época una forma desinhibida en las personas de más años, esas que han quedado viudas, divorciadas o simplemente nunca se casaron y cuando menos pensaban, frisando los 50 y hasta los 60 años encuentran la media naranja que les compensa el día a día.
  No importa la edad, el sentimiento amoroso es igual,  se modifica solamente la actitud ante la vida en la medida en que se adquiere experiencia y madurez.
   Según los expertos, entre los 20 y los 30 años el amor es fantasioso, pues la imaginación tiene un rol determinante. Constituye una etapa en la cual se construyen las normas propias de conducta, más allá que la de los padres.
  A partir de los 30 años la experiencia amorosa ya ha desarrollado una madurez que permite sobrellevar la vida individual,  aun cuando el interesado no tiene al ser amado a su lado.
   Quienes componen esta década suelen tener vidas complejas y despliegan actividades que son separadas de la pareja. Este grupo, de acuerdo con los especialistas, ha de sentirse más estable y comenzará a apreciar que en ocasiones el amor no es para siempre, dado que tiene la posibilidad de transformarse.
 Una encuesta sobre el tema dio como resultado que la edad idónea para casarse son los 30 años  -elegida  por un 41 por ciento de los entrevistados-, mientras un 30 por ciento consideró que el momento es aquel en que aparezca la pareja idónea.
   Los 20 años quedaron en tercer lugar con un 15 por ciento, mientras que un cinco por ciento piensa que los 40 son propicios para contraer nupcias.
   Si el matrimonio o relación estable sucumbió, esta separación no es una razón que impida reconstruir la vida al lado de otra persona.
   Independiente de los motivos para vincularse otra vez, tanto el hombre como la mujer por su propia naturaleza necesita vivir en compañía, pero el daño causado puede crear pensamientos ambivalentes, por un lado la ilusión de amar y recibir amor y de otra parte repetir los mismos errores.
   Si se transita por los 40  o 50 años, el amor tendrá mucho que ver con lo que se ha vivido. Si han predominado los conflictos, sean personales o de pareja,  puede saber amargo y con visos de desconfianza.
  Siempre debemos hacer un esfuerzo por pensar de manera positiva,  para ver el lado bueno de las cosas e,  incluso,  los acontecimientos que no nos agradan, en ocasiones sirven de aprendizaje.
  Un equipo de investigadores llegó a la conclusión de que, rodearse de seres felices, influye positivamente en la felicidad personal.
  Este sentimiento está relacionado con factores tan diversos como la calidad de vida, la satisfacción en el trabajo, las buenas relaciones sociales y familiares y, por supuesto el cariño de la pareja, no importa la edad, lo principal es ese amor que nos han dado, a veces sin esperarlo.

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