lunes, 4 de enero de 2016

Fondos para la Patria



Miriam Prieto
  Desde que Elpidio Sosa contactó con miembros de la juventud ortodoxa, entre quienes  se encontraban Fidel Castro, Abel Santamaría y otros jóvenes que integrarían luego la Generación del Centenario, estaba dispuesto a todo por su patria.
   Por eso un tiempo después decide participar en el ataque al cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953. Se trataba de la segunda fortaleza militar del país, ocupada por unos mil hombres.
   En la última fase organizativa de la acción es evidente que hacen falta más recursos. El dinero apremia y Elpidio toma una decisión: Le propone al propietario del "Bar Oriente" de San Miguel y Consulado, donde trabajaba como dependiente gastronómico, la venta de su plaza por 300 pesos. Con ese dinero se presentó ante Fidel, era un fondo para la causa.
   De ese gesto de desprendimiento hizo versos el poeta argentino José Pedroni: Elpidio Sosa vendió su pan. Lo vendió por trescientos pesos. …..
   Fernando Chenard Piña también está dispuesto a tomar las armas en el asalto al Moncada. Por entonces era fotógrafo independiente y había montado su propio estudio-laboratorio. Se ganaba la vida con su cámara que le había servido, además, para dejar constancia gráfica de los desmanes de la dictadura, otra manera de apoyar la causa revolucionaria.
   Junto a los demás combatientes se prepara para el 26 de Julio pero igual sabe que las armas adquiridas para la acción no son suficientes y, a manera de contribución, vendió su estudio fotográfico, su cámara y todos sus útiles de trabajo.
   Para el financiamiento de la acción, otro moncadista, Jesús Montané Oropesa, aporta  4.000 pesos cubanos cobrados por él en la compañía estadounidense General Motors y que había ahorrado durante varios años, mientras Pedro Marrero empeña su sueldo de varios meses.
    Estas entregas y muchísimas más acumularon los fondos para reanudar la lucha iniciada en 1868. De ese altruismo habló Fidel en su alegato de defensa La Historia de Absolverá:
    ‘’Con mayor orgullo que nunca digo que consecuentes con nuestros principios, ningún político de ayer nos vio tocar a sus puertas pidiendo un centavo, que nuestros medios se reunieron con ejemplos de sacrificios que no tienen paralelo…
   ‘’Hace falta tener fe muy grande en su patria para proceder así ….
    Y la moncadista y guerrillera, Haydée Santamaría, dijo: ‘’Para comprar las balas había que dejar de comer; tenían nuestros compañeros que dejar de fumar; tenían que dejar de tomar la tacita de café que valía tres centavos, para comprar aquellos pedazos de rifle y aquellas cuantas balas; había que pasar mucha hambre para poder adquirir tan poco..’’
  Son páginas conocidas de la historia que huelen a Martí, de quien recibían  estos cubanos la tradición de donar fondos para la Patria. El Apóstol había sembrado el árbol que para la fecha de su centenario tenía ya formidables raíces.
    En el siglo anterior, fracasados los primeros intentos mambises de libertad, Martí había emprendido de nuevo el camino. La tarea era enorme. Fundó el Partido Revolucionario Cubano, y como parte de los necesarios empeños organizativos, trazó una estrategia para sufragar la preparación de la guerra.
   Disímiles fueron las contribuciones y de varios sectores: dinero, artículos y hasta conciertos de música y bailes organizados para recaudar dinero, pero Martí estaba convencido de que en el pueblo estarían las mayores fortalezas. Y así sucedió.
  Pronuncia discursos, ofrece conferencias, aclara, analiza, convence, y encuentra un aliado incondicional en la emigración cubana en Estados Unidos, gente humilde, en una gran mayoría trabajadores de las tabaquerías.
  Tampa y Cayo Hueso fueron localidades donde a través de los clubes patrióticos y los talleres de tabaquería se recolectaron armas y medicinas y se aportaba el Día de la Patria cada mes. Estas fuerzas garantizaron el inicio de la contienda, al donar casi el 75 por ciento de todo el dinero recaudado desde 1892 hasta el 23 de febrero de 1895.
   Era una práctica soberana, libre y totalmente consciente construida por el Maestro y de la que bebieron los jóvenes del Centenario y luego el pueblo en Revolución.
   Siempre en pie de guerra y alerta ante el asedio del poderoso vecino del Norte, Cuba vio renacer esa tradición cuando en 1980, durante el II Congreso del PCC, un miliciano de Pinar del Río propuso donar un día de haber para la defensa de la Patria, a partir del salario devengado en una jornada de trabajo que se entregaría al Estado una vez en el año.
   Millones de pesos se recaudaron todos los años en el país entre los trabajadores y la sociedad civil cubana para financiar gastos vinculados con la preparación de la defensa territorial, movilizaciones, ejercicios militares y tareas de la Defensa Civil, entre otros destinos similares.
   Transcurridos 35 años la práctica martiana vuelve a ser discutida por los sindicatos y la sociedad toda, actualizada por encomienda del XX Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba, para que el aporte monetario entregado para la defensa se realice a partir del compromiso individual, en el monto y la fecha que se desee.
   El amplio movimiento político-ideológico Mi aporte a la Patria busca la contribución voluntaria y consciente, el compromiso ético y moral, más allá de formalismos y contribuciones preconcebidas.
   Muy disímiles son las opiniones generadas entre la población: Qué guerra tenemos que preparar ahora, se preguntan algunos; en tantos años ya se recaudó lo suficiente, consideran no pocos; la situación económica es compleja y la vida cuesta cara, se lamentan otros, mientras hay quienes, en las nuevas condiciones, ya se comprometieron a multiplicar sus contribuciones.
   Hay quienes piensan que luego del 17 de diciembre de 2014, cuando los presidentes de Cuba y Estados Unidos, Barack Obama y Raúl Castro, anunciaron el inicio del proceso de restablecimiento de las relaciones bilaterales el peligro cesó.
   Será que olvidaron que el imperio no ha dejado de ser imperio y no renuncia a caer, con esa fuerza más, sobre las tierras de América? Será que la Patria tiene que estar en pie de guerra para retribuirle la dignidad que proporciona?
   Cuba ha dado inequívocas muestras de entrega, sacrificio, altruismo, solidaridad para con ella y el mundo. No será esta la excepción. Muchos, la inmensa mayoría de sus hijos, mantendrán y hasta multiplicarán su aporte.
   Los fondos donados por el pueblo tendrán siempre un destino honrado y justo. Si ayer fueron necesarios para ganar la guerra hoy lo son para construir la paz. Una fe muy grande en la Patria mantiene viva la tradición martiana.

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